Nuevo artículo de ciencia para HispaLibertas. Vuelvo a temas aeroespaciales, en esta ocasión para hablar de la situación de crisis no resuelta en que se encuentra la NASA, a causa del recorte de presupuestos que va a impedir completar el Proyecto Constellation, del que depende en gran medida el proyecto de regresar a la Luna con misiones tripuladas. Parece ser que la familia de vehículos del proyecto no se va a realizar, al menos no en su integridad, y es ya casi seguro que a la Luna, si volvemos, será con retraso sobre el plan previsto.
Uno de los aspectos más interesantes que relato en este artículo, aunque merecería otro entero sólo para tratarlo como se merece, es el relativo al uso, por parte de la NASA, de lo que ellos llaman “vuelos comerciales”, y que no son sino lanzadores construidos y operados por empresas privadas, aunque alquilados por la NASA para cubrir sus necesidades, especialmente en las órbitas bajas de la Tierra. La NASA firmó hace menos de un año los contratos necesarios con SpaceX. Pero el paper enlazado en el artículo de HL va incluso más allá: ya habla de usar de manera habitual esos recursos en el futuro.
Estoy convencido de que en esta generación podremos ver empresas privadas con capacidad tecnológica como para realizar operaciones esoaciales regularmente. Nada de equipos experimentales o vuelos de prueba. Hablamos de vuelos de rutina. Por supuesto, estas empresas estarán sujetas a los vaivenes del mercado, y a la competencia de otras compañías similares, empezando por las que ahora son agencias estatales, y que seguramente se convertirán en “operadores” propiedad del Estado. Sospecho que el esquema de negocio (el esquema empresarial del sector) será parecido al que se dio en el mercado de las telecomunicaciones a finales del siglo XX, con grandes operadores nacionales aún no privatizados (o al menos no del todo) operando en un mercado crecientemente desregulado, y compitiendo con empresas creadas al efecto con capital privado. Incluso estoy convencido de que veremos segmentación de mercados, en función de las necesidades de transporte de carga y pasajeros, y de las misiones espaciales. Que algún día veamos misiones espaciales financiadas íntegramente ya se me hace lejano. Quizá algún robot de exploración al estilo de los “Voyager”. Otra cosa distinta sería una misión tripulada a la Luna financiada con capital privado.
Y todo esto, si tengo razón, arrancará como consecuencia no deseada del recorte presupuestario que la administración Obama prevé para la NASA. Y aunque ahora carguen el problema en los hombros de George Bush Jr., si la cosa cuaja, veremos cómo la misma gente alaba la perspicacia de Obama. Tampoco se acordarán, por cierto, de que esto también es consecuencia de la desregulación del mercado aerospacial que firmaron en dos fases los presidentes Ronald Reagan y George Bush Sr., y que, de hecho, han posibilitado que la NASA, hoy, pueda firmar contratos con empresas como SpaceX para usar lanzadores propiedad de dicha empresa.