Capítulo 5. Tras la batalla: balance y consecuencias.

Las bajas francesas fueron más de 7.000 hombres entre muertos, heridos y prisioneros. Un buen tributo de sangre. Por parte británica las bajas (igualmente incluidos muertos, heridos y prisioneros en el cálculo) fueron algo más de 5.000. Por parte española no hay parte oficial de bajas, o si lo hubo se ha perdido. Pero, incluyendo las bajas de la acción de Alcabón-Torrijos, debieron ser de unos 1.000-1.200 hombres. Los partes españoles existentes en el Archivo Personal de José Luis Reneo, que no incluyen a todas las unidades españolas (faltan los partes de la caballería, excepto las tropas asignadas a la división de Zayas, lo de la artillería, excepto una batería de a 12, y de algunos -pocos- regimientos de infantería) arrojan unas cifras de 53 muertos, 305 heridos y 563 dispersos (lo que incluye a prisioneros, desertores y desperdigados de sus unidades, aunque algunos partes citan que desde el 29 al 31 de julio algunos de éstos se reincorporaron) desde el 26 hasta el 28 de julio. Las bajas aliadas quedaron sobradamente compensadas por la aparición el mismo día 29 de la brigada de infantería ligera del general Craufurd, que reponía la capacidad operativa del ejército británico. Además, quedaban las fuerzas de Wilson, que al no haber tomado parte en la batalla, estaban intactas.

Una penúltima palabra. Ya sobre el campo de batalla se gestaría otra pieza de la leyenda negra: la que se refiere a la pasividad de los soldados españoles. Y así, el oficial G. B. Campbell mencionó en una carta a su casa a 42.000 franceses y 20.000 británicos; pero de españoles, ni rastro. Y el alférez Aitchison escribió expresamente: fue un combate de 18.000 contra 42.000 porque los españoles hicieron muy poco. Este punto de vista, que no resiste la menor revisión documental, ha sido recogido en no pocos libros, hasta tal punto que en algunos se afirma que Cuesta se retiró antes de la batalla o se omite en los mapas la situación de las tropas españolas. Se soslaya el papel que durante la batalla desempeñaron los artilleros españoles de Cerro Medellín y el Pajar de Vergara, los infantes de la 3ª y 4ª división en el flanco del Pajar, y los de la 5ª división en las faldas de la sierra, y los jinetes del regimientos del Rey, pese a que éstos capturaron tres cañones, sólo por mencionar las unidades más activas. No es necesaria ninguna impostura para hacer brillar más el desempeño de otros ejércitos presentes en el campo de batalla de Talavera. 

La última palabra se la concedemos a Napoleón Bonaparte, que en carta fechada en el palacio de Schömbrun (Viena) el 18 de agosto escribió: he visto con pena que se les diga a los soldados que han salido vencedores; que eso es perder a las tropas ¡pues es el hecho es que he perdido la batalla de Talavera!

La victoria tan duramente ganada por los aliados se iba a malograr en menos de una semana.

Aún sobre el terreno de batalla en Talavera, Cuesta y también Wellesley planearon descansar uno o dos días y más tarde atacar a Victor para forzar el cruce del Alberche y seguir con el plan de avance original. Asunto del que hay historiadores que nada dicen. El caso es que por entonces comenzaron a llegarle a Wellesley desde Sevilla las cartas de respuesta a las suyas enviadas los días 24 y 25 de julio, justificando su abandono de Cuesta, cartas en las que la Junta le reprochaba al británico tal decisión, que juzgaban inexplicable. Esta circunstancia hizo que Wellesley volviera a cambiar de idea, y decidiera no seguir la campaña.

Por otro lado la situación estratégica estaba cambiando. El ejército de Soult, apercibido desde Madrid de la presencia de británicos y españoles en el valle del Tajo -recuérdese el reconocimiento del día 22 de julio, frente a Talavera-, ya estaba camino de Extremadura desde sus bases iniciales de Zamora y Salamanca. Todavía el día 31 hablaba Cuesta de ofensiva, pero para entonces las tropas destacadas para proteger el puerto de Baños y la retaguardia aliada en Plasencia estaban ya bajo ataque. La petición que hizo Wellesley a Cuesta para enviar una división a guarnecer el puerto justo entonces era poco viable, ya que era excesivo esperar que una única división detuviera o bloqueara a los 50.000 soldados que Soult estaba trasladando hacia Plasencia. Otra idea de Wellesley fue llevar a cabo una maniobra a gran escala sobre la retaguardia de Soult usando las tropas españolas del Duque del Parque, en Ciudad Rodrigo, y las luso-británicas del mariscal Beresford, entre Ciudad Rodrigo y Almeida. Sin embargo, ésta tampoco era una opción practicable simplemente porque ni el duque, ni Beresford tenían órdenes al respecto y ya no había tiempo para ello.

El día 1 de agosto Plasencia fue ocupada por los franceses, eliminando así la base logística de los aliados, y comprometiendo las rutas de retirada hacia Portugal al norte del río Tajo. Es en ese momento cuando Wellesley decidió abandonar a Cuesta definitivamente para así poder retirarse con su ejército, y con él las posibilidades de defensa de Portugal. Los generales aliados evaluaban la amenaza enemiga en 15.000 hombres. Wellesley se preparó para avanzar con todas sus fuerzas para dar batalla a las tropas francesas dejando así expedito el camino de su retirada, con la 5ª división española cubriendo su flanco derecho y también la retirada de la fuerza defensora del puerto de Baños. Con ello el ejército británico abandonaba cualquier esfuerzo (y cualquier colaboración) con las fuerzas españolas del frente del Tajo. Con ello la camapaña quedaba totalmente liquidada. El punto y final de esta historia se escribiría días más tarde en Puente del Arzobispo.

Anuncio de la victoria en Talavera y acciones de gracias previstas para celebrarlo.

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