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Historia del Athlétic Club. Los años de más gloria.

Este segundo capítulo de la historia del club nos llevará hasta 1939. Lo he titulado así porque en esta época el club obtuvo los mejores éxitos de toda su historia, lo que no es poco decir. 

Comienzaron estos años con dos triunfos en la Copa seguidos de otros tres años en los que ni siquiera se clasificó para disputarla o abandonó la competición sin jugar. El fútbol seguía siendo poco profesional, y ello hacía que estos baches fueran bastante frecuentes entre los clubes de fútbol. 

Aunque ya se hacía antes, el Athlétic hizo oficial el invitar a equipos extranjeros a Bilbao para jugar con ellos. Era una forma de preparar las competiciones oficiales de entonces, y también una forma de contrastar el fútbol del club con el estilo de juego de otras naciones. Los resultados de estos encuentros amistosos fueron mediocres en general, aunque vistos los resultados del club en las competiciones nacionales, nadie lo diría. 

La Copa se comienzó a jugar de otro modo. Se crearon varias ligas regionales en las que todos los equipos geográficamente incluidos en ella y que lo deseasen jugaban entre sí. El premio era la clasificación para lo que podríamos llamar la fase final de la Copa del Rey: el campeón (y en algunos años también el subcampeón) recibía el derecho a jugarla. El Athlétic cayó dentro de la Liga Norte, tenida por la más fuerte de ellas (baste decir que de 10 equipos con los que comenzó la competición de Liga en 1928, cuatro procedían de la Liga Norte). 

En estos primeros años jugaron en el Athlétic dos auténticos fueras de serie. El primero, Rafael Moreno Aranzadi, “Pichichi”. El segundo, Belausteguigoitia. 

¿Quién no ha pronunciado el nombre de “Pichichi” alguna vez? Bueno, pues ese nombre no es un invento de la prensa deportiva para nombrar al concurso de máximos goleadores. Existió un “Pichichi” que era un goleador fuera de serie, tanto que dio su nombre al torneo de los goleadores de la Liga española. Por algo sería. Además de este torneo, su recuerdo se mantiene hoy tan vivo que hay un busto de él en el campo de San Mamés, el único jugador que tiene ese honor. Podemos decir que si San Mamés es la Catedral, el busto de “Pichichi” es el sagrario de la catedral. Puede leerse algo más sobre este excepcional jugador en el apartado que he dedicado a los más grandes jugadores de la historia del club.

José María Belausteguigoitia Pagazaurtundúa (Belauste para los amigos) era un jugador de una potencia física fenomenal. Por las descripciones que he leído de sus encuentros y sus jugadas, debía tener la potencia física de un Roberto Carlos (por citar a un jugador actual) en un cuerpo más grande y al menos tan rápido. O sea, debía ser de estos jugadores que metían miedo al verlos moverse. Y además no jugaba de defensa sino de extremo, por lo que Belauste debía meter mucho miedo a la defensa rival. Si además sumamos a todo esto el que tenía un disparo parecido al del Gran Berta, imagínense los estragos que formaba entre los rivales.

Sin embargo, al menos por una vez estos dos jugadores se encontraron con la horma de su zapato. Porque en la final de Copa de 1919 ni “Pichichi” ni Belauste lograron hacerle ningún gol al Barcelona. Pero claro, es que el portero del Barcelona era un tal Ricardo Zamora. ¿Le suena el nombre? 

Zamora, “Pichichi” y Belauste. ¿Cuánto costaría el fichaje de estos tres, medido en términos actuales? 

En 1920 se acabó la sequía copera del Athlétic, y se volvió a ganar el título. 

Ese mismo año de 1920 la selección española de fútbol participó por primera vez en el único torneo internacional de fñutbol que entonces existía: las Olimpíadas. Desde nuestro punto de vista moderno se trataba de una selección de “profesionales”, pero teniendo en cuenta la inocencia de los profesionales de entonces, bien puede considerarse una selección “amateur”, aunque eso sí, bien plantada. 

En esas Olimpíadas del año 20, en Amberes, España obtuvo la medalla de plata. No está nada mal. España tardó 72 años (hasta la Olimpíada de Barcelona) en superar esta marca. 

