Capítulo 4. La batalla: 28 de julio de 1807

Al amanecer del día 28 de julio se pudo ver que los franceses habían completado el despliegue de su ejército, cargando la masa de artillería a la derecha, en la meseta del cerro Cascajal, frente por frente del cerro Medellín. Estaba claro que el combate se iba a librar en ese sector. 

Las órdenes de Victor para este segundo asalto fueron idénticas a las de la noche anterior: la división Ruffin, formando con sus tres regimientos en línea, atacaría el cerro Medellín, con 30 cañones apoyándolos, y una segunda línea de soporte formada por la infantería de la división del general Lapisse, detrás de la de Ruffin. Le tocó al 24º de línea la tarea de atacar el cerro y hacerse con él. 

Disposición de las líneas de batalla la mañana del día 28 de julio.

La división Hill cierra el frente aliado por la parte norte, cubriendo (esta vez sí) el cerro Medellín. A lo largo del día esta división recibirá refuerzos de artillería española, y más adelante, la fuerza de la reserva española (5ª división de infantería y 2ª de caballería) a fin de evitar un flanqueo del cerro por su izquerda.

Por parte francesa, el ataque al cerro se prepara con el 24º de línea a la derecha (con órdenes de coronar el cerro), el 9º ligero en el centro, y el 96º de línea por la izquierda. A su derecha, la caballería del cuerpo de Victor como apoyo. Y detrás, como refuerzo inmediato, la división Villatte al completo, así como la caballería de Merlin. También detrás de los regimientos atacantes se sitúa la gran batería francesa con la que Victor esperaba dislocar las líneas británicas lo suficiente como para que el choque con la infantería las rompiera al primer intento. A la izquierda del ataque francés, de norte a sur, las divisiones de Lapisse, Sebastiani (Rey), y Leval. Como refuerzo de ellas, la división de Latour-Maubourg en segunda línea. La caballería de Milhaud cubre la línea española con una fina pantalla de jinetes. El enlace entre la derecha de Milhaud y la izquierda de Leval lo forma el regimiento polaco. La reserva general francesa está demasiado atrás como para ser de influencia en ningún punto del frente.

El autor de esta web, en el norte norte del cerro Cascajal, en agosto de 2008. Puede verse que el cerro Cascajal presenta una explanada amplia y despejada en la que hay espacio para el despliegue de la masa artillera que preparó Victor. Tras los árboles se puede ver la A-5, y al fondo, la ciudad de Talavera.

El cerro Medellín, visto desde el sureste en abril de 2008. Más o menos desde la posición en que se encontraba el ala derecha británica, antes del Pajar de Vergara. Como puede apreciarse, el terreno no ofrece obstáculos. Foto de César Pacheco.

Vista de la parte norte del campo de batalla desde la sierra de Segurilla. Puede apreciarse la manera en que el Medellín domina al Cascajal, y las pendientes enfrentadas. Esta toma también permite mostrar la segunda cumbre situada detrás (a la derecha en esta foto) de la cumbre principal. Foto de la Unidad Didáctica "Talavera 1809".

El fuego de la artillería francesa fue constante desde que hubo suficiente luz para afinar la puntería. Aunque el cerro Cascajal es más bajo que el Medellín, la distancia de tiro no era mucha, por lo que la artillería francesa hizo bastante daño. Y pudo hacer más de no haber sido por el repecho que forma el borde del falso llano, que cubría un tanto a los británicos. Además varios regimientos recibieron orden de echarse a tierra -una orden casi deshonrosa en aquellos tiempos- para evitar los proyectiles enemigos. La artillería británica replicó con sus piezas; aun estando en inferioridad numérica no dejaron de hacer daños entre los artilleros de Cerro Cascajal y los infantes de Lapisse. 

Cubiertos por este fuego de cañón, los infantes del 24º cruzaron el Portiña en relativamente buen orden y comenzaron a subir por la cuesta. Antes de llegar al repecho del falso llano los británicos les tirotearon a placer. La posición defensiva era muy buena para ellos, que disparaban semicubiertos por la desenfilada de la pendiente, con suficiente luz para distinguir al enemigo, y a corta distancia. No es de extrañar que el ataque se detuviera. Además, por si fuera poco, el general Hill, que era quien mandaba las tropas que defendían el cerro, ordenó a sus unidades atacar el flanco derecho de los franceses, apoyado en la falda del cerro totalmente al descubierto. En esta situación el 24º sólo tenía dos opciones: retirarse o morir. Optaron por lo primero. El 9º ligero cruzó el Portiña, formando un sólido hombro izquierdo en el que el 24º pudo apoyarse para volver a sus posiciones de partidas. Los británicos no persiguieron esta retirada aunque no dejaron de hacer fuego de fusil y de cañón. El segundo ataque había fracasado. 

