José Pascual de Zayas y Chacón

Arriba: Retrato de don José Pascual de Zayas y Chacón con el uniforme de mariscal de campo (véanse los dos entorchados de oro en la bocamanga de la casaca). En la manga izquierda lleva bordadas dos medallas, además de las que luce en el pecho. Una de ellas, si no me equivoco, es la medalla de Brión, concedida a los que defendieron Ferrol en 1800. Abajo: Firma auténtica del general Zayas, extraida de uno de los partes que firmó durante la campaña de Talavera.

José Pascual de Zayas y Chacón nació en La Habana (Cuba) en 1772, en el seno de una familia de hidalgos que llevaba asentada en aquella ciudad desde el siglo XVI. Su padre ocupó altos puestos en la administración del reino en Cuba. Desde niño sintió afición por la carrera militar, y así­ el 15 de septiembre de 1783 sentó plaza en el regimiento de infanterí­a de línea Asturias.

Cuatro años después (a la edad de 15) fue ascendido a subteniente. En 1789 pasó con su regimiento a Orán como parte de la guarnición. El 9 de octubre de 1790 un terremoto destruyó parte de la ciudad, matando a más de 400 soldados del regimientos Asturias. Zayas solo sufrió heridas. Siguió en Orán hasta que esta ciudad fue evacuada por las tropas españolas en 1792 después de un asedio. Nuestro protagonista seguía herido y no tomó parte activa en la defensa.

En 1793 fue agregado a la artillerí­a del Ejército de Navarra en la guerra contra la Convención francesa. Tras varias acciones, fue hecho prisionero el 23 de julio de ese año. Liberado por los franceses el 28 de septiembre de 1794, fue ascendido a teniente. Siguió en el frente hasta la firma de la paz en 1795. Ese mismo año pasó con el 2º batallón del regimiento Asturias a Vigo, para servicios de guarnición en tierra y a bordo de los buques de la Armada.

En este servicio Zayas hizo dos veces el viaje de ida y vuelta a las Américas. Al regresar de su segundo viaje (con arribada en La Coruña) el batallón fue trasladado a Ferrol el 26 de agosto de 1800 para la defensa de la ciudad frente al ataque de los británicos. Zayas se distinguió en la batalla de Brión (cerca del fuerte y actual localidad de San Felipe, en la rí­a de Ferrol), donde fue herido. Por esta herida fue recompensado. Con fecha 22 de mayo de 1801 fue ascendido a capitán de granaderos. Tras ello sirvió en varias guarniciones con el regimiento Asturias.

El 6 de abril de 1804 fue ascendido a sargento mayor (equivalente entonces a comandante empleo que en la época era superior al de teniente coronel), y su destino cambió al regimiento de infanterí­a de línea Órdenes Militares.

A finales de 1805 fue nombrado ayudante de campo del teniente general O'Farril, con el que marchó a Etruria en la división española que fue destinada a este reino (un Estado marioneta creado por Napoleón con los despojos del ducado de Toscana y que le fue concedido a tí­tulo de reino al esposo de Marí­a Luis de Borbón, hija de Carlos IV y de su esposa Marí­a Luisa de Borbón-Parma). En Etruria permaneció hasta mediados de 1807, en que pasó a Hamburgo con su unidad (por entonces era el regimiento de la Princesa), como parte del dispositivo napoleónico para evitar desembarcos británicos en el Mar del Norte. A finales de 1807 regresó con licencia a la Pení­nsula, y el 11 de marzo de 1808 fue nombrado comandante del 2º batallón del regimiento de infantería de línea de la Princesa, que se encontraba entoces en el Báltico. Este regimiento pertenecí­a a la División del Norte del Marqués de La Romana, gran unidad destacada en Dinamarca, pero Zayas no llegó a marchar de España a causa de la situación polí­tica.

