José Bonaparte

José Bonaparte

Retrato de José Bonaparte de uniforme francés, de colección y autor para mí desconocidos. Lleva al pecho el Toisón de Oro, del que son custodios los Reyes de España, y cuyo gran maestrazgo él usurpó a la vez que la Corona. Lleva prendida además la cruz de la Legión de Honor, entre otras condecoraciones. Político experto e inteligente, gobernante moderno e ilustrado, tenía muchas mejores cualidades para ocupar el trono que Fernando VII. Pero el pueblo español jamás le reconoció como rey y fue por ello odiado a muerte y perseguido con saña.

Nació en Corte (Córcega) el 7 de enero de 1768. Era el primogénito de Carlo Buonaparte y María Leticia Ramolino.

Fue enviado al seminario de Autun junto con su hermano Napoleón, pero la muerte prematura de su padre en 1785 le obligó a regresar a Córcega, donde ejerció de cabeza de su familia. Allí también comenzó sus estudios de Derecho, que concluyó en 1788, momento en que se hizo cargo de todos los negocios de su familia.

El estallido de la Revolución le hizo saltar al primer plano de la política. En su isla natal su hermano Napoleón y él defendieron el bando revolucionario, que trataron de aplicar en la misma. A la par trataban de hacerse con los resortes del poder corso con el nombramiento de José como presidente de la Asamblea insular y de su hermano Napoleón como jefe de la milicia. Al principio de sus maniobras políticas se apoyaron en los paolistas (independentistas corsos, el nombre proviene de su líder, Pasquale Paoli), con los que sus padres habían tenido relación y a los que apoyaron fervientemente. Pero su visión del papel de Córcega en la revolución excluía la independencia, por lo que pronto se encontraron enfrentados a ellos.

En 1792 fue nombrado representante de Córcega en la Asamblea Nacional, pero el triunfo de los paolistas (que entregaron la isla a los británicos) le obligó a huir de la misma en 1793. Se refugió en Marsella, donde conoció a su esposa Julie Clary. En 1794 fue hecho comisario de guerra (cargo cuyas responsabilidades incluían las de abastecer a los ejércitos en campaña), puesto desde el que apoyó a su hermano Napoleón en sus campañas en Italia, mientras ambos soñaban con la ocasión de retomar Córcega para Francia.

La ocasión vino tras la victoria de Napoleón en 1796. José fue enviado de incógnito a Bastia, como avanzadilla del ejército, pero al llegar a esta ciudad se encontró con que los británicos ya la habían abandonado. Esto permitió a los Bonaparte barrer a los paolistas, reincorporando la isla a Francia y haciéndose con el poder en ella.

Las victorias de Napoleón le fueron haciendo subir peldaños en su carrera política. Reelegido diputado por Córcega, participó ya en primera fila de los acontecimientos políticos de aquella época. Cuando Napoleón marchó a Egipto ya sabía que dejaba tras de sí una buena retaguardia cubierta por sus hermanos José, Luciano y Luis. Esta fue la base sobre la que se construyeron los hechos del 18 de Brumario, en el golpe de Estado que encumbró a Napoleón al poder. Precisamente fue la puntual información de José sobre la caótica situación de Francia (puesta al borde de la derrota una vez más) la que indujo al general corso a regresar a Francia para presentarse como el salvador de su patria, aunque al hacerlo así obrase sin instrucciones de su gobierno, abandonando a sus tropas en el campo de batalla.

Tras el 18 de Brumario, y ya con su hermano de Primer Cónsul, José recibió diversos encargos diplomáticos, todos ellos de gran importancia, que llevo a cabo perfectamente: tratado de Montefontaine con Estados Unidos (1800), tratado de Luneville con Austria (1801), y el importantísimo tratado de Amiens con el Reino Unido, en 1802.

Al proclamarse el Imperio fue hecho Gran Elector. Además su hermano le propuso ocupar la corona de Lombardía (uno de los estados títere que mantenían los franceses en la Península Italiana), pero a cambio de renunciar a los derechos de sucesión a la corona de Francia, a la que tenía derecho por no tener Napoleón descendencia y ser José el mayor de los hermanos. José se negó a esta imposición.

Pese a todo fue hecho rey cuando, tras la derrota austríaca de 1805, y por el tratado de Presburgo (la actual Bratislava, capital de Eslovaquia), el Reino de Nápoles cayó en poder francés. Por una Orden Imperial de fecha 30 de Marzo de 1806 le fue oficialmente otorgado la corona napolitana.

Tras expulsar a los británicos y los últimos soldados borbónicos de Calabria (aunque no pudo echarlos de la isla de Sicilia), se dedicó a organizar su nuevo reino según las mismas pautas que en Francia aplicaba su hermano.