Con tan alto número de bajas como llevaban, la división de Ruffin había perdido empuje, y por ello fue trasladada al extremo derecho de la línea francesa (extremo izquierdo para los aliados), en la falda sur de los cerros que forman la sierra de Segurilla y en el valle entre ésta y cerro Medellín. Allí, por cierto, se encontraron al poco rato con la 5ª división española de infantería. Porque Wellesley se había dado cuenta de la debilidad de su ala izquierda, que más allá del cerro Medellín carecía de apoyo, en un terreno llano y amplio, apto para maniobrar, hasta que comienzan las faldas de la sierra. Para cubrir ese hueco sacó del centro de su ejército dos brigadas de caballería para cubrir el valle, pero como eso aún era poco, pidió a Cuesta refuerzos. Y éste se los concedió: la 5ª de infantería en las faldas de la sierra y la 2ª de caballería, desplegada detrás de la caballería británica. Además, una batería de artillería con cañones del 12 para reforzar el propio cerro Medellín. 

El cañoneo de cerro a cerro duró varias horas, aun concluido el ataque francés, hasta que a eso de las dos cesó casi por completo. Los británicos, sin romper líneas, se dedicaron a descansar, y los franceses prepararon el rancho; la batalla no había concluido aún. 

Tras este segundo fracaso el mando francés se reunió para deliberar, y en esta escena se ve lo complicado del sistema de mando francés en ausencia de Napoleón. En teoría allí el de más alto rango era José Bonaparte, y el militar más antiguo, el mariscal Jourdan. Pero para los mariscales de Napoleón, los “reyes” que éste iba colocando en los tronos eran poco menos que virreyes, y para Victor, guerrero exaltado y aún joven, el retirado mariscal Jourdan era una antigualla. Sebastiani no contaba: no era ni tan siquiera mariscal. En consecuencia, aunque José y Jourdan eran partidarios de la prudencia, confiando en la aparición de Soult a espaldas de Wellesley, se impuso Victor, que ordenó otro ataque a gran escala, poniendo en juego toda la fuerza de los dos cuerpos de ejército. 

En el nuevo esquema, la división Ruffin formaría el apoyo por su derecha a una de las dos brigadas de la división del general Villatte, que trataría de dar la vuelta al cerro para atacar desde la falda norte, mientras la segunda brigada de esta división permanecía frente al cerro para distraer a los británicos. En segunda línea detrás de Ruffin, la caballería de los generales Latour-Maubourg y Merlin. Se descartaba el asalto frontal, visto el éxito obtenido, hasta no tener rodeado el cerro por tres lados. A la izquierda de Villatte se desplegaría la división Lapisse, que atacaría el centro británico al sur del cerro, para romperlo y envolverlo desde el sur. Como apoyo, a la izquierda de Lapisse se desplegaba la división del general Sebastiani. Aún más a su izquierda, en el punto de unión de ambos ejércitos aliados, frente al pajar de Vergara, se situaba la división del general Leval, cuyo objetivo era precisamente el Pajar. Frente al grueso de la fuerza española, situada al sur del Pajar, quedaba la división de caballería del general Milhaud, dos batallones polacos de la división del general Valence (el resto de la división se encontraba en Toledo, haciendo frente a Venegas), y la reserva, formada por las tropas de la guarnición de Madrid y la guardia personal de José Bonaparte, todo ello al mando del general Desolles. Esta fuerza era en realidad, junto con la brigada de caballería del general Beaumont, la única reserva efectiva de los franceses, que se iban a jugar la batalla a una sola carta. 

Disposición de las líneas de batalla la tarde del día 28 de julio, listas para el momento supremo de la batalla.

Por parte aliada se ha reforzado el ala izquierda de manera que se haga imposible el envolvimiento del cerro Medellín. La infantería española se despliega en la falda sur de la sierra de Segurilla, enfrentando a las tropas de Ruffin. Cierra la brecha entre estas tropas y las del cerro la fuerza de caballería que agrupa, a vanguardia, la brigada Anson en vanguardia, la brigada Fane detrás, y la división entera del duque de Albuquerque en posición retrasada.

