Creo que ya he comentado en este blog que me gusta mucho tanto la literatura como el cine apocalíptico y post-apocalíptico. Quizá sea porque, como tantos otros niños y adolescentes de los años 80, soy hijo del “miedo a la bomba”. Hasta mis profesores del BUP (cuanto más progresista, más) insistían en ello.
Bien, como sea, el caso es que soy capaz de ver películas-bodrio, siempre que sean sobre la materia. Una de ellas fue El cartero, con Kevin Costner como protagonista. No me pareció mala historia. Tenía elementos valiosos como para construir una buena película post-apocalíptica. Pero, por desgracia para la película, estos elementos se montan en un desarrollo demasiado laaaargo de la historia que la hace abiertamente aburrida a ratos. Y cuando el guión se aparta del relato original (ahora puedo juzgarlo), las nuevas escenas carecen de la capacidad de enganchar, aunque tienen más acción.
Con todo, me apunté mentalmente (mira que hace años de ello) que me interesaba conseguir el relato original para poder comparar el filme con el libro. Por fin he conseguido el libro, ya lo he leído, y estoy en condiciones de juzgar.
Por cierto, a partir de aquí comienzan espoilers tanto del libro como de la película, por lo que si no desea que le cuenten uno u otra, no siga leyendo.
La primera diferencia notable entre una obra y otra es que el personaje de Gordon Krantz (el falso cartero) es en el libro un idealista que se inventa una mentira para salir de un apuro y se ve envuelto en ella hasta tal punto que se la acaba creyendo; el de la película sigue el proceso a la inversa: es un pícaro que se inventa una historia para vivir del cuento, pero le envuelven en ella y termina creyendo en el ideal que se ha inventado (e impostado). El primer Gordon no cree que el fin justifique los medios, hasta que al final se convence de que el fin, una de las Grandes Cosas de las que habla a veces, es superior a su mentira y a sí mismo. El segundo Gordon está convencido de que el fin (sobrevivir) justifica los medios (mentir), hasta que al final llega a la conclusión de que la bondad que resulta de su mentira le redime de culpa. Llegan los dos a una conclusión parecida, pero el camino no es el mismo. Y el desarrollo del personaje, por tanto, tampoco.
Esta diferencia no es nada trivial. Los apartes de Gordon Krantz consigo mismo (que llenan más de la mitad del libro y casi la tercera parte de la película) tienen más sentido en el primer caso que en el segundo. Las tentativas de abandono de la superchería también tienen más sentido en el libro: es un Gordon cuya moral (no destruida por la Guerra Fatal) no soporta seguir viviendo de mentiras.
La novela tiene dos puntos de ciencia-ficción que la película omite: Cíclope, el superordenador, y los hombres aumentados. El primer punto no hubiera animado mucho la película, porque de pícaro a pícaro todo hubiera quedado más o menos. El segundo punto, por el contrario, le hubiera añadido a la película unas escenas de acción que podrían haberla animado. El final de la película (la pelea entre Macklin y Gordon) hubiera sido otro. Por cierto, hablando de finales, mucho más sólido (por lo creíble) el del libro que la cursilada de la película.
En varios aspectos la novela se ha quedado anticuada. El miedo a la Bomba se ha transformado en el miedo a la Enfermedad; los holnistas son un enemigo menos aterrador que los zombis o una pandemia. La ciencia-ficción del libro tampoco es nada del otro mundo. Pero la he leído con agrado, y me queda la sensación de que una adaptación más fiel de las escenas que nos narra David Brin en El cartero hubiera hecho funcionar mejor la película.
Un último asunto. Hay una escena en el libro que me ha parecido magnifica porque le da sentido a muchos relatos de ficción post-apocalípticos. Es la escena en la que Gordon Krantz y su patrulla viajan de regreso al valle de Villamette después de haber viajado al sur para pedir auxilio. Una noche Gordon se aleja de la hoguera de su campamento, echa a andar por el bosque, y por un momento se siente tentado a alejarse para dejar atrás la responsabilidad de ser el señor Inspector, la de cuidar la vida de sus carteros, la de ser encargarse de la custodia (y superviviencia) de varias comunidades humanas… y para dejar atrás una vida de impostor que le está requemando. ¿Saben quién me vino a la memoria en ese instante? Al Padre de La carretera de Cormac McCarthy. A este otro personaje literario me lo imagino también liderando por la fuerza de sus convicciones un grupo post-apocalíptico, hasta que les da la espalda para poder vivir protegiendo a su hijo.
En fin, que me ha agradado leer esta novela. Mucho mejor que la película.