Archivo de la categoria 'Televisión'

jul 07 2010

Gravedad Cero

Publicado por admin en Televisión

Cuidado con esta entrada, que contiene spoilers de varias series de TV.

Hace dos temporadas que dejé de seguir Héroes. No es que dejara de gustarme, es que los horarios me lo hicieron imposible. Terminé de ver Battlestar Galactica, aunque tengo algunos huecos en la 4ª temporada, y además quiero ver con calma el final. Tengo los DVD, pero a causa de mi enfermedad, y de otros asuntos, no he tenido tiempo. Terminé de ver Perdidos (me gustó el final) y también Flashforward (me gustó el final, aunque no el capítulo final). No he comenzado Caprica, y no pienso hacerlo en tanto no repase Galactica. Las series del universo Stargate hace años que dejaron de engancharme, aparte de que los cruces, vueltas y revueltas que han dado me han complicado mucho seguir los hilos.

En fin, que ahora mismo hay hueco en mi vida para una nueva serie de fantasía, o de ciencia-ficción. Así pues, el domingo me quedé a ver el estreno en la cadena Fox de la serie Gravedad Cero (traducción regular de Defying Gravity, que es el título original). María dijo, directamente, que era un rollo. Yo, más comedido, sólo dije que me pareció un piloto flojo, y una historia que no es nada original.

Ay, cuánto mal ha hecho Battlestar Galactica a la ci-fi televisiva. En esta serie los personajes le dan muchas vueltas a la cabeza, y se ven obligados a mostrar sus sentimientos y sus pensamientos en unas circunstancias post-apocalípticas. Como todo esto funciona muy bien en Galactica, montones de series se han visto seducidas para hacer lo mismo.

Y así, el principalísimo problema de Gravedad Cero es que pretende ser una serie reflexiva, de éstas con voces en “off” (o mejor, la única voz en “off”, la del astronauta Donner) y mucho “trasfondo” intelectual. Tanto que del protagonista, Donner (un Ron Livingston bastante extraviado, a mi juicio), sólo sabemos que está traumatizado y estigmatizado por haber dejado a su suerte a dos astronautas en Marte, y que es un tío enrollado, de estos que van a ver y a aguantar a su padre borracho, de los que pueden convencer a un suicida de que no se tire, y también de ese tipo de hombres sensibles capaces de no entrarle a una mujer por no rendirse ante sus instintos.

Como con semejante protagonista no hay mucho donde rascar, el resto de personajes están todos tocados del ala, para que cada uno, por turne, vaya mostrando su extravagancia personal en pantalla. Así, tenemos a Wassenfelder haciendo de pornógrafo, a Ajay Sharma dolido en el alma porque ha fallado su vocación, a Jen mosqueada porque viaja sin marido, a Ted Shaw doblemente jodido porque es el marido de la jefa, y además custodio de un secreto inconfesable que afecta a toda la misión (el mcguffin de la serie), y a Zoe embarazada y oyendo llantos de bebé. Sé que me dejo alguno, pero es que tampoco quería pasar lista.

Tan claro debieron verlo lo propios creadores de la serie, que ya en el piloto se están llenando algunos huecos con sexo. Simple y puro sexo.

Y la Fox ha debido verlo igual de claro, porque en la promo las escenas de sexo son las más empleadas. Le siguen las imágenes de la nave espacial Antares… con la banda sonora del episodio V de la Guerra de las Galaxias, manda narices.

Los efectos especiales me parecen buenos (no así la física que se supone que está detrás de dichos efectos), y la nave Antares muy bien apañada por fuera. Por dentro no acaba de gustarme. Le falta vida.

No sé si seguiré viendo esta serie. Para pasar un rato en la tarde-noche de domingo sin salir de casa puede tener un pase, a falta de nada mejor. Claro que el listón está tan bajo que me dan tentaciones de sacar los DVD de la Galactica de los 80 y volver a verlos. Incluso con lo mal que ha envejecido esa serie, es mejor, me temo, que Gravedad Cero.

