Claude Victor Perrin

Retrato del mariscal Victor en el apogeo del Imperio, vestido con las galas de la nueva oligarquí­a militarque reemplazó a la vieja aristocracia de sangre.

Nació en Lamarche (Vosgos), el 7 de diciembre de 1764, de familia humilde.

Ingresó como tambor en el regimiento de artillerí­a de Grenoble a los 16 años, reenganchándose en 1791. Fue licenciado en 1791 en Valence, donde trabajó una temporada como funcionario, pero enseguida se alistó voluntario ese mismo año. Primero fue granadero, pero a los pocos meses ya era oficial. Fue hecho teniente coronel en 1792. En 1793 participó en el asedio de Tolón, con gran valor. Allí­ fue herido, pero sus hazañas fueron observadas por el mismo Napoleón, que comandaba las tropas francesas. Fue nombrado provisionalmente general de brigada, y con ese empleo pasó del Ejército de Italia al de los Pirineos.

En 1794 y 95 luchó contra las tropas españolas del general Ricardos y del Marqués de las Amarillas en los Pirineos Occidentales. En 1795 fue ascendido a general de brigada de manera definitva, para pasar acto seguido al Ejército de Italia, donde volvió a distinguirse en varias batallas a las órdenes de los futuros mariscales Augereau y Massena. Por todo ello en 1797 fue asecndido a general de división. En la campaña de 1799-1800 luchó directamente a las órdenes de Napoleón (Primer Cónsul de la República Francesa por entonces), distinguiéndose en la batalla de Marengo.

En 1800 pasó a la República Bátava (en la actualidad Holanda). Allí­ estuvo destinado ocupando diversos puestos, hasta llegar al de gobernador y comadante de las tropas bátavas en 1803. Además, tras la paz de Amiens (1802) ocupó el puesto de embajador en Dinamarca en 1805, cargo que retuvo hasta la declaración de guerra por parte del Reino Unido.

Su siguiente puesto de importancia en lo militar lo ocupó durante la campaña de 1806 contra Prusia, primero como jefe de Estado Mayor del mariscal Lannes, y luego como comandante de cuerpo de ejército. Sufrió una herida leve en Jena. Para colmo de desgracias fue hecho prisionero por los rusos poco antes de la batalla de Eylau. Sin embargo, pronto fue canjeado (por Blücher, nada menos), se reincorporó al servicio y participó con distinción en la batalla de Friedland. Por sus méritos en este combate fue creado Mariscal del Imperio el 13 de julio de 1807. A la llegada de la paz de Tilsit durante 15 meses fue gobernador militar de Berlí­n.

En 1808 fue creado Duque de Belluno por Napoleón.

A finales de 1808 llegó a España al mando del 1er Cuerpo, que formaba parte de las tropas con las que Napoleón esperaba conquistar España entera.

En noviembre de 1808 venció en la batalla de Espinosa de los Monteros, lo que permitió despejar el flanco derecho del camino a Madrid. Tras esta victoria sus fuerzas tomaron la vanguardia del avance francés hacia la capital. Después de varias escaramuzas en Honrubia y Sepúlveda tuvo lugar el combate de Somosierra en el que las tropas del general Benito San Juan fueron derrotadas. Tras ello no habí­a defensa posible de la capital, en la que entraron los hombres de Victor en vanguardia. Con su base en Madrid Victor maniobró para deshacer el (tí­mido) avance español hacia Cuenca y Tarancón, que amenazaba el flanco izquierdo francés. Esta maniobra se saldó con la victoria francesa de Uclés a principios de 1809. Tras esta victoria las tropas de Vi­ctor pasaron al curso medio del Tajo, y de allí­ a las comarcas entre el Tajo y el Guadiana.

A principios de 1809 se le dio orden de invadir Portugal partiendo desde su base española cuando supiera que Soult se habí­a hecho con Oporto. Con esta maniobra Napoleón esperaba realizar una maniobra en tenaza contra los defensores del centro de Portugal. Las mandí­bulas de la tenaza se cerrarí­an en o cerca de Lisboa, atrapando dentro a los (entonces) escasos defensores del reino luso, y haciendo caer la capital. Además,el cuerpo de Victor habría de proporcionar una de sus divisiones para que hiciera de enlace, por Salamanca y Ciudad Rodrigo, entre Soult y él mismo. Con su cuartel general en Trujillo Victor no llegó a amenazar la invasión. La razón principal fue que se enteró demasiado tarde de que Soult había cumplido su parte, gracias a que las guerrillas españolas habían cortado prácticamente todas las comunicaciones de Soult con Galicia y de ésta con la Meseta. Por otro lado nunca logró desembarazarse de las fuerzas españolas en Badajoz. Con la excusa de despejar sus flancos maniobró en Extremadura para eliminar el ejército de Cuesta, y lo consiguió en la batalla de Medellín (28 de marzo de 1809), pero al no perseguir a fondo no logró destruir completamente a los españoles (lo que permitió al Ejército español de Extremadura reorganizarse y armarse) ni tampoco invadió Portugal, con lo que la actuación de Victor en la primera mitad de 1809 se saldó en un doble fracaso estratégico. En su descargo puede decirse que sus tropas no podí­an hacer todo ni estar en todas partes contra todos los enemigos reales o potenciales. En sus cuarteles de Trujillo, donde se había replegado después de Medellín, comenzó a ver británicos por todas partes. Las misiones "golpea y huye" llevadas a cabo por las tropas españolas, y también por los británicos, le pusieron nervioso.

