Capítulo 2. Camino de Talavera: del 22 al 26 de julio de 1809

Nota previa para el sufrido lector: Este capítulo incorpora, para mayor inteligibilidad del relato, varios mapas. Dadas sus dimensiones (1024x900 píxeles, menos de 400 kb cada uno) tardan un poco en cargarse, y además ocupan un tamaño de pantalla importante. Le ruego que sea paciente.

La masa montañosa de los Montes de Toledo divide los acceso a Madrid desde el sur y el oeste a dos caminos: por el valle del Tajo, al oeste, y atravesando las llanuras de La Mancha hasta cruzar el río Tajo por el Real Sitio de Aranjuez, al sur de la capital. De esta manera, el espacio físico ya suguere la conveniencie de desplegar dos masas de maniobra, sin que entre ellas haya buenas líneas de comunicación.

El mapa (una representación moderna del espacio de la campaña) representa la situación aproximada los días 21 y 22 de julio. Wellesley y Cuesta buscan unirse cerca de Oropesa, a la vez que sus fuerzas avanzadas ya van tanteando el terreno en busca de las posiciones enemigas. Por su parte, el camino de La Mancha está firmemente bloqueado por las tropas de Sebastiani, desplegadas en profundidad.

1.- Primeros encuentros. 

Las tropas españolas ocuparon la parte derecha del avance, la más cercana al río, a la vez que lanzaban patrullas a vanguardia para obtener información de las posiciones francesas. Las tropas británicas avanzaban ligeramente retrasadas y a la izquierda de las españolas, con la división de Wilson en el extremo izquierdo del despliegue. 

Entre los días 20 y 21 de julio las patrullas de reconocimiento localizaron a los franceses con su vanguardia en Gamonal y El Casar de Talavera. El día 21 la vanguardia española limpió de franceses Velada y Gamonal y presionó (con infantería y caballería) hacia El Casar. Detrás se encontraba Talavera y tras ella el grueso del Ier cuerpo de ejército más la división de dragones del general Latour-Maubourg, con el mariscal Victor al mando de todo el conjunto. Al día siguiente el mando aliado planeó atacar a fondo la posición francesa. 

Antes del amanecer del día 22 de julio los dos ejércitos aliados se pusieron en marcha para comenzar el ataque a los franceses. Pero fueron éstos los primeros que atacaron la línea española entre El Casar de Talavera y Gamonal. No se trataba de un intento por derrotar a los hispanobritánicos, sino de un reconocimiento en fuerza en el que sólo se implicó una parte del cuerpo de Victor: los dragones de Latour-Maubourg y la infantería ligera. Así, los franceses se retiraron, sin dejar de pelear, bajo la presión de las fuerzas españolas. Llegados ya cerca del cauce del arroyo Portiña, por la derecha francesa apareció la vanguardia del ejército británico, que amenazaba con un envolvimiento. Gracias a esta amenaza, o como fruto de la presión que llevaban varias horas sufriendo, la línea francesa fue rota. En estas circunstancias, el mando del Ier cuerpo ordenó la retirada. Con buen orden las fuerzas francesas se retiraron detrás de Talavera y no pararon hasta no haber cruzado el Alberche, donde el resto del Ier cuerpo mantenía sus posiciones defensivas. 

Tras ellos avanzaron las tropas aliadas. Los británicos, a la izquierda, rodeando la ciudad por el norte, hacia cerro Cascajal, hasta quedar frente a los franceses, separados por los vados del Alberche; los españoles directamente por el Camino Real, atravesando la ciudad de Talavera, recién reconquistada: Nuestro exército, formado en columnas, marchó también por en medio del pueblo -escribió el general Cuesta en su informe- en medio de las aclamaciones de los habitantes […] Tampoco los españoles se detuvieron ahí: siguieron avanzando por el Camino Real hasta quedar frente al viejo puente de piedra y tablas que cruzaba el cauce del Alberche. Al otro lado del río los franceses habían montado una posición defensiva reforzada con artillería. 

Si bien Talavera había quedado libre de enemigos franceses, éstos habían quemado o destruido cuanto pudiera servir de auxilio a los aliados: casas, cuarteles, conventos, y sobre todo, tahonas, así como la comida y las cosechas disponibles. La situación alimenticia se vio complicada aún más cuando los británicos se “hicieron cargo” de las panaderías para dar alimento exclusivamente a sus tropas. 