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mar 31 2010

Viendo series

Publicado por admin en Televisión

Antes de comenzar, advierto que esta entrada contiene spoilers de dos series, Flashforward y Perdidos (Lost). Si no las ha visto y no quiere que le cuenten el argumento, no siga leyendo.

Sigo estas dos series al ritmo que me permite la conexión vía satélite, porque si lo siguiera al ritmo de programación de las cadenas de TV al uso, lo llevaría crudo.

Este lunes volvieron a emitir Flashforward tras la pausa que se concedieron para tratar de levantar la serie después de que hubiera perdido el rumbo.

Cuenta Isaac Asimov en La Edad de Oro (última obra suya que leí, y lo hice para entender porqué había dejado de gustarme) que su cuento (relato corto) más premiado y encomiado era Cae la noche. Y también que si alguien le hubiera susurrado al oído este futuro, en el momento de ponerse a escribir, se hubiera quedado clavado en el sitio, impactado por la noticia, incapaz quizá de escribirla, y por tanto, habiendo cambiado su futuro.

Esta anécdota de Asimov es la esencia de la serie Flashforward. Hemos tenido que esperar al capítulo 11 (el primero tras la pausa) para que alguien lo diga: la psicóloga que trata al cada vez más desdibujado e innecesario protagonista, Mark Benford. Y eso que ya vimos cómo uno de los compañeros de Benford se suicidaba para cambiar su flashforward. Este compañero vio que había matado a una mujer, madre de familia, y para evitarlo decidió cambiar el futuro: con él muerto esa mujer ya no moriría por su causa. Por otro lado, tenemos en la serie personajes en mala situación personal que gracias a su flashforward se han recuperado anímicamente y están tras ello dispuestos a comerse el mundo.

A mí me parece que relatar el hipotético futuro de los protagonistas de la serie, en plan coral, es aburrido. Porque, en primer lugar, a veces no interesan ni vienen al caso, y, en segundo lugar, a fin de alargar las tramas están enredando los cruces y descruces de casualidades, con lo que las historias personales no tienen fin. Me parece también que centrarse en la acongojante historia de Mark Benford, con su perspectiva de recaída alcohólica y fracaso matrimonial, es como tratar de observar una gota de agua en mitad del océano. Su caso no es el peor ni el más preocupante. Excepto para Benford y familia, claro. Solo que centrar una historia coral (aburrida) en los traumas de unos pocos, es asimismo aburrido. Y, a todo esto, seguimos pendientes de saber lo que pasó en Somalia.

Tras el regreso parece que la cosa ha cambiado, y, en mi opinión, a mejor. Ahora el núcleo de la historia es el ¿qué pasó y cómo? en lugar de ¿qué me pasó y qué voy a hacer con ello? De lo personal y caótico (amén de aburrido) a lo policiaco. Para ello han tenido que dar dos golpes de efecto. El primero, rediseñar el flashforward de Benford, al que le han incorporado una coletilla que supuestamente antes no recordaba. El segundo, desvelar la identidad del Sospechoso Cero, ese alguien que no se desvaneció durante el flashforward, y que parece la clave de la historia. Con ello, por cierto, han convertido al prescindible Benford en más prescindible aún. Además, como, afortunadamente, ya han “quemado” muchos “recuerdos del futuro” de los personajes secundarios, éstos ya no dan más la tabarra con sus reminiscencias.

Nuevo malo, y quizá nuevo protagonista de la serie: el doctor Simon Campos (Dominic Monaghan). Más entretenido e interesante que Benford, sin duda.

De todos modos, el mal de la serie Flashforward, si es que alguno tiene, es otro. A sus creadores (Brannon Braga y David Goyer) alguien les susurró al oído: “Vais a escribir y producir la serie de fantaciencia más importante de los próximos años, la serie que va a dejar atrás a Battlestar Galactica y a Perdidos…” y ellos se quedaron helados y acongojados. Cuando se recuperaron del susto ya se habían olvidado de que tenían que contar una historia original.