Estando en Madrid fue comisionado por la Junta de Gobierno para marchar a Bayona a informar al rey Carlos IV de la situación en España, esto es, que Napoleón, pese a todas las promesas y pactos, estaba de hecho imponiendo un régimen militar francés en nuestro país. Una misión delicada para un oficial de tan baja graduación. Zayas fue detenido apenas llegó a Francia, aunque tuvo la ocasión de hablar con Pedro Cevallos Guerra, en ese momento Secretario de Estado (equivalente a Ministro de Asuntos Exterios) de Fernando VII (más tarde lo sería también de José Bonaparte, antes de regresar al bando patriota y ocupar puestos de responsabilidad con la Junta Central). Zayas fue liberado el 11 de mayo, y tras ello se dirigió de inmediato a Madrid.

En Madrid se le ordenó marchar a La Coruña para incorporarse a un embarque de tropas que marchaba a Buenos Aires, aún amenazada de conquista por los británicos. Al llegar a Valladolid fue testigo de la sublevación popular de los patriotas contra los franceses. El general Cuesta le retuvo a su lado nombrándole Jefe de Estado Mayor, lo que era un cargo de enorme importancia para un simple comandante.

El 12 de junio participó en la derrota de Cabezón, tras lo cual las tropas de Cuesta se retiraron a Benavente, donde Zayas y el general trataron de dar forma de ejército a sus fuerzas. Sin embargo el 28 Zayas marchó al puerto de Foncebadón (en León) para entrevistarse con el general Blake (comandante del Ejército de Galicia), que le despachó a La Coruña para que explicase la situación a la Junta del Reino de Galicia. El informe de Zayas convenció a la Junta para que Blake uniera sus fuerzas a las de Cuesta, pero con órdenes secretas a Blake de no colaborar en exceso con Cuesta.

Estas fuerzas combinadas, pero descoordinadas, fueron derrotadas en Medina de Rioseco (12 de julio). Las fuerzas españolas se retiraron a Benavente y luego las de Cuesta (despegadas de las de Blake) siguieron hacia León. Perseguido Cuesta por los franceses, ejecutó a sugerencia de Zayas una maniobra de flanqueo por Toro, Zamora y Salamanca que no solo le libró de la persecución francesa, sino que se situó en buena posición para amenazar en la retaguardia de Bessieres, el vencedor de Medina. En Salamanca, el 1 de agosto, recibieron la noticia de la victoria de Bailén. Ese mismo dí­a Zayas fue ascendido por Cuesta a coronel.

Después de Bailén, la consiguiente retirada de los franceses, y la formación de la Junta Central se produjo el enfrentamiento de Cuesta con esta Junta, asunto que terminó con el arresto del general. Zayas, como subordinado y cercano colaborador suyo, fue despojado de su cargo de Jefe de Estado Mayor del llamado Ejército de Castilla. Estas tropas, reducidas a una división a la que se incorporó Zayas, marcharon hacia Logroño. En Logroño combatieron varias escaramuzas contra los franceses. El 25 de octubre Ney atacó la ciudad, que fue abandonada por las tropas españolas al dí­a siguiente. El general Castaños consideró que las tropas de la división no habían luchado todo lo que podían, por lo que ordenó su disolución. Zayas quedó entonces sin destino.

El 23 de noviembre de 1808 nuestro protagonista se ofreció al general Lapeña, comandante de la 4ª división del Ejército del Centro, que lo aceptó en su gran unidad, aunque no se sabe si le dio mando de tropas. Ese mismo día se luchó y perdió la batalla de Tudela, sin que las tropas de Lapeña participasen en la lucha, pese a las órdenes de Castaños para ello.

Las tropas de Castaños en retirada llegaron a Borja para luego marchar a Calatayud y de ahí­ a Sigüenza. Castaños organizó una retaguardia móvil para cubrir su retirada; retaguardia a la que se incorporó Zayas como oficial de Estado Mayor. En calidad de tal asistió a la derrota de dicha fuerza en Bubierca. Al fin, sin más contratiempos, las tropas de Castaños (antiguo Ejército del Centro) llegaron a Cuenca el 12 de diciembre. Allí tomó el mando el duque del Infantado. El 25 de diciembre las fuerzas españolas lanzaron un pequeño ataque contra Tarancón, que tuvo éxito, obligando a los franceses a retroceder. Alarmado por esta pequeña derrota, José Bonaparte ordenó al mariscal Victor que aplastase a las fuerzas del duque, cosa que este mariscal consiguió en la batalla de Uclés, el 13 de enero de 1809.