Durante esta Olimpíada de Amberes de 1920 tuvo lugar el famoso gol de Belauste a Suecia. Belauste reclamó el balón a Sabino (también jugador del Athlétic) al grito de “¡A mí el balón que los arrollo!” Y cumplió su palabra, porque en la portería sueca entraron (se ignora el orden exacto) el balón, Belauste, tres defensas suecos agarrados a Belauste y el portero sueco, rodando por el suelo. Si no fuera por la prensa, que lo contó con todo lujo de detalles, parecería que esta anécdota es un chiste de futbolistas. Pues no. Es historia del fútbol. Así era Belauste, un tanque sobre dos piernas. 

En Enero de 1921 jugó por primera vez la selección vasca en San Mamés. Lo hizo contra el Sparta de Praga, que ganó 2 a 3. 

Ese mismo año 1921 “Pichichi” se retiró del fútbol. Decidió hacerlo estando en la cresta de la ola (campeón de Copa el año 20, y medallista de plata en Amberes). Posiblemente fue la primera vez que la afición del Athlétic vio, siendo consciente de ello, que se retiraba un gran jugador. “Pichichi” no vivió mucho más. Falleció al año siguiente, 1922. Tanto era el cariño que sentía por él la afición que en 1926 se colocó su busto en San Mamés. Allí sigue. 

Y también en 1921 jugó, por primera vez, la selección nacional española de fútbol en San Mamés. Fue el 9 de Octubre, contra Bélgica, medalla de oro de la Olimpíada de Amberes y por tanto, la selección teóricamente más fuerte del mundo. Venció España por 2 a 0. 

En 1927 el Alavés visitó San Mamés por vez primera. Perdió 4 a 2, pero el jugador más destacado fue uno del equipo de Vitoria: Jacinto Quincoces. 

Al año siguiente, 1928, ocurrió algo que marcó la mayoría de edad del fútbol español y de sus clubes, que eran los que entonces sostenían en exclusiva al fútbol (no como ahora, en que se mueve tanto dinero dentro como fuera de los clubes). Ese año se creó la Liga Nacional de Fútbol con 10 equipos inscritos. El primer campeón de Liga fue el F.C. Barcelona. El Athlétic quedó en una honrosa tercera posición detrás del campeón y del Real Madrid. 

La creación de la Liga marcó el paso del fútbol de un deporte más a un deporte popular (aún no de masas), quizá al más conocido dentro del país. La razón para ello es muy sencilla: se jugaba todos los domingos, había varias competiciones, los equipos eran muy de la tierra (todos ellos) ... y quien más quien menos se acostumbraba a seguir los resultados de los “muchachos” un domingo sí y otro también. 

La Liga originó que el fichaje de jugadores pasese a cobrar más importancia de la que tenía previamente. El fichaje de jugadores de un club por otro era algo ya conocido y usado por todos los clubes. No se trataba por tanto de algo que la Liga crease. Lo que sí hizo la Liga fue crear la competencia por hacerse con los servicios de los mejores. Fue entonces cuando se creó que lo que hoy se conoce como mercado de fichajes. Habiendo otra competición oficial con más partidos, con otro trofeo en juego y, por primera vez, mucho dinero en movimiento alrededor de ljugadores y clubes (pronto surgirían también las quinielas), estos últimos recurrieron cada vez más a contratar jugadores, ya profesionales, con el objetivo de conquistar los títulos en juego y ganar el dinero que había involucrado en las competiciones. 

