Mañana es la manifestación en Madrid por la vida y contra el aborto, especialmente contra la nueva ley que quieren aplicar en España. Ya la anuncié en su día.
Acerca de esta manifestación leo en este blog lo siguiente:
El cura de mi parroquia tiende a lo incendiario, más bien; como si tuviera algún gen de Guy Fawkes o alguno de los de la trama de la Gunpowder Plot. Y la arma. Con sus cautelas, que las pone; pero al final, la arma.
Una de las mejores bombas fue cuando clamó, repitió y machacó que “…los católicos estamos sólos; nadie defiende ni promueve nuestros principios, nuestra moral, nadie! Ninguno de los partidos con representación parlamentaria son pro-vida, todos son abortistas, todos son divorcistas: ¡Estamos sólos! Y tenemos que resistir, no podemos ceder nuestra representación política votando a partidos que hacen o permiten leyes contra la vida y la familia…”Para rematar pidió que nadie fuera a la manifa del 17-Oct, que eso era un engañabobos que no servía para nada, sino para irritar a unos y desactivar a otros, porque el aborto se hace/se legaliza en el parlamento y el parlamento se vota en elecciones: “…El que sea de verdad católico y pro-vida que lo demuestre en las urnas eligiendo partidos que defiendan y promuevan ideales en consonancia con la fe y la moral católicas; y si no los hubiera, no se vota. Pero una manifestación, a estas alturas, es una pantomima sin sentido y sin efecto…”.
Yo, respetuosamente, y sin ser mejor persona ni mejor católico que el sacerdote en cuestión ni tampoco que el autor del blog, discrepo de la mayor. Admito como premisa que no hay ningún partido político con representación parlamentaria que no sea abortista o divorcista, en mayor o menor medida, con cautelas o sin ellas, pero que sea lo uno y lo otro. Con el rígido sistema de partidos que tenemos en España, y con las leyes electorales actuales (que no considero malas ni tiránicas; solamente que ayudan a la rigidez partidista), pretender causar un efecto electoral con la movilización del voto católico me parece una ilusión, por no entrar en detalles de cuál sería la magnitud de dicho efecto, si la hubiera.
A lo largo de los años he leído (y me han echado a la cara) argumentos del estilo que forme la Conferencia Episcopal un partido y si ganan que hagan ellos las leyes. Eso quisieran ellos. De verdad que lo quieren. Con un partido católico confesional en el juego de partidos, esta misma gente consideraría justificadas todas las trampas y todas las barbaridades habladas y escritas, así como la presión a los políticos a través del continuo escrutinio de su vida pública y privada. Con un Gobierno sostenido (aunque fuera sólo en parte) esta misma gente admitiría como válido cualquier desacato y cualquier algarada. ¿Acaso no somos los católicos primos hermanos de los talibanes, según ellos?
Eso es jugar en su propio terreno, el de los partidos, el del basural donde cualquier pelafustán (o pelafustana, no voy a discriminar) puede insultar y mentar a la madre (o a la Madre) como algo lícito y hasta perfectamente ético, pues que el afán de poder puede comprar conciencias. Ésa es la historia del mismísmo Lucifer, sin ir más lejos.
Más efectivo es la manifestación, creo, y no solamente en la calle. Más atractivo es, en tanto que miembros de la sociedad en que estamos, y en tanto que personas dotadas de entendimiento y autonomía, unirnos para manifestarnos en pro de un objetivo. En el fondo, me da la impresión, por lo que escucho y leo (en blogs y webs, y no pongo enlaces porque no me da la gana darles tráfico) de que a eso le tienen mucho más respeto, en el sentido de que esos son ciudadanos y votos bien visibles, incontrolados por su propia naturaleza, bien diferentes de los pesebres donde les gustaría que los católicos paciéramos. Y eso sí es demostrar la fuerza, el vigor, de una parte de la sociedad a la que los políticos de los todos los partidos quieren bien dócil.
Por ello también, y no sólo para defender la vida del no nacido oponiéndose al aborto, yo recomiendo que el que pueda vaya a la manifestación.

Actualizado a las 18:55:
Escrito lo anterior, me encuentro este magnífico post en Barcepundit donde José M. Guardia (ateo contrario al aborto, como él mismo dice, y no es el único caso que conozco) viene a expresar lo mismo, pero de otra manera:
Si realmente se quiere que estas protestas sigan un poco el modelo de las Tea Parties que tanto éxito han tenido en Estados Unidos, con millones de personas de a pie saliendo a la calle de forma espontánea sin otra organización que grupos de facebook y páginas de internet (por mucho que digan algunos), lo primero que hay que hacer es mantenerse a distancia de cualquier figura política u organización social de relevancia. Si es una reivindicación popular debe “mantenerse popular”, evitando que ese éxito sea “secuestrado” y que el adversario pueda deslegitimar lo ocurrido diciendo que es algo meramente partidista, organizado por la oposición (deberían recordar lo que se dijo en la época de las manifas noalaguerra quesmuperra) . Es por eso por lo que los organizadores de las tea parties han estado rechazando explícitamente cualquier participación de políticos de la oposición, es decir del partido Republicano: no querían que sacaran rédito político, por un lado, ni que Obama dijera “bah, eso son cosas de los republicanos”.
Yendo a la fuente original, Leopoldo Abadía escribe, y vuelvo a estar de acuerdo (subrayado y negritas del propio Abadía):
También les tengo mucho respeto a los Obispos y creo que también deberían quedarse en casa. Y cualquier otro personaje, también. Porque, esa revolución civil que voy diciendo que hay que hacer, la tiene que hacer la gente normalita y ni el Sr. Aznar ni los Obispos son gente normalita, sin ganas de molestar a nadie.
Revolución civil. Justo eso es lo que yo quería decir. Me gusta el término.