Zayas participó en la acción de Tarancón, pero no estuvo en Uclés porque, al ser nombrado Cuesta jefe del Ejército de Extremadura, le reclamó para su ejército. Zayas tomó el mando del regimiento de  infanterí­a de línea de Jaén el 8 de enero. Con estas tropas participó en la reconquista del puente de Almaraz sobre el Tajo, el 29 de enero.

Tras esto las fuerzas españolas fueron atacadas por la división alemana del cuerpo de Victor. Zayas, con sus hombres, cubrió la retirada tras el combate, que tuvo lugar en Mesas de Ibor. Cuesta ordenó un repliegue general hasta Medellí­n pasando por Trujillo, siempre seguidos de cerca por las tropas francesas. De Medellí­n pasaron las tropas de Cuesta a Villanueva de La Serena. En este momento Zayas mandaba una fuerza de dos batallones de granaderos, lo que era una fuerza de élite para la época. Reforzado Cuesta en Villanueva de La Serena, tras una escaramuza victoriosa, y urgido por la Junta Central a actuar, decidió dar batalla a Victor, con el resultado de la tremenda derrota de Medellí­n (28 de marzo). En la batalla las fuerzas de Zayas actuaron como reserva del ala izquierda española. Su intervención, en el momento en que la línea española cedía, se vio perjudicada por un embotellamiento con fuerzas de caballerí­a propias. En esta batalla nuestroprotagonistal fue herido de nuevo.

La retirada tras la derrota salvó del desastre completo al Ejército de Extremadura, al que la Junta Central consideró que se habí­a batido bien. En consecuencia, varios oficiales fueron recompensados, y entre ellos Zayas, que con fecha 8 de abril de 1809 fue ascendido a brigadier (general de brigada), y hecho jefe de la división de Vanguardia de dicho ejército.

La vanguardia de Zayas organizó pequeños ataques contra las fuerzas de Victor, siguiendo tácticas de "golpea y corre", más propias de guerrilla, tácticas que eran muy apropiadas para debilitar a las fuerzas francesas, extendidas demasiado. Las tropas francesas entre el Tajo y el Guadiana, todas del cuerpo de Victor, se vieron en creciente dificultad para mantener sus posiciones, en parte por la falta de suministros y en parte por la creciente actividad del renacido Ejército de Extremadura.

La situación del mariscal Victor empeoró cuando Soult fue derrotado en el Norte de Portugal y expulsado de ese país. Victor ordenó una retirada sobre la orilla derecha del Tajo el 14 de junio. Siguiéndole los talones hasta Almaraz iban las tropas de Zayas, que cruzaron el rí­o Tajo por un puente de pontones pocos día­s después Más tarde, el 10 de julio, se entrevistaban en el puerto de Miravete Cuesta y Wellington. Comenzaba la campaña de Talavera.

Durante esta campaña el desempeño de Zayas fue "conspicously good". Su vanguardia fue la que permitió el dí­a 22 de julio flanquear a los franceses y expulsarlos de Talavera. Asimismo la vanguardia de Zayas se desempeñó bien en el combate de Alcabón, el 26 de Julio. Durante la batalla de Talavera en sí,­ la división de Vanguardia no tuvo intervención alguna dado que su sector no fue atacado. Tras la retirada hacia Puente del Arzobispo la unidad de Zayas cubrió la retaguardia de Cuesta. En el combate de Puente del Arzobispo esta división intervino para estabilizar la situación después del golpe francés del 8 de agosto, aunque no tuvo ocasión de empeñarse a fondo en la lucha, ya que los franceses no explotaron su éxito momentáneo.

Su desempeño en todos estos hechos de armas no pasó sin recompensa, y así­ el 28 de julio fue ascendido a mariscal de campo (general de división).

El 12 de agosto Cuesta sufrió un ataque de apoplejí­a en Deleitosa y fue reemplazado en el mando por el general Eguía, que confirmó a Zayas el mando de la Vanguardia.