Una vez más con la intención de despejar sus flancos, y temiendo por sus líneas de comunicación al norte del Tajo, ordenó una retirada primero del Guadiana al Tajo, y después hacia el Alberche, para mantener abiertas las comunicaciones con Madrid y Toledo. En esta disposición le encontró el comienzo de la maniobra aliada.

Durante la campaña de Talavera su comportamiento militar fue bueno, pero no excepcional. Mantuvo el control de sus tropas del 21 al 25 de julio, maniobrando con éxito para reconocer al enemigo y para eludir la superioridad numérica aliada. Sin embargo, el día 26 no estuvo en la persecución todo lo rápido que hubiera debido, lo que permitió que Cuesta se retirara sin ser estorbado. Al día siguiente, de nuevo la lentitud de sus movimientos impidió que alcanzara las líneas aliadas sino cuando éstas ya estaban consolidando una línea de batalla coherente.

General audaz en la batalla, tal vez demasiado, arriesgó una maniobra por sorpresa para cruzar el Alberche y luego para hacerse con la clave de la posición aliada, el cerro Medellín. Suyo fue el gran acierto de lanzar al 16º ligero y el resto de las tropas de Lapisse para poder crear una cabeza de puente al oeste del Alberche. Asimismo hay que reconocerle el mérito de haber comprendido que la clave de la batalla estaba en la posesión de cerro Medellín (no hay que olvidar que Victor conocía bien la zona por haber acampado allí los días previos). El ataque sorpresa la noche del 27 de julio estuvo muy cerca de darle la victoria. Sin embargo, ésta se le escapo por un pelo.

Su insistencia en los consejos de guerra de los días 27 y 28 de julio convenció a José de seguir intentando el asalto del cerro, lo que se hacía más difícil al perder el elemento sorpresa y además chocar con las líneas aliadas ya consolidadas. Por si fuera poco, usó una táctica poco imaginativa, como acertadamente señala el coronel Sañudo: fijar el ala derecha enemiga y atacar para envolver a la izquierda. Como en Espinosa de los Monteros y otras batallas. Puesto que todo el plan de batalla fue suyo, al igual que la ejecución, a él hay que achacarle la escasa imaginación de repetir al alba del 28 el ataque de la noche del 27 y, fracasado éste, el asalto general de la tarde del 28. Quizá hubiera sido mejor que el asalto general lo hubiera dado en la mañana del 28. Asimismo la derrota francesa hay que achacarla en gran modo a él, aunque Victor trató de descargar culpas en José y Jourdan.

Tras la retirada aliada hacia Extremadura, Vi­ctor retomó Talavera el 8 de agosto. El resto del año 1809 lo pasó con sus tropas en la misma zona (el curso medio del Tajo), sin perseguir a los aliados. Esta parsimonia (que también le hizo llegar tarde a la batalla de Ocaña, según sus críticos), le valió no pocas crí­ticas de sus colegas.

A principios de 1810 comandó el ejército que invadió Andalucí­a desde su parte occidental (flanqueando el grueso francés, que invadió por Despeñaperros). Sin grandes problemas llegó hasta los muros de Cádiz, ciudad que no se rindió y que resistió, bien guarnecida por los restos del Ejército español de Extremadura. En consecuencia Victor inició el asedio de Cádiz al viejo estilo, con lí­neas de trincheras, despliegue masivo de la artillerí­a, etc. Sin embargo, no pudo tomar la ciudad. Otras tentativas ofensivas llevadas a cabo, como el asedio de Tarifa, tampoco dieron mucho fruto. Finalmente en 1811 Victor levantó el asedio, dejando abandonada tras de sí­ cuantiosa artillería.

