Capítulo 3. La batalla: 27 de julio de 1807

Apenas las primeras luces del día asomaron por el cielo del este, los franceses recogieron sus vivacs y organizaron sus fuerzas para la marcha a Talavera. Este avance fue mucho más lento de lo habitual en las fuerzas imperiales. La razón para ello hay que buscarla en la desconfianza que aún tenían acerca de la proximidad de las tropas británicas. Así pagaban el ataque alocado del día anterior, que si bien rechazó a los españoles, no les permitió reconocer la fuerza a la que se enfrentaban.

Por su parte el ejército español comenzó a pasar el Alberche en cuanto hubo luz suficiente para ello, cubriendo los británicos el vado de Cazalegas. El plan acordado la noche anterior consistía en que las fuerzas españolas desplegarían a la derecha, cerca del Tajo, cubriendo la ciudad de Talavera (que, por cierto, ya se estaba llenando de refugiados huidos de la presencia francesa), mientras que los británicos formarían el ala izquierda, desde el arroyo Portiña hasta cerro Medellín. De esta manera, siguiendo una táctica suya habitual (la usaría incluso en Waterloo), Wellesley anclaba las fuerzas aliadas en dos puntos fuertes de difícil asalto o imposibles de rodear. A su derecha, la ciudad. A su izquierda, el cerro Medellín, que es la eminencia más alta del terreno al sur de la sierra de Segurilla. También siguiendo una táctica suya habitual, en el punto de unión de ambos ejércitos, en el sitio llamado Pajar de Vergara, ordenó construir un reducto fortificado, artillado con varias baterías y guarnecido por infantería británica. Un objetivo complicado para un asaltante. De esta manera sus dos flancos estaban todo lo bien guardados que se los puede tener en vísperas de una batalla. Se trata de un buen plan y de un buen despliegue, aunque a costa de estirar un tanto las líneas de la infantería británica. 

Interpretación del campo de batalla de Talavera.

A eso de las cuatro de la tarde las tropas españolas habían cruzado el Alberche en su totalidad. De los británicos, solo las tropas de los generales Mackenzie (infantería) y Anson (caballería) quedaban cerca de este río, a la altura del vado de Cazalegas, aunque en la orilla correcta, la derecha. A esa hora llegaron frente al vado las primeras tropas de infantería francesa, las del general Ruffin. De inmediato, Victor dio la orden de forzar el paso del río con esas tropas. Y lo consiguieron, sin que durante el cruce fueran vistos por los británicos, a los que tomaron por sorpresa. La fuerza de Mackenzie fue desbaratada casi enseguida, y hubiera sido destruida de no ser por la rápida intervención de la caballería, que permitió que la infantería se reorganizase y pudiera retirarse con cierto orden, sin más bajas que un centenar de prisioneros. Fue testigo de esta fase de la batalla el mismo Wellesley, que se acercó a la Casa de Salinas (existente aún hoy en día) a ver la escena, y tuvo que huir a “uña de caballo” mientras las balas le pasaban cerca. 

Finalizada esta escaramuza, los franceses disponían de dos cabezas de puente en la otra orilla del Alberche. Al norte, la conseguida por las tropas de Victor. Al sur, la conseguida al cruzar el puente sobre el Alberche, que no había sido destruido. 

Aunque ya era tarde y la línea de batalla francesa aún no se había formado, se trataba de una tarde de verano. Por ello quedaban unas pocas horas de luz para combatir, siempre que se supiera dónde. Victor lo sabía perfectamente. No en vano había tenido su cuartel general en Talavera varios días; conocía perfectamente el terreno, y podía ver dónde estaba la clave de la batalla: en cerro Medellín. Si se hacía con esa altura, estaría en disposición de atacar el flanco izquierdo de los aliados, amenazando con un envolvimiento y con la derrota. Por su fuera poco Victor se dio cuenta de que el cerro no estaba guarnecido. En efecto, las tropas británicas del general Hill no desplegaban en la cima, sino en una altura secundaria situada detrás, y al pie del cerro. Una ocasión única. 