Poco despué tuvo lugar una de las decisiones más desastrosas de la guerra. La Junta Central, deseosa de hacer méritos ante los británicos y la opinión pública, ordenó a Eguí­a unirse al Ejército de la Mancha (derrotado en Almonacid el 8 de agosto) para a continuación marchar hacia Madrid en una campaña de otoño. En principio este ejército combinado tuvo al propio Eguí­a como comandante, pero tras una audaz maniobra de reconocimiento en fuerza que llevó a las tropas combinadas de Victor y Sebastiani hasta Sierra Morena, Eguí­a fue destituido y en su lugar fue nombrado comandante del nuevo Ejército del Centro el general Areizaga, mandando Zayas la división de Vanguardia de dicho ejército.

Lo que vino a continuación fue la desastrosa campaña de Ocaña. El 19 de noviembre el mariscal Soult atacó a las fuerzas españolas desplegadas en dicha localidad, a las que derrotó completamente. La vanguardia de Zayas, desplegada en la izquierda española, y que según el plan de batalla iba a ser la punta de lanza del ataque español, terminó actuando como fuerza de reserva, librando una acción de retaguardia bastante brillante que logró detener a los franceses, hasta que los soldados desbandados de otras divisiones se metieron entre las filas de las tropas de la vanguardia, creando la confusión y anulando a esta gran unidad como fuerza efectiva. Con todo, las tropas de Zayas lograron cerrar filas en Dos Barrios, a 8 km. de Ocaña. Allí­ se reunieron con el resto del ejército (bien poco) y se retiraron hasta Sierra Morena.

El 20 de enero de 1810 las fuerzas mandadas por el mariscal Soult llegaron al paso de Despeñaperros, derrotaron a los defensores y penetraron en Andalucí­a. Las fuerzas de Zayas (los supervivientes de Ocaña) se retiraon a Úbeda y Jaén. Esta retirada fue poco a poco desintegrando las unidades, aún no recuperadas de lo Ocaña, de tal modo que en los posteriores combates de Jaén y Alcalá la Real su intervención fue casi testimonial.

Después de la derrota en tierras andaluzas Zayas pasó a Murcia, donde una vez más trató de levar soldados para adiestrarlos, encuadrarlos y formar un nuevo ejército.

Duró poco en tierras murcianas ya que en marzo se encontraba en Cádiz mandando la 4ª división del ejército que defendí­a la ciudad contra el ataque francés. En Cádiz, Zayas escribió una obra titulada "Instrucciones sobre el buen orden militar", las cuales son un auténtico manual de cómo organizar tropas en campaña. Bajo su liderazgo su unidad se convirtió en una de las mejores divisiones del ejército español. Entre página y página las tropas de Zayas hostigaban a los franceses con sus tácticas de "golpea y huye", similares a las ya empleadas en Extremadura. Posteriormente fue nombrado Comandante General de la Isla del León (Cádiz).

El 21 de febrero de 1811 tuvo comienzo una maniobra de flanqueo con la que las fuerzas defensoras de Cádiz esperaban poder derrotar a los sitiadores (mandados por el mariscal Victor). Fuerzas españolas desembarcaron entre el 23 y el 27 en Algecias y Tarifa con instrucciones de seguir hasta Medina Sidonia, en la retaguardia de Vi­ctor, y tras derrotarle (lo que no era poca cosa), seguir hacia Cádiz para completar el levantamiento del cerco. Mientras, Zayas, al frente de las tropas situadas en la Isla del León, tendrí­a que cruzar el canal que separa la isla de tierra firme para atacar a las fuerzas del mariscal. Zayas cumplió su parte del plan la noche del 2 al 3 de Marzo, pero fue derrotado en el cruce del canal el dí­a 3 y obligado a replegarse a sus posiciones iniciales. Por si fuera poco las tropas desembarcadas se retrasaron, con lo que la maniobra combinada resultó en un fracaso. Como fruto de esta maniobra tuvo lugar la batalla de Chiclana, que si bien fue una victoria táctica, por todas las razones indicadas no cosechó los resultados esperados.