Que conste que, aun con sus defectos, a mí esta serie me gusta, me divierte,  ha sido así desde el comienzo,  y la sigo siempre que me es posible. Si alguien ha deducido de mi crítica que no me gusta, se equivoca.

La otra serie que estoy siguiendo es Perdidos, a la que ya le queda poco tiempo de estar en antena. De las series actuales, pocas, si es que hay alguna, me ha hecho pasar tan buenos ratos de TV ésta. En ese sentido, la temporada final (la 6ª) no me está defraudando.

Pero no es eso de lo que quería escribir. Ayer martes pude ver un episodio centrado en el “inmortal” Richard Alpert, del que acabamos de saber que es español, y chicharrero, por más señas.

A menos que el convertir a Richard en Ricardo el de Tenerife tenga algún sentido que aún no sepamos, la verdad es que a mí no me da ni frío ni calor el origen de este personaje. Peor aún, y aquí es donde quiero llegar, la ambientación (trajes, personajes accesorios, casas, objetos…) que han hecho del personaje parece más válida para la isla de Cuba en 1817 que para la isla de Tenerife en 1867. Quizá en este caso se hayan pasado de frenada los productores y guionistas de Perdidos, que por lo demás cuidado los detalles con mucho mimo. No sé. En Perdidos las cosas pocas veces son lo que aparentan, así que a lo mejor los detalles que hemos visto son relevantes. Si no es así, la verdad es que a mí me importa muy poco que haya un personaje de esta serie que sea español, si a cambio retratan un trozo de España con el típico cliché de país chicano lleno de gente que se afeita una vez al mes y lleva lamparones de grasa y de sudor en la única ropa que tienen.

Richard/Ricardo cabalgando en 1867.

Además de esto, el capítulo me pareció el más flojo de esta temporada final hasta el momento. La verdad, hay cosas de esta serie, o de otras, que no es imprescindible explicar. La desesperación de Richard tras la muerte de Jacob, al cual había dedicado su vida “inmortal”, y la explicación del tapón de la botella como metáfora de la Isla, sí son cosas relevantes, y no si Richard se llamaba Ricardo.

Por cierto, tengo ganas de saber porqué el arma que hay que usar contra Jacob y contra John Locke ha de ser necesariamente un pugio romano. Por lo visto no vale otra arma blanca. ¿O sí?

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nov 11 2009

“Boston Legal”, serie que ya no veré

Publicado por admin en Maldiciones,Televisión

Comencé a ver “Boston Legal” porque quería ver la serie por la que William Shatner había ganado el premio Emmy (más cuatro nominaciones posteriores). Me engancharon los personajes de Alan Shore (James Spader) y Danny Crane (Shatner), dos sirvengüenzas, vividores, obsesos por el sexo, deslenguados, y (a su manera) profesionales, y con no poco éxito. Las escenas finales en que Shore y Crane terminan su jornada laboral fumándose un buen puro, regado por una buena copa, mientras miran la ciudad de Boston desde sus sillones, me despertaban cierta envidia, para qué voy a negarlo. Nunca seguí la trama con atención, excepto cuando estos dos salían en pantalla hablando de sus putañeos. Me divertían un montón con esos diálogos, especialmente aquellos en los que Shatner se hacía el loco, como si por la edad tuviera la cabeza ya ida.

No seguí la serie. Mi tiempo es limitado, y no da para seguir mas que unas pocas (muy pocas) de las que me gustan; ésta no era de ésas. Sin embargo, a ratos la seguí viendo en mi tele, y en la Fox, cuando en casa de mis padres agarraba el mando a distancia de la TV por satélite y no había cosa mejor en Calle 13 o el Sci-Fi.