En mayo de 1808, y tras haber robado Napoleón la Corona de España a sus legítimos propietarios, fue proclamado Rey de España. En Bayona asistió a una parodia de Cortes españolas en suelo extranjero, que acabaron aprobando una constitución dictada por el Emperador francés. Emprendió entonces el camino de España, llegando a Madrid el 20 de julio de 1808. Ese mismo día el general Castaños vencía en Bailén a un ejército francés, por lo que el día 22 de julio el rey intruso tuvo que abandonar la capital camino de Vitoria, donde esperaría la llegada de su imperial hermano, que, al frente de un numeroso ejército, le permitió volver a Madrid a principios de 1809.

Desde esa villa trató de organizar su reino y de coordinar la estrategia militar francesa, pero con poco éxito en ambos casos, pues los españoles no le obedecían (fuera de un puñado de "afrancesados") y los mariscales franceses le menospreciaban como si fuera sólo un gobernador de provincia.

En las vísperas de la batalla de Talavera actuó con decisión e inteligencia. Siendo consciente de la nula amenaza que suponía el avance de Venegas, se arriesgó a despojar a Madrid de casi toda su guarnición para reforzar a Victor. Una vez concentradas las tropas francesas, fue de la opinión de atacar al ejército de Cuesta, y luego de perseguirlo. Al alcanzar las posiciones británicas mantuvo su intención de atacar, con lo que concordaba con el mariscal Víctor, pero suponía desautorizar al mariscal Jourdan, su propio jefe de Estado Mayor.

En los consejos de guerra de los días 27 y 28 de julio se mantuvo fiel a esta idea. Sin embargo, no se preocupó mucho por supervisar el plan de Victor, que de este modo tuvo entera libertad para mandar a las tropas a su antojo.

Tras la batalla regresó a Madrid, donde se mantuvo el resto del año 1809.

A principios de 1810 se puso (nominalmente) a la cabeza de las tropas francesas que por Despeñaperros invadieron Andalucía. Los franceses conquistaron casi toda la región sin mucho combate, lo que aprovechó José para pasearse en triunfo por la región.

Sin embargo su poder en España era tributario del de Napoleón, puesto que sólo las bayonetas francesas le sostenían en el trono. Por ello chocó varias veces con su hermano. La ocasión más grave fue a raíz del decreto imperial que colocaba toda la España al Norte del Ebro bajo la soberanía del Emperador, cosa que José interpretó como un primer paso para la anexión a Francia de esas provincias. Sus protestas no sirvieron de mucho. Durante todo su reinado su margen de maniobra estuvo supeditado a los intereses del Emperador.

Tras la batalla de los Arapiles (28 de julio de 1812), tuvo que abandonar de nuevo Madrid para buscar refugio en las tropas del mariscal Suchet, en Valencia. Pudo regresar a la capital en el invierno de 1812-13, gracias a que Wellington no aprovechó a fondo sus ventajas militares. Sin embargo, tras los éxitos hispano-británicos en la campaña de 1813, tuvo que volver a abandonar Madrid, y ahora de forma definitiva. Se refugió en Vitoria, donde ordenó dar batalla a los aliados. Derrotados los franceses en la batalla de Vitoria (21 de junio de 1813), abandonó el territorio español.

Paralelamente, y para asegurarse la neutralidad española, Napoleón dejó en libertad a Fernando VII, con lo que José dejó de proclamarse Rey de España. A cambio fue nombrado Lugarteniente del Imperio el 24 de enero de 1814, lo que le hacía el gobernante supremo del Imperio en ausencia de su hermano, al menos sobre el papel. En la práctica, las tareas de José se limitaban a gobernar y organizar la defensa de parís, ciudad que Napoleón abandonó el día 26 para pelear contra los dos ejércitos aliados que maniobran en suelo francés: al norte y noreste, el de Blücher, y al este, el de Schwarzenberg.

José hizo muy poco por organizar la defensa de la ciudad hasta que el peligro estuvo ya muy cerca. En parte esto se debió a las órdenes ambiguas de Napoleón, que no quería demostrar debilidad ante el pueblo preparando fortificaciones y defensas en su misma capital. Pero, por otro lado, tampoco los más altos mandos franceses se molestaron en esforzarse en este trabajo. Finalmente, con el enemigo a las puertas, José huyó de París el 29 de marzo. Los aliados entraron en la ciudad, indefensa por la posterior retirada de las tropas de Mortier y Marmont, el día 31.

Tras la primera abdicación de Napoleón se refugió en Suiza, de donde regresó a Francia durante los Cien Días. Tras la segunda abdicación marchó a los Estados Unidos (donde tenía como misión crear una asilo permanente para su familia).

Las potencias aliadas le permitieron regresar a Europa en 1841. Se estableció en Florencia, donde falleció el 28 de julio de 1844.

Treinta y cinco años antes había contemplado la retirada de los ejércitos franceses del campo de batalla de Talavera.

   

Índice de Talavera 1809