Poco después Zayas fue puesto al frente de otra operación de flanqueo. El 18 de marzo salió por barco de Cádiz con sus fuerzas, que desembarcaron en Palos. La idea era seguir por la carretera de Sevilla, amenazando el flanco de las fuerzas que al mando de Soult asediaban Badajoz. Sin embargo la ciudad extremeña se habí­a rendido el día 11, y Soult pudo hacer frente a la amenaza. El 31 de marzo, tras varios combates con las vanguardias francesas, y viendo su situación muy complicada, las tropas de Zayas se replegaron de nuevo a Cádiz.

Más tarde se planeó retomar Badajoz mediante un ataque combinado del cuerpo de ejército del general Beresford, más el llamado Cuerpo Expedicionario, al mando del general Blake. La 1ª división de este cuerpo estaba mandada por Zayas.

El Cuerpo Expedicionario desembarcó en Ayamonte el 18 de abril para luego subir por el cauce del Guadiana hasta encontrar a los británicos. Las fuerzas aliadas, que incluí­an también los restos del Ejército de Extremadura al mando del general Castañoss, se reunieron en La Albuera el 15 de mayo. Allí­ tuvo lugar ese mismo día un encuentro con las fuerzas de Soult, que creía erróneamente que enfrente tenía sólo a los británicos.

En tanto parte de sus fuerzas distraí­an al grueso del ejército aliado atacando La Albuera, Soult lanzó su ataque más recio contra el ala derecha, justo donde se encontraba la división de Zayas en lo que parecí­a ser una posición de retaguardia. Las tropas españolas en esa zona se encontraban en inferioridad numérica, pero sin embargo aguantaron a pie firme los ataques franceses varias horas, hasta que con la ayuda de otros refuerzos españoles, las tropas de Zayas detuvieron la embestida francesa, fijando el ala derecha aliada. Cuando la brigada Colborne (que formaba parte de las fuerzas británicas que habí­an relevado a las tropas españolas del ala derecha) fue destruida por la carga de la caballerí­a francesa, fueron las tropas de Zayas las que lograron restablecer la situación y repeler el ataque. Esta resistencia decidió la batalla a favor de los aliados. Los franceses se retiraron del campo de batalla, derrotados. Zayas fue encargado de perseguir al enemigo en retirada.

El 14 de junio las tropas de nuestro general asaltaron el castillo de Niebla, pero el asalto fracasó a causa de la carencia de artillerí­a. Poco después Blake fue informado de que las fuerzas de Marmont se había­n unido a Soult y avanzaban sobreé él. Prudentemente Blake ordenó la retirada de su ejército. En consecuencia, el dí­a 30 las fuerzas de Zayas embarcaron en Ayamonte de regreso a Cádiz.

Por los méritos contraí­dos en la campaña de La Albuera, le hubiera correspondido a Zayas ser ascendido a teniente general. Sin embargo, razones de polí­tica interna, con el ruido de fondo de las protestas de Beresford, hicieron que la Regencia le escamoteara a Zayas este ascenso.

A principios de agosto de 1811 el Cuerpo Expedicionario fue enviado a Valencia como parte del esfuerzo por evitar que Suchet conquistara Valencia y Murcia. El 14 de ese mes llegó Zayas a Valencia acompañando a Blake. Su división quedó en Villena hasta el 21 de septiembre, en cuarentena (y por tanto inútil para el combate) a causa de una epidemia. Luego esta división fue enviada a Valencia para guarnecer el campo atrincherado que defendí­a la ciudad. El 25 de octubre las tropas de Zayas salieron de Valencia. Blake, presionado por los polí­ticos locales, buscaba la batalla. La división Zayas atacó Puzol para luego seguir hacia el Norte, llegando a la vista de Sagunto, que se encontraba sitiada por los franceses. Sin embargo, el resto de fuerzas de Blake habí­an sido derrotadas y Zayas tuvo que retirarse puesto que no podía seguir solo. Un batallón de su división fue rodeado en Puzol y destruido. El resto de la división, en buen orden, se retiró por la costa librando acciones de retaguardia. Su retirada permitió salvar el centro y la izquierda del ejército de Blake.

Tras este combate Zayas marchó con sus tropas a Cuenca para bloquear el enví­o de refuerzos a Suchet desde Madrid. A mediados de diciembre regresaba con sus tropas a Valencia.