Recientemente he vuelto a ver capítulos de esta serie en la Fox. Creo que son de la 4ª temporada. Estos capítulos han conseguido que ya no me guste la serie. Quizá tendría que haber seguido sin atender a lo que decían los personajes cuando hablaban de sus casos. Porque, sencillamente, me he hartado de las tonterías de abogados que sueltan en pantalla para ganar los casos. En realidad es siempre la misma tontería. De un caso particular infieren un caso general en el que la parte oponente es una representación de un poder en la sombra (es decir, es un Poderoso de estos de opereta, u-u-uh, qué miedo) o es alguien que tiene una agenda oculta (es decir, es un Hipócrita al que hay que desenmascarar, o-o-oh, qué miedo), y las escenas de los alegatos se resumen en uno de los abogados diciendo parlamentos del estilo de:

(a) En el caso de una mujer que demanda a una tabaquera por la muerte de su padre a causa del tabaco no prueban la relación causa-efecto, ni tan siquiera con un informe médico ad hoc, pero truenan con cosas como sabemos que las tabaqueras gastan tanto en campañas sanitarias porque producen el efecto contrario y enganchan a la gente; ¿porqué creen ustedes (al jurado) que inventaron el tabaco mentolado? Para enganchar a los más jóvenes. Ustedes saben que ganan millones al año, y que miles de personas mueren por el tabaco…

(b) En el caso de un creyente de la Cienciología que demanda a su empresa por un caso de supuesta discriminación por sus creencias truenan con ¿no hemos permitido ya demasiadas veces que los empleados se escuden en sus creencias para excusar su comportamiento? ¿No creen que la libertad de conciencia está sobrevalorada, y que es hora de que el empleador pueda exigir a sus empleados una dedicación que de otro modo, por sus creencias, no realizarían? Ustedes saben que en nombre de la libertad de conciencia se han permitido demasiadas cosas…

(c) En el caso de un anciano (el mismo Shatner) que se intoxica porque se automedica con varias docenas de pastillas distintas que ve anunciadas en la TV, se despacha con las empresas farmacéuticas gastan dinero en esos anuncios para que los ancianos compren sus pastillas, y les da igual si lo hacen sin prescripción, porque ése es su negocio. Si los ancianos ven los anuncios y se creen lo que les dicen ¿qué más les da? Ellos saben (y otro tanto el jurado, cuando les toque, se sobreentiende) que son gente que tiene tantas molestias que por una más no van a quejarse…

Me dan repelús estos argumentos del estilo todos ustedes saben que… porque son en el fondo la abdicación de la argumentación, reemplazada por la llamada a la solidaridad de la tribu por la vía de lo peor de ella, la leyenda urbana, el prejuicio, la culturilla… para sustituir al imperio de la ley e incluso a la ley misma. Miedo me da pensar en el día en que en los tribunales españoles (dotados de jurados populares gracias a la peor estupidez contenida en nuestra Constitución) haya charlatanes que hagan lo mismo; de hecho, en la serie LEX ya nos daban una breve introducción al asunto. Miedo me da pensar que justo es ése, el truco de inferir un caso general de uno que sólo lo es particular, el que hace decir todos ustedes saben que cuando una mujer (sic) de 16 años aborta lo hace porque…

En el fondo, además, lamento haberme dejado deslumbrar por una serie en la que los personajes principales sólo son admirables por ser unos charlatanes desvergonzados, amigos de todo tipo de excursiones sexuales, vividores, perdonavidas y chulescos.

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oct 07 2009

Flash Forward

Publicado por admin en Televisión

Ayer por la noche vi el episodio piloto de Flash Forward. Lo vi en Cuatro, cosa que, de paso, como no soy habitual de esa cadena (de hecho, no soy habitual de casi ninguna cadena de las que emiten en abierto), me permitiría ver la manera en que ese canal trata a las series. Por si me reengancho a Perdidos a través de Cuatro, mayormente.