La tarde del día 22 ambos contendientes la pasaron cada uno a un lado del Alberche. Los aliados tenían la intención de seguir atacando, aun al precio de forzar el cruce de dicho río. Pero primero necesitaban algo de descanso, puesto que llevaban de pie desde antes del alba, y las fuerzas de vanguardia habían luchado varias horas. La intención del mando aliado era cruzar al Alberche por el vado de Cazalegas (británicos) y por el puente sobre el Camino Real (españoles) con las primeras luces del día siguiente. 

Solo que a la mañana siguiente, 23 de julio, Cuesta tuvo noticias de que el puente no era apto para la maniobra prevista. En una carta de fecha 19 de julio Wellesley había escrito su criterio táctico para el cruce del Alberche, y entre otras ideas, desaconsejaba cruzarlo por un único punto, o de tal manera que ambos ejércitos estuvieran separados y no pudieran darse apoyo mutuo. Esto podía lograrse si las fuerzas españolas se redesplegaban a la izquierda británica, en el vado de Cardiel de los Montes, y se realizaba el cruce por ambos puntos a la vez con ambos ejércitos. El problema era que el día 23 ya no había tiempo para esta nueva maniobra, por lo que el ataque tuvo que aplazarse de nuevo hasta el día 24. Esa misma noche Cuesta supo por dos de sus generales (Eguía y el Duque de Alburquerque, los encargados de ejecutar la maniobra de cruce) que el Alberche iba crecido a causa de las lluvias de los últimos días (pues ese mes de julio de 1809 resultó lluvioso y frío de noche) por lo que el vado de Cardiel resultaban impracticable. Decididos a no aplazar otra vez el cruce, se decidió que tanto británicos como españoles atravesarían por el mismo punto, el vado de Cazalegas. 

Así se hizo con las primeras luces del día siguiente, 24 de julio. Salvo que el enemigo no estaba. Victor se había replegado la noche del 23 al 24 en dirección a Toledo.

Situación el día 24 de julio. Las tropas francesas se van concentrando en los alrededores de Toledo: Victor desde sus posiciones en los vados de Cazalegas, José desde Madrid y Sebastiani desde sus posiciones en La Mancha. Tras los pasos de Sebastiani marchan las tropas de Venegas, pero a demasiada distancia para importunarle. La maniobra de distracción en La Mancha comienza a hacer aguas.

2.- Las fuerzas francesas se preparan para contraatacar. 

En los días 22 y 23 los franceses tuvieron tiempo de sobra de evaluar la magnitud del ejército aliado desplegado ante ellos, y vieron que estaban en inferioridad numérica. Además tuvieron noticia del movimiento del general Wilson, cuyas tropas remontaban el Alberche en dirección a Escalona, donde nada les podía impedir pasar a la otra orilla, y desde allí amenazar la retaguardia de Victor, o forzar la entrada en Madrid por Navalcarnero. Debido a un error de apreciación, los franceses evaluaron la fuerza de Wilson en varias divisiones. Pensaban que se trataba de las fuerzas angloportuguesas de Beresford, que en realidad se encontraban a varios cientos de kilómetros. 

Este movimiento hacia Toledo permitía además reforzar a Victor. El cuerpo de Sebastiani recibió orden de abandonar La Mancha para concentrarse en Toledo, adonde sus vanguardias llegaron el día 24. Esto significaba también que la maniobra de distracción encomendada al general Venegas había fracasado completamente. Es más, despistado por la pantalla de caballería desplegaba en la retaguardia francesa, Venegas no estaba siquiera seguro de si Sebastiani se dirigía hacia Toledo desde Madridejos vía Mora o hacia Aranjuez vía Ocaña. 

Por otro lado, una fuerza mixta de la guarnición de Madrid, evaluable en una división reforzada, a las órdenes del general Desolles, junto al cuartel general francés de Madrid, con José Bonaparte y el mariscal Jourdan al frente, ponía rumbo a Bargas, adonde llegaron el 25. Ese mismo día las fuerzas de Victor se encontraban parapetadas tras el río Guadarrama, y el cuerpo de Sebastiani al completo se encontraba ya en Toledo. De esta manera el mando francés logró concentrar entre Toledo y Bargas las fuerzas completas de dos cuerpos de ejército, más dos divisiones de dragones de caballería, y una división reforzada adicional. Una fuerza ciertamente considerable apoyada además en un excelente terreno defensivo: la cortadura del río Tajo contra Venegas y el valle del río Guadarrama frente a Cuesta. 