Cerro Medellín, visto desde el noroeste. La carretera en primer plano es la que lleva a Segurilla. En esta toma puede apreciarse perfectamente la doble cumbre del cerro. A la izquierda, la más alta, que encara al cerro Cascajal. A la derecha, la más baja, desde la que no se ven las posiciones francesas. Entre ambas el falso llano donde situó el general Hill su cuartel general y sus tropas la tarde-noche del 27 de julio. semejante decisión pudo costar muy caro a los aliados. Foto tomada en abril de 2008.

A tal efecto dio las órdenes oportunas a los tres regimientos de la división Ruffin, los mismos que habían logrado el cruce en fuerza del Alberche. Desde cerro Cascajal (frente por frente al cerro Medellín) comenzaron su avance hacia el cerro Medellín, para lo cual tenían que cruzar el arroyo Portiña, que a pesar de las lluvias de los días anteriores, era perfectamente vadeable. Otra cosa era la pendiente de sus orillas, así como los obstáculos de las mismas. En la parte central del ataque francés la pendiente se encuentra reforzada (del lado este) por la existencia de afloramientos rocosos, y, ya en la orilla derecha (donde se encuentra cerro Medellín) presentaba un muro de contención de piedra, para el servicio de los carruajes que atendían los molinos que se servían del cauce para su propulsión. No es de extrañar que en estas circunstancias el regimiento se desordenara bastante. Aun así llegaron a cruzar el arroyo y a trepar hacia el pequeño falso llano que se encuentra justo delante del Medellín, según se mira desde cerro Cascajal, donde estaban las posiciones francesas. Allí fueron detenidos a tiro limpio por una pequeña fuerza británica de cobertura que se batió lo suficiente para llamar la atención sobre la maniobra enemiga. El general Hill, que regresaba de Talavera, puesto que no se encontraba con sus tropas, estuvo a punto de ser capturado en ese momento. Pero logró zafarse, y, reuniendo a sus tropas, opuso a los franceses más o menos una fuerza capaz de repeler el ataque. Como el regimiento francés (el 9º ligero) se encontró aislado en esa posición, y además desplegado de manera que no podía repeler el fuego de mosquete británico, en tanto que por el frente los soldados de Hill contenían su avance y aparecían más británicos por su flanco, no le quedó más remedio que retirarse, aunque se llevaron con ellos dos cañones tomados a los británicos. A su izquierda el segundo regimiento francés (el 96º de línea) logró también cruzar el Portiña, pero chocó contra las fuerzas alemanas al servicio del Reino Unido, las dos brigadas de infantería de la “King´s German Legion” (KGL). Este regimiento logró tomar por sorpresa a los alemanes, a los que hizo abundantes bajas. Sin embargo, el 96º se encontró con sus dos flancos al aire. A la izquierda, nadie. A la derecha, el 9º ligero bastante tenía con aguantar la que le caía encima. En consecuencia, también este regimiento hubo de abandonar el intento de hacerse con el cerro. Mientras, a la derecha del 9º ligero, el tercer regimiento implicado (el 24º de línea) simplemente no llegó. Enfrentados a la pendiente del cerro, giraron casi inadvertidamente a su derecha, pensando que por allí la pendiente sería más suave. Sólo que a su derecha ni había británicos ni había cerro. Igualmente tuvieron que retirarse tras el Portiña, sin haber tenido éxito. 

El cauce del arroyo Portiña en la actualidad (abril de 2008, como las otras cinco fotos). A la derecha, cerro Medellín; a la izquierda, cerro Cascajal. esta foto está tomada aproximadamente en el punto en que el 96º de línea cruzó el arroyo, encontrándose con las posiciones de los soldados de la KGL.

Otra imagen del cauce, pocos metros aguas abajo del punto de la foto anterior. En esta imagen puede apreciarse como, aunque lleve poca agua, el terreno que separa ambos cerros es lo bastante complicado como para desordenar una formación de batalla, especialmente si hay poca luz.

Vista desde la orilla derecha (la del cerro Medellín) de la orilla opuesta del arroyo. En esta foto puede verse la cuesta abajo que tenían que desplazarse los soldados franceses antes de poder llegar al agua. Toda esa orilla esta salpicada de afloramientos rocosos como los que se ven en esta foto.