Me gustó el episodio piloto. Ojo, que vienen espoilers Si no ha visto el episodio y no quiere enterarse, no siga leyendo.

Lo vi un poco flojo en cuanto a crear tensión, eso sí. Me explico. Tras el apagón, yo me esperaba un primer episodio más apocalíptico. Tantos aviones estrellados, tantos trenes fuera de control, tantos coches circulando por carreteras atascadas… dan mucho juego para que el despertar sea tan terrorífico como el día después de una guerra nuclear. Pero tal vez esto sea defecto mío, a causa de mi afición por las historias post-apocalípticas. Aun así, por ejemplo, la escena en que se ve al agente Mark Benford (Joseph Fiennes) arreglando la puerta del garaje la noche del día del flash forward, justo cuando aparece su amada esposa, a la que no ha visto en todo el día (aunque sí ha hablado con ella después del apagón) es de chiste. ¿La pasión, el temor a la pérdida, la preocupación de ella por la hija a la que aún no ha visto, el miedo al flash forward? Nada. Un chistecito de él y a otra cosa.

Por lo demás, el episodio me pareció entretenido. Deja abiertas varias posibles líneas de desarrollo de los distintos personajes y la influencias de los flashes en sus vidas, excita la curiosidad del espectador por saber qué va a ocurrir y cómo (sobre todo, excita la curiosidad por saber si el futuro que han visto puede ser cambiado o no), y, sobre todo, deja abierta la posibilidad de contar más historias, muchas más historias. Y, tal como entiendo yo el cine y la TV, esto es de lo que se trata.

Reflexionando sobre esto, caí en la cuenta de que hace mucho (con la excepción quizá de Star Trek 2.0 y Gran Torino; ésta no ha sido comentada en el blog) que no veo en el cine momentos de tensión o historias tan interesantes (al menos para mí) como las que veo en la TV. No sé a qué se debe, pero lo cierto es que las últimas películas que he visto no han terminado de divertirme lo que yo pensaba que iban a divertirme. No es de extrañar que cada vez me vuelva más adicto a las series. A las series, que no a las televisiones. Porque el maltrato que hacen la mayor parte de las cadenas a las series es como para no verlas más y pasarse con armas y bagajes a la red o a las cadenas temáticas de pago. De hecho, lo que yo hago la mayor parte de las veces. Cada vez que recuerdo el baile de horarios de Smallville o Perdidos en La 2 me dan ganas de no volver a ver sus documentales. En ese sentido, Cuatro ayer trató bien a Flash Forward: los cortes publicitarios no fueron ni muchos ni muy largos. Veremos si dura.

Por cierto, esta serie me ha servido también para reconciliarme un tanto con Brannon Braga, que figura como productor ejecutivo, después del fiasco que él y su colega Rick Berman produjeron en Enterprise (o Star Trek Enterprise, a elegir).

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sep 18 2009

¡Agua va!

Publicado por admin en Televisión

Para nadie de mi entorno es un secreto que veo programas del corazón, y que hasta me divierten los circos que montan. Son la versión adulta (para mayores de 18 años) de los payasos de la tele de antaño. No hace falta que se disfracen o algo así. Les sale de natural.

 

Ayer jueves, por razones que no hacen al caso, tuve la ocasión de ver, por la tarde, uno de estos programas casi entero. La vergüenza ajena que me dio no es para contarlo. Hacer de personajillos a medio camino entre la desgracia y la estupidez no sólo no es divertido, sino que rebaja al que participa en tal show, e incluso al que lo ve. No pienso que este tipo de programas vayan a infectar a la sociedad. Al revés: la sociedad es la que ha infectado a estos programas. Por eso no he puesto esta entrada en la categoría de Maldiciones. Ellos no tienen toda la culpa.

