Archivo de octubre, 2008

oct 31 2008

De polvos y lodos

Publicado por en Historia

Amon sufría, como de costumbre, un leve dolor de cabeza y sentía cierta fatiga por el febril insomnio de la madrugada. Pero ahora que estaba allí, experimentaba cierto júbilo profesional. Era un gran don del partido nacional socialista a los hombres de las SS esa posibilidad de entrar en batalla sin riesgo físico, y de alcanzar honores sin los inconvenientes y las incomodidades de recibir un disparo. Era más difícil obtener la impunidad psicológica. Todo oficial de las SS tenía algún amigo que se había suicidado. Los textos de instrucción de las SS, escritos para combatir esas fútiles bajas, señalaban el necio error de creer que un judío, aunque no llevara armas a la vista, estaba desprovisto de armamento social, económico y político. En verdad, estaba armado hasta los dientes. Debéis endureceros, decían los textos, porque un judío es un enemigo mucho más poderoso de lo llegará nunca a ser un ruso; una mujer judía es una biología entera de traiciones, y un niño judío una bomba de tiempo cultural.

Amon Goeth se había endurecido. Se sabía intocable, y la sola idea le daba la deliciosa excitación que puede sentir un corredor de fondo cuando se siente seguro ante una competición. Amon despreciaba cordialmente a los oficiales que dejaban la acción a sus soldados y a sus suboficiales. Sentía que, de algún modo, eso era más peligroso que poner personalmente manos a la obra. Mostraría el camino, como lo había hecho con Diana Reiter. Conocía la euforia que iría en aumento durante el día, y la gratificación que sentiría, junto con el deseo de beber, cuando llegara el mediodía y el ritmo de la acción aumentara. Incluso bajo la sordidez de esas nubes sabía que ese día había de ser uno de los mejores, que cuando fuera viejo y su raza se extinguiera, los jóvenes preguntarían maravillados por días como éste.

Tomado de “La lista de Schindler”, de Thomas Kenneally.

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oct 30 2008

Lectura del día (II)

Publicado por en Historia Militar

Nunca me han convencido las definiciones tales como “guerras de cuarta generación”, “guerras posmodernas”, “guerras asimétricas”, y otras zarandajas similares. En primer lugar, porque teorías que tienen que abarcar mucho tienden a apretar poco. Léase la definición wikipédica anterior para entender que quiere decirlo todo y no dice nada. O léase el original en inglés (aquí) del mismo artículo. ¡Oh, sorpresa! “Las guerras de cuarta generación son la política por otros medios, solo que a diferencia de los tiempos del tío Fritz, conducidas por individuos o pequeños grupos de individuos”. Qué original. Oiga, para semejante viaje sobran alforjas. Por no mencionar que considerar la Tercera Guerra de Iraq de 2003 como una “blitzkrieg” fallida, omitiendo la maniobra clave de la Segunda (en 1992, no hace tanto de ello), o pensar que los ataques de Israel en el Líbano en 2006 puedan entrar en la misma categoría, es omitir mucho (pero mucho, mucho) del análisis histórico.

Hace poco tiempo, releyendo a los clásicos, me encontré, de repente, con la solución.

Primero, el planteamiento histórico. Que ni tiene que ver con “web 2.0″, ni nada que se le parezca:

The appearance of the hydrogen bomb has cast a shadow over the world – and the gloom is deepest in the “free world”. Those whom the weapon was designed to protect show a much more acute anxiety. Their increased sense of insecurity is an ironical reflection on the hasty and thoughless way in which their leaders agreed in 1945 to unloose the atomic “Frankenstein’s monster” in order to hasten Japan’s collapse.

(La aparición de la bomba de hidrógeno ha arrojado una sombre sobre el mundo, y la penumbra es más oscura en el “mundo libre”. Aquellos a quienes la bomba estaba destinada a proteger muestran una ansiedad más acusada. Su aumentada sensación de inseguridad es un reflejo irónico de la manera precipitada y poco meditada en que sus líderes acordaron en 1945 desatar el “monstruo de Frankenstein” atómico a fin de acelerar el colapso de Japón)

Por cierto, téngase en cuenta el efecto duradero incluso hoy de esa sensación de inseguridad. Si bien no es la única causa, los movimientos “no-a-la-guerra” que tanto han fastidiado desde 2003, y que pueden remontar sus orígenes a las protestas de los años 80 (el asunto del despliegue de los “Pershing” en Europa), son herederos de esa ansiedad, tanto más acusada cuanto más libre (y por tanto, más dueña de hablar a su antojo) es la gente que la padece.