Por parte francesa, su ala derecha está cubierta por la división Ruffin, con la caballería de Merlin como apoyo, y detrás de ésta la de Latour-Maubourg. Una brigada de Villatte entretiene a los británicos por el frente, en tanto la otra trata de envolver el cerro. A la izquierda, las divisiones de Lapisse, Sebastiani y Leval (de norte a sur) atacan el centro de la línea aliada. La división Leval, a la que le toca la parte más complicada, el Pajar de Vergara, sólo tiene el apoyo a su izquierda de los polacos. Sin embargo este apoyo es demasiado lejano para poder cubrir su flanco, que queda expuesto por tanto a un contraataque. 

En el sector del Pajar de Vergara la división de Leval (formada por alemanes y holandeses al servicio de Napoleón) atacó con su flanco izquierdo casi al descubierto y en una formación extraña (quizá fruto del desorden con que avanzaron) que desbarató la línea de combate de la división. La infantería de línea no se llamaba así por nada, ni las líneas de batalla eran líneas por ser más estético, si no porque la formación en línea era la que permitía ofrecer más fusiles apuntados al enemigo sin dejar ningún flanco abierto. En el momento en que la línea quedaba rota, la potencia de fuego caía drásticamente, y se ofrecía además al enemigo uno o varios flancos al descubierto. Eso fue lo que les pasó a los soldados de Leval. Por su izquierda recibieron un tremendo fuego de fusilería procedente de las filas españolas -los mismos regimientos que la noche anterior aguantaron el ataque de diversión o la maniobra de reconocimiento, de las divisiones 3ª y 4ª de infantería-, mientras que de frente y a su derecha la artillería hispanobritánica del Pajar iba cribando las filas. En estas condiciones era poco lo que podían hacer sin apoyo, y como no lo recibieron, la división entera comenzó a replegarse, primero el ala derecha y luego la izquierda. Tras ellos envió a sus soldados el general Alexander Campbell, pero, vueltos más o menos a sus posiciones de partida, los batallones alemanes y holandeses lograron frenar el contraataque británico, ayudados por el terreno. 

En ese momento, el general Eguía, comandante del “ala izquierda” española, ordenó que la caballería española de línea, el regimiento del Rey, decano del arma, apoyada por artillería propia, cargara el ala  izquierda de Leval. Esta carga permitió que los británicos regresaran sin estorbos a sus líneas de partida, a la vez que terminó por descomponer la división Leval. No fue una refriega de broma: el coronel del regimiento del Rey resultó herido, aunque satisfecho porque sus jinetes habían capturado varios cañones y banderas enemigas. 

Con la carga del regimiento del Rey se cerró el episodio del asalto al Pajar de Vergara. 

No existe ya el edificio del Pajar de Vergara, ni tampoco descripción fidedigna. Otro edificio reseñado en el campo de batalla, la Casa de Valdefuentes, se encuentra ahora mismo sumergido bajo las aguas del pantano. Este edificio (una antigua casa de labranza con establos) se encuentra en el "valle" entre el cerro Medellín y la sierra de Segurilla. Queremos creer que ambos edificios desaparecidos serían similares a éste. Incluso, que el Pajar fue reforzado por trincheras y defensas que aprovecharon la pendiente natural del terreno, como se ve en la foto de la izquierda. Abril de 2008.

Más al norte, en el centro de la línea británica, era donde se iba a ventilar la batalla. Las dos divisiones francesas, Lapisse a la derecha, Sebastiani a la izquierda, avanzaron con una brigada de su fuerza al frente y con la segunda detrás de la primera, es decir, ofreciendo al enemigo un sólido frente de 12 batallones, con otros 12 como apoyo detrás. Esta fuerza atravesó el Portiña en buen orden. Lapisse chocó contra la línea británica desplegada en la otra orilla, el ala izquierda de la división del general Sherbrooke, de la que formaban parte los batallones de la KGL, alemanes al servicio del Soberano del Reino Unido y de Hannover. Como el frente francés parecía irresistible, especialmente por lo profundo del despliegue, mientras que sus batallones no tenían una segunda línea detrás, se ordenó a los británicos una maniobra inusual: avanzar hacia los franceses, disparar a la vez, y cargar a la bayoneta, en lugar de esperar. Esta maniobra logró frenar el impulso de la primera línea francesa, que tuvo que retroceder en desorden. No obstante, la segunda línea francesa seguía intacta, con el apoyo de su artillería en cerro Cascajal. Además el contraataque les había hecho avanzar en exceso a los británicos, desalineado a sus unidades, y acercándolas demasiado al enemigo, por lo que dejaron flancos abiertos. Por si fuera poco, una de las dos brigadas de la KGL se vino abajo. Esta unidad había combatido la noche del 27 con bajas importantes. No es de extrañar que en este momento flaquearan. 