 

Sospecho que todo funciona porque nos gusta ver cómo gente más vulgar, cotilla, insignificante, y arrabalera que nosotros (aunque algunos tengan carreras universitarias), se porta mucho peor de lo que nosotros lo hacemos. Debe de ser que así quedamos tranquilos: siempre podremos señalar a la picota y mostrar gente que es peor que nosotros.

 

Luego, por la noche, mientras estaba en otra cosa, puse esa fábrica de ruido blanco que es la TV, y en ella tuve la desgracia de sintonizar ese programa que antes era un experimento sociológico (y debe serlo aún, porque dudo de que una muestra de españoles extraídos al azar arroje tal cantidad de gente situada en cualquier extremo de cualquier escala), y que ahora, sin que (quizá) deje de serlo, se ha convertido en el púlpito desde el que una gran predicadora imparte doctrina mientras muestra (escandalizada como una niña de colegio de monjas) las barbaridades que los sujetos del experimento. Por los resquicios del sermón se escapan las reglas: si gritar ¡maricón! es motivo de sanción (y de escarnio público, con aplauso del respetable incluido), o amenazar con arrancar la cabeza (sic) a otro es reprobable y sancionable, el querer llegar a las manos con otra concursante (y si no se llegó fue porque otros dos se interpusieron), mientras se echan pestes por la boca, debería serlo también.

 

¿El público? Bien, gracias, encantado de tanta carnaza: 

QUE ES ESO DE LLAMAR MARICON A SISCO?? GONZALO gracias a dios FRANCO MURIO HACE AÑOS tu no eres nadie para usar esa palabra en ese tono y con esos aires de herir al pobre siscu… ojala y te hubiera partido la boca!, te merecias eso y mucho mas,…. pero como es mucho mas caballero que tu se aparto… estas donde tienes que estar en la puta calle!

Por primera vez en mi vida me estoy planteando dejar de ver estos programas.

 

Nunca jamás he invertido un céntimo en comprarme una revista del corazón, y si tuviera que pagar por estos contenidos, en prensa, internet o TV, no lo haría. Nunca. Lo que sucede es que, eso aparte, ayer me dio acidez de estómago ver estas porquerías una detrás de otra. Así que ni mi tiempo de ocio, ni mi desprecio, ni mi vergüenza ajena, quiero que se dilapiden ya en estos entretenimientos.

 

Aclaro: nunca he seguido Gran Hermano ni tampoco ninguno de los demás programas que se le parecen (Factor X, Operación Triunfo, etc.); los que hasta hoy he seguido y visto son los otros. Pero debe ser que los del experimento dan mucho juego una vez salidos de la probeta del laboratorio, porque luego los veo en otros programas contando su vida y milagros al lado de los hintlektuales de siempre. Por tanto, sí, sé quiénes son, quizá para mi desdicha.

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jul 07 2009

Lectura del día (IX)

Publicado por admin en Televisión

(…) José Manuel era todo lo contrario de un tipo fino. Gordo, desaliñado, daba siempre la sensación de haberse afeitado dos días antes. Vivía en constante obsesión erótica y desnudaba con la mirada a cualquier mujer, aunque fuese la mujer de su prójimo. No podía hablar con una señora medianamente atractiva sin imaginársela enredada con él en una aventura. A pesar de ello, José Manuel no podía contar entre sus logros más que algún pellizco dado a la criada de turno y la frecuencia de las venus mercenarias a tanto el suspiro. Cuando hablaba por primera vez con algún hombre intentaba rápidamente establecer un asomo de confianza para llevarle al tema de las mujeres y en seguida, con gesto picarón, le decía: “Yo soy muy putero, ¿sabe usted?”

Y lo era; además de gordo, rudo, y poco aficionado al jabón. A nadie se le hubiera ocurrido compararle con una damisela (…)

Inexplicablemente, José Manuel, tan lujurioso y poco delicado, quizá por la alta estima que le merecía su virilidad, temblaba con sólo pensar que alguien la pusiera en duda.