Y en este punto surgió otra de las características del Athlétic. Sin renunciar a realizar fichajes (cosa que nunca ha dejado de hacer), el club prefirió centrarse en incluir en su plantilla desde jóvenes a los futbolistas que necesita para poder ser competitivo a condición de que fueran "naturales" (léase el capítulo anterior para entender la expresión). Al cabo la política de plantilla se desarrolló hasta generar (años después) a una visión de plantilla en la que el club clasifica extraoficialmente a los jugadores en tres círculos concéntricos: naturales de Vizcaya; naturales del País Vasco y Navarra; naturales de otras regiones españolas. Con posterioridad los dos primeros círculos se fusionarían (e incluso se añadiría, con sobrada correción política, a los vascofranceses en dicho círculo, aunque hasta la fecha sólo uno ha jugado con la primera plantilla, procedente de un club extranjero); el segundo círculo lo formarían los jugadores no nacidos en estas tierras, pero residentes en ellas, o con arraigo en la plantilla del club a través de las categorías inferiores; y el tercer círculo lo siguen constituyendo los naturales de otras tierras españolas y extranjeras. Insisto: sin renunciar a fichar a cualquier jugador que se requiera, el Athlétic estructuró su plantilla de modo que los jugadores del primer círculo original (Vizcaya) eran deseables en todo momento para el club; los del segundo (País Vasco y Navarra) eran potencialmente fichables; y los del tercero (resto de España) sólo excepcionalmente podrían ser considerados por el Athlétic para un fichaje. Como he dicho, el Athlétic hunde profundamente sus raíces sociales en la tierra que le vio nacer, y de ahí esta política tan restringida de fichajes.

A la corta, y a la larga, esta política de fichajes tiene un beneficio indudable: la identificación de la afición con el club, cuyos jugadores siente cercanos. 

En aquel entonces, esta política no mermó la competitividad del club, como se verá más adelante. 

Este incremento de los fichajes por parte de los clubes llevó en 1929 a la creación de la “Asociación de trabajadores del fútbol” (sic, entonces lo de “futbolista” no se llevaba). El primer objetivo de dicha asociación era evitar los conflictos que comienzaron a surgir como consecuencia de la cada vez mayor profesionalización de los jugadores, que trajo aparejada cada vez más picaresca de los clubes y de los propios jugadores para inscribirse en los torneos. Como vemos, nada hay nuevo bajo el Sol. Solo que el “fair-play” entonces sí existía y se consideraba deshonroso para un jugador hacer trampa en su ficha o en su inscripción para un torneo. Ya ven, eso sí ha cambiado, y mucho, desde entonces. Volveremos sobre este asunto más adelante. 

Aparte de esto, el año 1929 no se le dio mal al club: ganó la Copa y la Liga, y ésta, sin perder un solo partido, la primera vez que tal cosa sucedió en la historia de nuestra Liga. 

Se abrieron a partir de 1928 los años más gloriosos del club. Desde la temporada 1928-1929 hasta la 1935-1936 (última en la que se disputan Liga y Copa antes de la Guerra Civil) el Athlétic Club ganó 4 torneos de Liga (29-30, 30-31, 33-34 y 35-36) y 4 de Copa (30, 31, 32, 33), a los que hay que añadir dos subcampeonatos de Liga (31-32 y 32-33). Nunca el club ha llegado a tanto como en aquellos años. 

Foto de la plantilla del Athlétic Club de 1933..

El mérito hay que atribuirlo a una generación de jugadores sobresalientes como los Aguirrezabala (Chirri I y Chirri II), Urquizu, Iraragorri, Gorostiza, Bata... más los esfuerzos de un entrenador de leyenda, Mr. Pentland, otro británico sin el cual no se entienden estos éxitos deportivos. 

Foto de la época de Mr. Pentland, el inglés del bombín. Una de las tradiciones del Athlétic Club era que cada vez que se ganaba un trofeo, el capitán (Chirri II) le desfondaba el bombín de un puñetazo. Y vaya si tuvo que renovar varias veces el sombrero. Más sobre Mr. Pentland aquí y aquí (ambos enlaces en inglés).

Quizá a los “fumboleros” del siglo XXI no le suene alguno de estos nombres. Bata es ese jugador que metió seis goles en un mismo partido de Liga (récord absoluto; pero no tiene mucho mérito, en ese mismo partido el Athlétic marcó en total 12, récord absoluto de la competición), e Iraragorri, sólo por citar a otro, le pretendieron Real Madrid y Barcelona por 100.000 pesetas de las de entonces. Sumen a esas 100.000 la inflación y háganse una idea.

Desgraciadamente, la Guerra Civil acabó con esta generación de futbolistas. Algunos regresaron a Bilbao y al Athlétic Club tras la guerra, pero pocos en condiciones de seguir compitiendo. Otros se quedaron en América, jugando al fútbol. La actividad del club, reducida al mínimo a causa de la guerra, puso a éste, como tantos otros, al borde de la desaparición, sin jugadores, sin medios, y casi descapitalizado.

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