El contraataque francés aprovechó estas debilidades para poner en aprietos a los británicos, rechazando a las tropas de la Guardia Real británica y amenazando con conseguir, por fin, la ruptura de la línea aliada. Fue la sangre fría de Wellesley (que se encontraba en el cerro Medellín y por tanto estaba viendo la situación) lo que salvó aquella situación. Ordenó al general Hill que una parte de su división maniobrara hacia su derecha para formar el hombro izquierdo en el que se pudiera apoyar la fuerza de Sherbrooke. A la vez la brigada del general Mackenzie, muerto en el esfuerzo, debía avanzar para hacer de hombro derecho, cubriendo el hueco que se había abierto en la línea británica. Gracias a estas rápidas decisiones, tomadas en el momento y en el calor de la batalla, la posición británica pudo ser restablecida. La división Lapisse se encontró entonces con su segunda línea enfrentada a una fuerza británica superior en número, sin posibilidad de flanquear o romper la línea, y bajo el constante fuego de fusilería por el frente y a su derecha, más la artillería hispanobritánica del cerro. En estas condiciones no podía continuar y Lapisse ordenó retirarse tras el Portiña, después de haber tenido la victoria al alcance de la mano. 

A su izquierda, la división Sebastiani cruzó igualmente el Portiña, pero fue recibido tan calurosamente como Lapisse. Estas tropas no lograron encontrar flancos descubiertos en el enemigo, por lo que siguieron en la pelea, sin obtener ventaja, y tiroteados a su izquierda por las fuerzas españolas situadas detrás del Pajar de Vergara, además de por los británicos por el frente, hasta el momento en que la retirada de Lapisse dejó al aire su flanco derecho, y debieron retirarse con importantes bajas. 

El combate en el centro había finalizado. La línea británica seguía entera. 

Aún más al norte, en cerro Medellín y sus alrededores, las fuerzas francesas comenzaron el avance como estaba previsto. Las tropas de Ruffin comenzaron un tiroteo con las tropas españolas de la 5ª división, sin que ninguno de los dos bandos se decidiera por un asalto frontal, ya que el flanqueo era imposible. No fue tampoco un combate de broma: el coronel del regimiento de África fue herido durante el mismo. A la izquierda de Ruffin las fuerzas de la brigada del general Cassagne, destinada a flanquear el cerro Medellín y asaltarlo desde el norte, avanzaban. En ese momento Wellesley vio factible otro movimiento, y ordenó la carga de la brigada de caballería de Anson sobre el avance francés. En lo que cometió un error, puesto que la caballería estaba demasiado alejada de los franceses, y por tanto éstos tendrían tiempo para verlos venir y para tomar medidas, aparte de que la excesiva distancia de la carga podía fácilmente agotar el empuje y las fuerzas de los caballos antes de llegar al choque con la infantería. No obstante, ésa fue la orden que dio. 

Composición fotográfica que muestra las posiciones que ocupó el ala derecha de la 5ª división de infantería española. El terreno es ligeramente ondulado, con afloramientos rocosos, y va ascendiendo suavemente hasta la parte más alta de la sierra de Segurilla. Abril de 2008.

Composición fotográfica de la vista desde el cerro Medellín hacia el norte. Éste es el terreno por el que cargó la caballería británica el día 28. Al norte (al fondo) cierra el terreno la sierra de Segurilla. A la izquierda el borde del terreno lo marca la moderna carretera a Segurilla. A la derecha, el borde del pantano de la Portiña. El terreno es completamente llano, y por tanto, muy apto para un ataque de caballería. Sin embargo, la profundidad de este espacio (unos 2´5 km. de extremo a extremo) hace que una carga lanzada desde demasiado lejos disipe la potencia de la misma. Agosto de 2008.

Éste es el panorama que se le ofrecía a los jinetes aliados. La sierra a su izquierda, cerro Medellín a la derecha, y un valle aparentemente despejado para dar la carga. Abril de 2008.