En 1812 fue reclamada por Napoleón para que encabezase el 9º Cuerpo durante la campaña de Rusia. Durante la misma su valor y su habilidad como comandante de tropas estuvo a buena altura. Guardó la retaguardia y flanco izquierdo de Napoleón en Prusia Oriental, para más adelante cubrir el camino a Moscú (en el que ya estaba Napoleón) desde Esmolensko. Con las tropas francesas ya en retirada, cubrió parte del camino desde Vitebsk, adonde se habí­a movido previamente para cubrir una amenaza rusa contra el camino a Moscú. Pero su mejor momento fue sin duda cuando protegió el cruce del Beresina (25 de noviembre de 1812) al mando de la retaguardia francesa. Primero contra fuerzas dobles en número al mando de Wittgenstein, después manteniendo abierta la cabeza de puente de Studenka.

Combatió también en las campañas de 1813, distinguiéndose en varias batallas. Su cuerpo de ejército no estaba listo para pelear en Lutzen (2 de mayo), pero llegó a tiempo de hacerlo en Bautzen (21 de mayo). Participó igualmente en la defensa de Dresde (27 de agosto), y en la decisiva batalla de Leipzig (16-18 de octubre).

Después de esta derrota las cosas estaban definitivamente torcidas para Francia. Victor y sus tropas emprendieron la retirada hacia el rí­o Rhin, al que alcanzaron a la altura de Frankfurt. A principios de 1814, de nuevo al mando de un cuerpo de ejército, se le encargó la protección de un tramo de la orilla izquierda del Rhin, entre Estrasburgo y Colmar. Sin embargo, cuando el dispositivo de defensa del rí­o fue destrozado, se retiró de estas posiciones sin pelear, los que motivó el enfado de Napoleón, que le envió al mismí­simo Berthier para que le sustituyera, aunque el relevo no llegó a ser efectivo, dadas las circunstancias. Este comportamiento derrotista se extendió a otros mariscales de Napoleón, que abandonaron casi sin pelear los planes de defensa que habí­a organizado éste. Como consecuencia, la campaña de 1814 se lucharí­a en suelo de Francia, en lugar de en la frontera del Rhin.

Victor fue expulsado de St. Dizier por las tropas de Blücher. Este movimiento abrió una brecha en uno de los flancos de Napoleón, que reaccionó con un rápido contraataque que remató con la victoria defensiva de La Rothiere (1 de febrero), en la que Victor tomó parte. Tras ganar tiempo de esta manera, las tropas de Victor (y otras fuerzas) formaron el ala derecha de la defensa de Parí­s, frente al ejército comandado por Schwarzenberg. Este ala derecha tení­a que ganar tiempo mientra Napoleón en persona atacaba a Blücher con su ala izquierda, pero no lograron este objetivo. Peor aún, el 18 de febrero, Victor llegó tarde a atacar Montereau, por lo que sus tropas fueron rechazadas. Ésta fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Napoleón, que destituyó en el acto a Victor de su mando. Por su parte, Victor mantuvo que las órdenes que habí­an recibido estaban poco claras, cargando así­ las culpas sobre su emperador. Sin embargo, más adelante Napoleón pareció perdonar a su mariscal, que fue asignado al cuerpo de la Guardia como comandante de una de sus divisiones, a las órdenes directas primero del propio Bonaparte, y más tarde del mariscal Mortier. A las órdenes del primero participó en la batalla de Laon (1-2 de marzo). Esta batalla agotó la capacidad combativa de las fuerzas a las órdenes directas de Napoleón, que eran ya casi la única baza militar de importancia que tení­a en sus manos. Peor aún, la amenaza sobre Parí­s le ataba a defender esta ciudad, sin margen para poder maniobrar a fondo sobre los flancos o retaguardia de los dos ejércitos que le acosaban.

Victor fue herido, de poca importancia, en la batalla de Craonne, cerca de Laon. Esa herida le mantuvo apartado del servicio activo durante el resto de la campaña, hasta la primera abdicación de Napoleón.

Con la vuelta al trono de los Borbones, se declaró partidario suyo, y con Luis XVIII marchó al destierro durante los Cien Dí­as. Por ello fue nombrado, ya en plena restauración, Par del reino (1815) y comandante de la 2ª División Militar.

Entre 1821 y 1823 fue Ministro de la Guerra, cargo que abandonó para acompañar al Duque de Angulema en la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis (así llama la historia española a la invasión militar francesa que restauró en España el poder absoluto de Fernando VII).

Después de estos hechos fue nombrado embajador en Viena, pero no llegó a viajar a la capital austrí­aca.

Falleció en Parí­s el 1 de marzo de 1841.

Nota final: Según las fuentes francesas que he consultado, el verdadero nombre del mariscal era Claude Perrin. Victor es el sobrenombre que se ganó por la victoria de Tolón en 1793, en que se le cita como "ciudadano Victor", o sea, vencedor.

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