Justo a tiempo, puesto que el 26 de diciembre Suchet lanzaba su ataque principal contra Blake. Las tropas de Zayas lucharon bien, pero las fuerzas de Blake se vieron copadas y se ordenó una retirada al interior de Valencia, que quedaba por tanto rodeada por el enemigo.

Los franceses rechazaron una salida de los defensores españoles el 28 de diciembre. A principios de enero comenzaron a bombardear la ciudad. Con pocos ví­veres, casi sin municiones y con un altísimo índice de desertores (salvo en la unidad de Zayas), Valencia se rindió el 10 de enero de 1812 con todas sus tropas defensoras. Nuestro general cayó prisionero de los franceses.

En calidad de tal fue enviado al castillo de Vincennes, convertido en cárcel para los nobles y altos mandos españoles hechos prisioneros.

A principios de 1814 los franceses le confundieron con el también general marqués de Zayas y decidieron enviarle a Madrid para que tratase de obtener de la Regencia la aceptación del convenio de Valençay firmado el 11 de diciembre de 1813 entre Fernando VII y Napoleón. Pese a la confusión de identidades y las protestas de otro de los enviados españoles, nuestro Zayas viajó a Madrid con el duque de San Carlos, que fue quien de hecho llevó a cabo la misión.

Desde este momento Zayas quedó disponible sin destino. El 25 de marzo de 1814 fue (por fin) ascendido a teniente general. Durante los Cien Dí­as Zayas mandó la 1ª división del Ejército de Observación de la Derecha, entrando en Francia por Cataluña. Apenas hubo combates ya que la fuerza de Napoleón estaba concentrada en el Norte. Tras la segunda abdicación de Napoleón Zayas marchó destinado a Valencia. Al disolverse dicho ejército marchó deisponible a la Corte hasta el 11 de agosto de 1816 en que fue nombrado 2º Cabo Comandante Militar de Castilla la Nueva, ocupando a partir del 30 de diciembre, y hasta el 24 de enero de 1817, el puesto de Comandante. Posteriormente, en 1820, fue nombrado vocal de la Junta de Generales consultiva del Secretario de Guerra, Ayudante de Campo de Fernando VII, y posteriormente representante de La Habana en las Cortes para las legislaturas de 1820 y 1821.

Juró la Constitución de 1812, y además de eso mandó la 1ª división del Ejército de Operaciones en la primavera de 1823, con la que combatió a las puertas de Madrid contra los realistas (absolutistas) alzados en armas, y luego mandó el Tercer Ejército, con el cual se retiró de Madrid a Andalucí­a, para terminar en Cádiz con el Gobierno liberal y el propio Fernando VII. Fue declarado Benemérito de la Patria por el Ministerio de la Guerra de dicho Gobierno, y por todo esto, tras el restablecimiento del gobierno absoluto de Fernando VII, fue depurado y se le abrió causa en su contra.

Lo que sigue está tomado del libro Diccionario Biográfico del Generalato Español. Reinados de Carlos IV y Fernando VII (1788-1833), de Alberto Martín-Lanuza Martínez. Ver Bibliografía.

Según la Gaceta Española del 4 de junio, fue nombrado comandante general del 10º Distrito (Andalucía). Se retiró a Granada, donde conferenció con el general Ballesteros, y tras la derrota de éste, marchó a Málaga, donde capituló ante las tropas francesas del general Ordenneau.

Tras el restablecimiento de Fernando VII fue desposeído de sus grados y condecoraciones, siendo ordenado el 18 de abril de 1827 que se le fueran recogidos despachos y condecoraciones. Se retiró a Málaga, y luego a Chiclana, donde falleció repentinamente en 1829. Algunas fuentes dan como fecha de su muerte el 28 de octubre de 1827, pero en los diarios de Arias Teijeiro se señala el 20 de junio de 1829 que Zayas acaba de morir en Chiclana.

Finalmente fue rehabilitado, ya póstumamente, en 1833. Lo que fue ratificado en 1840 por la regente Marí­a Cristina.

No volvió a mandar tropas. Retirado del servicio, murió en 1.827, se duda de si en Madrid o en su La Habana natal.

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