La carga de la brigada Anson es quizá el episodio más conocido de la batalla… y el más impostado. De los dos regimientos lanzados al combate, el de la izquierda, el 1º de húsares de la KGL, ni tan siquiera llegó a contactar con el enemigo. De repente se encontró con un obstáculo que los obligó a frenar, malogrando la carga. El regimiento de la derecha, el 23º de dragones ligeros, se encontró el mismo obstáculo, pero pudo superarlo (con cierto desorden en la formación en los escuadrones de la derecha) y siguió la carga. El obstáculo debió ser, seguramente, a tenor de las lluvias de los días anteriores y de la descripción que hace el entonces capitán del 23º Ponsonby, el cauce de un torrente causado por las lluvias de los días anteriores. En el frente de los húsares, cerca de la sierra, el cauce debía ser lo bastante abrupto para hacer que fuera imposible saltarlo o rodearlo. En cambio, a la derecha, ya en el valle, la rudeza del terreno se iba suavizando hasta el punto de que los escuadrones más cercanos al cerro Medellín ni tan siquiera acusaron su presencia. Y así, sólo, el 23º cabalgó a rienda suelta contra los franceses de Cassagne. Que tuvieron tiempo de sobra para verlos venir y para adoptar las formaciones en cuadro que permitían a la infantería repeler las cargas de caballería. Uno de los cuadros lo formaron alineándose de espaldas a la Casa de Valdefuentes, un edificio cercano actualmente desaparecido bajo las aguas del pantano de la Portiña. Los dragones ligeros apenas lograron hacer daño a los infantes franceses. Tras los cuadros de infantería se encontraba la caballería del general Merlin, que dejó pasar entre sus filas a los dragones ligeros, lanzados al galope sin control. Una vez en su retaguardia, los jinetes franceses se dedicaron a cazar a los dragones ligeros británicos, completamente desvalidos. Como consecuencia de ello, el 23º quedó casi destruido. En agradecimiento por este sacrificio, que en puridad debería anotarse en el debe de Wellesley, los británicos han borrado el nombre del regimiento del orden de batalla de Talavera. Puede comprobarse que en el monumento a la batalla situado en la carretera A-5 ha sido omitido el nombre de este regimiento. 

Sin embargo, su sacrificio no dejó de obtener resultados. Es cierto que la carga de la brigada Anson no logró hacer mella en las fuerzas francesas, pero detuvo momentáneamente la progresión de las tropas de infantería, lo suficiente como para que en los otros sectores de la batalla el resultado de los ataques franceses se resolviera. Y conviene no olvidar que tras la brigada Anson los franceses podían distinguir perfectamente la masa de la caballería hispanobritánica formada por la brigada Fane y la división del Duque de Alburquerque. Con la ocasión perdida, y la oposición que se podía ver, las esperanzas de rodear el Medellín y atacarlo sin estorbos eran escasas y las probabilidades de éxito aún más. En consecuencia, los franceses no siguieron su ataque tampoco por este sector. 

Así, extinguido el empuje de las fuerzas francesas, el fuego se fue apagando por toda la línea a media tarde del 28 de julio. 

Reunido en consejo el mando francés, de nuevo Victor propuso atacar. Su plan era desplazar el centro de gravedad del 4º cuerpo más al norte para caer sobre la línea británica, a la que suponía agotada, con todavía más fuerza. Pero al hacerlo así, el flanco derecho francés quedaba en el aire, expuesto a un ataque español con amplia superioridad numérica, o a que el grueso del ejército de Cuesta pasara por detrás de los británicos para formar una segunda línea de resistencia. Justo en ese momento llegaron mensajeros del general Milhaud (cuya caballería se mantenía en contacto con las fuerzas españolas) para anunciar actividad por parte española. En realidad esta actividad no fue nada serio: patrullas de reconocimiento y escaramuzas menores. Pero bastaron para echar por tierra el plan de Victor, al que se oponían José y Jourdan. Por otro lado, José y Jourdan seguían temiendo por la posibilidad de que cayera Toledo, y Venegas tuviera así el camino expedito a Madrid. Si Venegas y Wilson lograban amenazar la retirada de las tropas francesas, Soult y su ejército no llegarían a tiempo de salvarles de una severa derrota. En consecuencia, su plan era que Victor se retirara tras el Alberche; Sebastiani marcharía a Toledo, y José y Jourdan, con las tropas de Desolles, de vuelta a Madrid para cortarle el paso a Wilson. 

Así, en la tarde del día 28 los franceses permanecieron en sus posiciones iniciales para disimular, y al caer la noche todas sus tropas se habían retirado. Tan hábil fue esta retirada que los aliados no se dieron cuenta hasta la mañana del día 29. La batalla de Talavera había terminado.

Volver al capítulo anterior

Volver a la página índice de Talavera 1809

Seguir al capítulo siguiente