(…)

Repetía con inconsciente machaconería palabras y razones poseído por un encono desproporcionado, excesivo, feroz. La honra, la suya, le preocupaba obsesivamente; la veía siempre amenazada, siempre en peligro. Para una honra tan importante como su honra no había enemigo despreciable: una broma de amigo, un insultito de partida de cartas dicho sin ánimo de causar ofensa grave, una alusión, un comentario en tono dubitativo sobre su virilidad o, simplemente, sobre su capacidad económica -que también en esto era muy picajoso- le entregaban a un frenesí ofensivo-defensivo totalmente injustificado. Tenía miedo a las falsas interpretaciones (…)

Esta reseña de “Zamora y Gomorra” de Ángel Palomino (edición de Planeta, 1980) cuadra perfectamente con esta noticia:

Cuando un menor cuelga una foto suya en internet, esa foto es de “todos” y puede acabar en cualquier parte; ese es el mensaje de un ‘spot’ producido por Telemadrid, que han impulsado el Defensor del Menor, Telefónica y la Obra Social de Caja Madrid para fomentar la responsabilidad de los adolescentes.

A lo que parece están convencidos de que internet está llena de esos José Manuel a los que retrata Palomino. Tienen miedo de espantajos a los que creen ver hasta en la sopa. Y quieren que los demás también temamos.

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abr 21 2009

Recuerdos

Publicado por admin en Televisión

Gracias a la memorabilia que es internet he podido volver a ver uno de los anuncios más bellos de la TV española.

Anuncio de desodorante FA en los 80

¿No es suficiente? Bien, pues entonces aquí va otro. Está en alemán, pero eso no lo hace menos bello.

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dic 31 2008

Fin de año

Publicado por admin en Televisión

No voy a ver ningún especial de fin de año de ninguna cadena. Palabra. Si me quedo ante la tele, tengo varias temporadas de Star Trek y de Galáctica para ir tirando hasta la hora que me apetezca. Hubo un tiempo en que estos especiales sí tenían interés para mí. Curiosamente, cuando la TV era monopolio del estado y sólo había dos canales y poco. Ahora, a más canales, más ganas de perder el tiempo en fin de año. o así me lo parece. De aquellos años viene uno de los mejores gags de la historia de la tele en España. Éste.

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oct 26 2008

Real como la vida misma

Publicado por admin en Televisión

El vicio solitario que más practico (tras la lectura) es el visionado de programas “del corazón” y subderivados. Incluso, a veces, de los programas “reality” que nos muestran la “vida-real-de-verdad-de-la-buena” de unos cuantos individuos seleccionados (supuestamente) por su cualquierismo, esto es, porque son como cualquier otro españolito. Si estos programas me hacen sentir una gran vergüenza ajena, los soporto (lo poco que los soporto) sólo porque de ahí nace la carnaza que en no poca medida alimenta a los programas “del corazón”. Leo que no soy el único al que le pasa:

(…) cuando empezó Gran Hermano me dispuse a seguirlo con fidelidad y devoción. Cada día intentaba convencerme a mí misma que era sólo cuestión de esperar un poco, de dejarme seducir. Pero es imposible ser seducida por personas sin capacidad de seducción alguna. Sinceramente, ver a individuos anónimos luchando desesperadamente por dejar de ser anónimos mientras se lavan los dientes, tienen la casa revuelta, se sientan como sacos desvencijados y lavan la ropa de pascuas a ramos, no es plato de gusto. Para eso tuvimos el injustamente denostado ejercicio de granhermanismo con famosos que fue Hotel Glam, con aquel casting divino, impagable, que nos engachó desde el primer día.