Mientras la posición francesa se reforzaba y Venegas y su ejército quedaban fuera de juego, las tropas de Cuesta perseguían a Victor, sin tener claro -de nuevo, gracias a la excelente labor de la caballería francesa- si se retiraba hacia Toledo vía Cebolla y La Puebla de Montalbán, o hacia Madrid vía Maqueda. Esta persecución, por cierto, la estaba haciendo Cuesta sólo, sin apoyo del ejército británico. Porque Wellesley se negó a seguir la campaña, alegando con todo el cinismo del mundo que ya había cumplido lo acordado con Cuesta en Casas de Miravete, mientras al representante plenipotenciario del Reino Unido en Sevilla -puesto que el embajador británico, que era el hermano mayor de sir Arthur, aún no había tomado posesión de la embajada ante la Junta- le aseguraba por un lado que seguía en contacto con Cuesta, y que le apoyaría en caso de ataque francés, y por otro se lamentaba de su avance. También se quejaba de las necesidades de su ejército. A veces menciona el transporte, otras la comida, en ocasiones que los españoles -y los franceses, incluso- comen bien a costa de los británicos, a veces dos o las tres cosas simultáneamente, sin que en su correspondencia anterior al día 24 de julio aparezcan estas quejas. Incluso, a “toro pasado” mencionaría otro motivo: la amenaza sobre su retaguardia del ejército que al mando de Soult (constituido por su propio cuerpo de ejército, más el de Ney, más el del mariscal Mortier) se agrupaba en Salamanca y más al norte. Preocupación que tampoco aparece en su correspondencia anterior. Es más, tan tarde como el 14 de julio Wellesley juzgaba (en carta a Beresford) como escasa la capacidad operativa del cuerpo de Soult. 

Los reputados historiadores Juan José Sañudo y Leopoldo Stampa han argumentado la tesis de que en realidad lo que detuvo a Wellesley fue el tener noticias de la derrota austriaca en la batalla de Wagram (5 y 6 de julio), y quizá también del armisticio acordado en Znaim el día 11. Recuérdese: para Wellesley, como para el gobierno británico, España era un frente de guerra más, como el frente austriaco. Si el frente austriaco ya no existía, se corría el riesgo de que Napoleón ordenara a sus tropas victoriosas cambiar el valle del Danubio por el del Duero o el del Tajo. Incluso quizá con él en persona al frente. En estas circunstancias, el ejército expedicionario en España corría un riesgo enorme y por tanto era más prudente abandonar una campaña que, de tener éxito, le alejaba de sus bases portuguesas. Todo esto es muy razonable, salvo una cosa: que ni a Cuesta ni a la Junta se les había hecho referencia alguna sobre esta cuestión. Cuando llegó el momento de dar explicaciones, éstas fueron unas mentiras tan claras para Cuesta (y su mando) y la Junta de Sevilla que fue imposible reconstruir la confianza en Wellesley -el general- así que no le quedó más remedio a Wellesley -el embajador- que iniciar una tortuosa maniobra diplomática para disimular y repartir culpas entre quienes no tenían. 

El caso es que Wellesley, mientras en sus cartas fingía seguir apoyando a Cuesta, envió a unas fuerzas de infantería y caballería hacia Cazalegas para cubrir el vado y mantener abierta la línea de comunicaciones con Cuesta, pero no pasó de ahí. Entretanto, Cuesta enviaba dos divisiones (5ª de infantería y 2ª de caballería, las mismas que formaron la vanguardia del ejército en el cruce del Alberche) en dirección a Cebolla para explorar esa vía, y para cubrir su flanco derecho, aunque el grueso de su ejército marchó hacia Santa Olalla y posteriormente hacia Alcabón y Torrijos. El 24 de julio la vanguardia española alcanzó en las afueras de Torrijos a la retaguardia de Victor, con la que intercambió disparos. Así se dio Cuesta cuenta de que la línea de retirada de Victor era hacia Toledo, y en consecuencia reclamó a las dos divisiones de su derecha para que se reincorporaran al grueso de su ejército. El día 25 las tropas españolas al mando de Cuesta consolidaron sus posiciones, descansaron y, en la escasa medida de los recursos disponibles, se aprovisionaron.

