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La memoria de la batalla

Este capítulo está dedicado a la memoria que se guarda de la batalla en la ciudad de Talavera de la Reina. En sus espacios urbanos y monumentales, porque lo que es en la memoria o el conocimiento de sus habitantes, la experiencia me dice que muy poca cosa se guarda.

El primer recuerdo que se guarda, cronológicamente hablando, es el de las calles "Duque de Wellington" y "General Cuesta". Estas dos calles recibieron su nombre en el siglo XIX (no me arriesgo a dar fecha exacta). Se trata de dos calles pequeñas y no excesivamente lucidas para la gloria que ambos se merecen, especialmente el español. La primera calle se encuentra cercana a la Cañada de Alfares. La segunda en el extremo del Paseo del Muelle más cercano a la estación del ferrocarril.

En 1909 el Ayuntamiento decidió conmemorar el primer centenario de la batalla con la construcción de un monolito situado en la cúspide del cerro Medellín, y con la construcción de un monumento que se colocaría en una de las glorietas de los jardines del Prado. Por desgracia la conmemoración coincidió con los hechos de la Semana Trágica, por lo que hubo poca atención pública y pocos recursos para esta conmemoración. El monolito llegó a construirse, y allí sigue, en cerro Medellín, en terrenos propiedad de la familia Martínez de Medinilla Moro (familia que, por cierto, siempre me ha dado todo tipo de facilidades para el acceso al terreno del campo de batalla), aunque desgastado por el tiempo, de manera que apenas se distingue ya lo que se grabó en el mismo, si bien aún pueden leerse algunas letras. Por el contrario, el monumento no llegó a construirse. Se colocó la primera piedra del mismo, junto con una cápsula del tiempo en la que se guardaron monedas y otros recuerdos de la época. Poco tiempo después, una vez se descartó por completo el monumento inicial, encima de la primera piedra y la cápsula se colocó un laurel. Que allí sigue, centenario. Y, como forma parte de los jardines del Prado, se encuentra bien cuidado y atendido.

Fotografía del monolito situado en la falsa cumbre (la situada más al oeste) del cerro Medellín. Agosto de 2008.

El laurel, símbolo de victoria. En este caso, de la victoria de 1809.  Agosto de 2008.

En 1989 una iniciativa del Ministerio de Defensa (en la que tuvieron mucho que ver y hacer Juan José Sañudo y Leopoldo Stampa, que ya han sido mencionados antes) que aprovechó la construcción de la nueva autovía N-V con una variante al paso de Talavera, fue el origen de la construcción de un área de descanso en cuyos terrenos se levantó un monumento mucho más grande.

El monumento situado en el área de descanso de la actual A-5. Está situado en la falda sur del cerro Medellín, en el área que ocupó aproximadamente la retaguardia del ala derecha de las tropas alemanas de la KGL. Agosto de 2008.

El nuevo monumento está compuesto de tres facetas, una para cada uno de los tres ejércitos. En cada una de las facetas está grabado el orden de batalla de los ejércitos que lucharon, hasta donde se sabía de ello en 1989. Y hasta donde la arrogancia lo permitió. Porque en el caso del ejército británico, el nombre del 23º de dragones ligeros no está grabado con la excusa de que no hay ninguna unidad moderna que lleve ese número o sea heredera de la de 1809. Tampoco está el nombre de las unidades de la KGL que tomaron parte en la batalla, sólo una noticia genérica: "King's German Legion artillery, infantry and cavalry". Bonito pago para el sacrificio que hicieron allí los alemanes que sirvieron al Soberano del Reino Unido.

Este monumento y el área que le circunda está en una situación descuidada. El principal problema es que se encuentra situado fuera del casco urbano, por lo que es un espacio solitario que no recibe la atención de los servicios de mantenimiento que serían de agradecer. Y en cambio, dado su relativo aislamiento respecto a la ciudad, pero con buen acceso, es muy usado para "actividades alternativas" de esas que requieren poco público alrededor. Consecuencia: aspecto de descuido y suciedad. Y, según a qué horas, compañías molestas.

No voy a pretender que una de las razones para escribir este capítulo no sea llamar la atención sobre el estado de conservación de estos lugares de la memoria, y acerca del escaso honor que han recibido en el callejero y el espacio monumental tanto el general Cuesta como el general (entonces) Wellesley. Ya que se aproximan las fechas del segundo centenario, sería el momento de integrar estos recuerdos dispersos en un circuito completo sobre la batalla de 1809. Que es, y no otra cosa, sobre lo que versa el segundo centenario.

Los que hemos participado en la confección de la Unidad Didáctica "Talavera 1809" decidimos en su momento realizar nuestro propio esfuerzo de memoria. Y así, el 30 de agosto de 2008, plantamos un segundo laurel en la cumbre del cerro Medellín, a pocos metros de distancia del monolito de 1909. Nosotros no lo veremos centenario, y en el fondo ni falta que nos hace. Una semilla y su fruto suele vivir más que aquel que la plantó, y así es como debe ser.

Dos tomas del momento en que plantamos el laurel en la cumbre del cerro Medellín. En la primera foto (izquierda), Antonio Martínez de Medinilla Moro junto son los estudiantes del IES Padre Juan de Mariana que dedicaron aquella tarde de verano a la historia. En la segunda foto (derecha), Francisco Peñalver Ramos, profesor y maestro, junto a los estudiantes, sus alumnos. Agosto de 2008.

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