Creo que apenas he visto Gran Hermano en su horario habitual, pero como se dedican a ponértelo a todas horas del día en todos los programas de la cadena, ha sido imposible abstraerme del todo. Lo he intentado todo, decirme a mí misma que Pepe estaba bueno y me gustaba, interesarme por las trifulcas y aprenderme las frases denigrantes que se han dedicado las concursantes en sus peleas de gatas… nada, que no hay manera. El momento más cercano al verdadero interés se produjo con la irrupción en la casa de Inma, con su maquillaje, sus oros y sus estilismos. Pero siempre nos pasa lo mismo, hay personajes que nos encantan, nos encanta que existan, pero no querríamos toparnos con ellos bajo ningún concepto. Son muy totales para verlos por la tele, pero son de un chunguerío que asusta.

Ciertamente es complicado sentir interés por gente cuyo único mérito (y encima presumen de ello) es hacerse la cama todos los días, como si fuera algo maravilloso que ofrecen al mundo. Por el contrario, y aquí disiento de Alaska, a mí sí me interesan (cuando logro superar el alipori) las peleas de gatos entre esta gente. Porque cuando veo un programa de “debate” (en los que están los habituales maestros Liendre -que de todo saben y de nada entienden-), son esas mismas “habilidades” diálecticas las que, con pocas excepciones, se usan para “argumentar” y/o “convencer”. Y porque si algún día tengo la mala suerte de discutir en la cola de la frutería o de carnicería, ésas “habilidades” dialécticas se desplegarán contra mí. Nunca es malo conocer el arsenal del enemigo.

Sin embargo, el “cualquierismo” de los jugadores, o concursantes, o lo que sean, no es el núcleo de la cuestión de estos programas “de-la-realidad-real-de-verdad” sino que quien entra sin mérito permanece (o se marcha) sin más ni menos mérito que el que tenía a la entrada. Y por ello Alaska llega a unas conclusiones que además de divertidas tienen su miga. ¿Quieren experimento social? Venga, experimentemos:

Sus reflexiones me han inspirado un nuevo modelo para Gran Hermano. Nos lo venden como la vida en directo, como que el comportamiento de esos seres observados es natural y espontáneo, cuando todos sabemos que el objetivo transforma hasta el lenguaje corporal del observado. Puestos a hacer experimentos, hagamos uno de verdad. ¿Por qué no varias casas, cada una con unas reglas que las conviertan en distintos modelos de aplicación de sistemas económicos?

En la casa capitalista, los concursantes tendrían que trabajar para pagar su alimentación, su alojamiento. Dependerían de sus capacidades y el equipo de producción se mantendría al margen, sin suministrarles más que una serie de infraestructuras básicas, que, por supuesto, tendrían que compensar con el pago de impuestos. Bueno, había una banca donde podrán endeudarse según su criterio, no siempre juicioso. Habría habitaciones de lujo, que conseguirían los emprendedores. Pronto empezarían las quejas, pero siempre habrá algún aguerrido autónomo que sabrá salir adelante y superarse.

En la casa comunista, el Estado (bueno, la producción del programa) facilitará infraestructura, comida, todo (en el fondo así es el Gran Hermano oficial), sin lujos, por supuesto, que todos somos iguales. Todos tendrán que trabajar, pero dará lo mismo que haya uno vago y otro diligente. Se pelearán entre ellos cuando descubran la injusticia de proveer al cara dura y todos vayan perdiendo el estímulo.

En la comuna libertaria la producción tendrá que desaparecer del mapa, los concursantes se arreglarán entre ellos con la distribución de bienes, tareas, espacios. Enseguida veremos salir a la superficie las personalidades fuertes que se quieren imponer y las que de verdad quisieran que este sistema funcionara para todos.

Así esa vida en directo pondría ante nuestros ojos cada semana las contradicciones del sistema, las falacias en las que nos escudamos cuando no queremos ver la realidad, cuando firmamos felices créditos que nos meten por los ojos, cuando exigimos al Estado que sea paternalista y nos saque de todos los atolladeros en los que nos metemos solitos.

Eso sería, además de divertido, motivo para la reflexión. Televisión educativa, al fin.

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