Otra imagen del cauce del Portiña, aproximadamente en el ala izquierda del 96º de línea la tarde/noche del 27 de julio. Las figuras de las personas de la izquierda dan idea de la pendiente y dimensiones.

Un descubrimiento sorprendente hecho en abril de 2008, al menos descubrimiento para mí. En la foto puede verse una construcción de piedra, nada menos que un pequeño camino construido para el paso de carretas desde el molino existente (véase siguiente foto) aguas arriba hasta Talavera. Esta orilla es la del cerro Medellín. es decir, que los franceses, una vez superado el obstáculo de las fotos anteriores, se encontraban con que tenían aún que saltar este muro. Un soldado con el equipo de campaña completo puede hacerlo ayudándose de las dos manos (es decir, momentáneamente indefenso) o con ayuda de sus camaradas (es decir, obligando a su unidad a perder parte de la fuerza en tanto no cruzan este obstáculo. ¿Que cómo lo sé? Porque hemos hecho el experimento.

Restos de un molino situado en la orilla izquierda (la de cerro Cascajal) del arroyo Portiña. A la derecha en la foto, el profesor Peñalver. La situación de este molino está documentada desde el último tercio del siglo XVIII. Sin embargo, en ningún mapa que yo conozca se le sitúa en el campo de batalla.

Disposición de las tropas para el ataque la tarde/noche del día 27. Enfrente del cerro Medellín despliegan, de norte a sur, el 24º de línea, el 9º ligero y el 96º de línea. A su izquierda las divisiones de Villatte y Lapisse cubren el frente hasta Pajar de Vegara. La caballería de Latour-Maubourg (a la derecha) y la de Milhaud (a la izquierda) cubre el flanco de la infantería. Estas dos últimas unidades son las que atacaron a las tropas españolas para distraer su atención y para reconocer su posición.

En ese momento la noche había cerrado ya y el factor sorpresa se había perdido, por lo que no había tiempo para reanudar el ataque. La jugada de Victor había fallado. 

Para terminar el relato de los sucesos de aquel día 27 de julio aún quedan dos escenas más. 

A la vez que las tropas de la división Ruffin intentaban hacerse con el Medellín, las fuerzas francesas del cuerpo de ejército de Sebastiani (que habían avanzado a lo largo del Camino Real, formando así el ala derecha de su ejército), con apoyo de caballería, se lanzaron a la vez contra la línea española, aproximadamente en el centro de la misma, esto es, entre Talavera y Pajar de Vergara. ¿Reconocimiento en fuerza o ataque de diversión? Las dos explicaciones son posibles y no son incompatibles entre sí. El caso es que el ataque logró la sorpresa, causó bajas y confusión entre la tropa española, con el resultado de que una parte de la misma huyó, arrastrando tras ella incluso al personal británico de segunda línea. Sin embargo la línea de batalla española no se rompió, gracias a la actuación de los regimientos de Tiradores de Cádiz y de Cantabria. Este último fue felicitado por el general Cuesta sobre el terreno, como consta en su historial, por su buen desempeño en aquel combate.

A causa de estos ataques cundió el nerviosismo en ambos ejércitos durante toda la noche. Por su causa muchos centinelas tuvieron el gatillo fácil aquella noche, provocando con ello alguna escaramuza aislada que mantuvo en vilo a buena parte de la tropa. Los que no se desvelaron por el tiroteo se desvelaron por el frío de la noche, que no fue nada clemente, sobre todo para los soldados franceses que tras vadear Alberche y Portiña no tuvieron ocasión de cambiarse de ropa o de secarlas. En este ambiente de nerviosismo es fácil descartar la leyenda -de origen británico- acerca de la camaradería de los soldados de ambos bandos mientras rellenaban sus cantimploras con el agua del Portiña. Precisamente los soldados de las unidades cercanas al arroyo eran las que más habían peleado hasta el momento, y por ello, los más propensos a disparar a la menor señal de alarma.

Anochece sobre el campo de batalla de Talavrea en agosto de 2008. La foto está tomada desde el borde norte de Cerro Cascajal, mirando hacia el "valle" entre el cerro Medellín y la sierra de Segurilla. Esta foto muestra las condiciones de luminosidad en que los soldados de franceses debieron finalizar su maniobra de ataque sobre el cerro Medellín el día 27.


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