Situación los días 25 y 26 de julio. Los franceses han aprovechado con habilidad sus líneas de comunicación internas para consolidar sus tropas en una única masa de maniobra, capaz de enfrentar a cualquiera de las dos fuerzas enemigas, al este o al oeste. Siendo el principal objetivo estratégico (según órdenes de Napoleón fechadas en junio) el ejército británico, la masa francesa se va a lanzar hacia el oeste, dejando una corta guarnición en Toledo y fuerzas de cobertura en Aranjuez. Cuesta, sin saberlo, se va a meter en la boca del lobo en tanto Wellesley juega verlas venir. Por su parte, las tropas de La Mancha siguen su lento avance. Su misión de distraer tropas del esfuerzo principal ya ha fracasado. A todo esto, Wilson sigue su misión de flanqueo como si nada hubiera pasado. Y es que nadie tuvo la precaución de avisarle de lo que estaba sucendiendo entre Wellesley y Cuesta.

Al amanecer del día 26 de julio las patrullas de avanzada frente a Torrijos fueron rechazadas por los franceses, que atacaban en fuerza. Este movimiento es absolutamente lógico. Una vez reunidas las fuerzas francesas en una sola masa de maniobra, eran lo bastante fuertes como para lanzarse contra uno u otro de los ejércitos que les acosaban. El objetivo principal era el ejército aliado hispanobritánica, y contra ella se lanzaron con todas sus unidades, excepto una pequeñísima fuerza de cobertura (2 regimientos de infantería) que permaneció en Toledo y en los vados del Tajo cercanos a Aranjuez (un regimiento de dragones a caballo). Ambos contendientes estaban así lo bastante equilibrados como para que la esperanza de éxito para los franceses fuera razonable. No sabían que en realidad, con Wellesley fuera de juego, tenían superioridad en número. Por parte española, el comandante de la vanguardia, general Zayas, apoyado por la caballería del general Duque de Alburquerque, se preparó para enfrentar el enemigo en los llanos que hay entre Torrijos y Alcabón. 

Alcabón, fotografiada desde la carretera a Torrijos (verano de 2006). Como puede comprobarse, se trata de un terreno completamente llano y abierto. Por ello, las fuentes que hablan de un "desfiladero" en el que los dragones de Villaviciosa quedaron atrapados no tienen sentido con la topografía de la zona. Otra cosa es que la vegetación, especialmente las cambroneras, que llegan a ser más altas que una persona, limitaran la movilidad de los jinetes y les impidiera maniobrar adecuadamente. Y una fuerza montada sin capacidad de maniobra no es sino un buen y cómodo blanco.

Al ver la magnitud de la fuerza atacante al general Zayas ni se le ocurrió resistir hasta el último extremo en un terreno que por sí solo no justificaba el sacrificio. Al igual que los franceses el día 22 delante de Talavera, su objetivo era retardar el avance enemigo para permitir al grueso del ejército que se retirara hacia Santa Olalla. Circunstancia que se consiguió, aunque por desgracia en la acción se perdieron por completo las tropas presentes del regimiento de dragones de Villaviciosa, aunque no por efecto del combate contra el enemigo, sino porque en sus maniobras se metió en una zona de vegetación espinosa densa (cambroneras), y fue capturado. Las bajas españolas fueron entre tres y cuatrocientos entre muertos, heridos y prisioneros. La cifra proviene de una carta del general Mackenzie al general Wilson, ya que no consta en los archivos españoles una cifra oficial. No obstante, el dato de Mackenzie parece coherente. También por esta carta sabemos que al mediodía del día 26 ya se sabía en Talavera del combate de Alcabón. 

Con las tropas españolas en retirada, el manual francés de guerra indicaba una persecución a fondo, y rápida. No la hubo. Las razones fueron dos. La primera, que los franceses atacaron sin reconocer a la fuerza enemiga. Y no habían tomado contacto con los británicos. Sospechaban que andaban por algún lado, cerca; y eso les obligaba a moverse con precaución. De haber sabido que se encontraban en Cazalegas las cosas hubieran sido distintas. La segunda razón es que parte de la tropa francesa se dedicó a saquear Alcabón, un hábito que los franceses practicaban con demasiada asiduidad. El tiempo invertido en ello, y el desorden en la tropa por la misma causa dieron más tiempo y espacio para que el ejército español se retirara. Al anochecer del día 26 el Ejército de Extremadura estaba de nuevo en el Alberche, y había retomado contacto con los británicos. Es más, los dos comandantes en jefe conferenciaron esa misma noche y acordaron un plan de operaciones para el caso probable de que los franceses les persiguieran. Se les daría batalla frente a Talavera. Por su parte, las fuerzas francesas pasaron esa noche del 26 al 27 en los alrededores de Santa Olalla, listos para marchar hacia Talavera al día siguiente.

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