Tras el planteamiento, el nudo:

Would any responsible government, when it came to the point, dare tu use the H-bomb as an answer to indirect aggression, or any aggression of a local limited kind? (…) So it may be assumed that the H-bomb would not be used against any menace less certainly and immediately fatal as itself.

(¿Se atrevería algún gobierno, llegado el caso, a usar la bomba H como respuesta a una agresión indirecta o a una agresión de carácter limitado? (…) Puede suponerse por tanto que la bomba H no se usaría contra ninguna amenaza que fuera menos evidente y devastadora que el uso de ella misma)

¿Fin de la estrategia? Por supuesto que no. De ahí nace lo que los gurúes llaman “cuarta generación”, y que no es sino una actualización de la maneras de guerrear de siempre, adaptadas a un entorno en el que nadie tendría valor para usar la parte más valiosa, costosa, y sofisticada, de su propio arsenal. Sabiendo que el gran elefante blanco, que previamente había consumido el forraje de los gatos, no se movería so pena de armar estropicio en la cacharrería, los ratones se dedicaban a mosdisquearle las patas.

The H-bomb is more handicap than help to the policy of “containment”. To the extent that it reduces the likelihood of all-out war, it increases the possibilities of “limited war” pursued by indirect and widespread local aggression. The aggressor can exploit a choice of techniques, differing in pattern but all designed to make headway while causing hesitancy – about employing counteraction with H-bombs or A-bombs.

For the “containment” of the menace we now become more dependent on “conventional weapons”. That conclusion, however, does not mean that we must fall back on conventional methods. It should be an incentive to the development of newer ones.

We have moved into a new era of strategy that is very different to that was assumed by the advocates of air-atomic power – the “revolutionaries” of the past era. The strategy now being developed by our opponents is inspired by the dual idea of evading and hamstringing superior air-power. Ironically, the further we have developed the “massive” effect of the bombing weapon, the more we have helped the progress of this new guerrilla-type strategy.

Our own strategy should be based on a clear grasp of this concept, and our military policy needs re-orientation. There is scope, and we might effectively develop it, for a counter-strategy of corresponding kind. Here one may remark, in parenthesis, that wipe out cities with H-bombs would be to destroy our potential “Fifht Column” assets.

(La bomba H es más una rémora que una ayuda en la política de “contención”. Hasta el punto de que reduciendo las probabilidades de una guerra total, aumenta las probabilidades de una “guerra limitada” realizada mediante agresiones locales y dispersas. El agresor puede escoger entre un conjunto de técnicas, diferentes en sus métodos pero todas diseñadas para hacer progresos en tanto hacen vacilar sobre si usar la bomba H o la bomba A.

Para contener la amenaza nos vemos más dependientes de los “métodos convencionales”. Lo que no queire decir que volvamos a los métodos ya conocidos. Debe ser un estímulo para desarrollar otros nuevos.

Nos encontramos en una era en la que la estrategia es muy diferente a lo que asumían los defensores del poder atómico-aéreo, que eran los “revolucionarios” [gurúes] del pasado. La estrategia actualmente en desarrollo por nuestros oponentes está inspirada en la idea dual de evadir y mantener la propia ligazón frente a un poder aéreo superior. Irónicamanente, cuanto más hemos desarrollado el efecto “masivo” del armamento atómico, más hemos ayudado a desarrollar este tipo de estrategia de guerrillas.

Nuestra propia estrategia debería basarse en una clara percepción de este concepto, y [por ello] nuestra política militar debería ser revisada. Hay terreno para poder desarrollar una contraestrategia similar. Aquí podría decirse, entre paréntesis, que barrer ciudad con bombas H destruiría nuestras bazas potenciales de contar con una “Quinta Columna” propia)

Quien esto escribía era B. H. Lidell Hart, en su preámbulo a la edición de su “Strategy: The Indirect Approach” ¡en 1953! Cuando en Corea no se había asentado el polvo de la guerra (y su escasa resolutividad puede apuntarse como ejemplo de la argumentación de Lidell Hart), cuando lo de Vietnam era cosa del futuro, cuando a nadie se le había ocurrido lo de “corazones y mentes”, y es más, cuando los movimientos que alimentarían con sus primeras papillas de sangre a Al-Qaeda y a los “frentes islámicos” estaban todavía eclosionando.

Incluso Lidell Hart nos da una pista: en lugar de bombardear poblaciones, habría que jugar con esas gentes nuestras bazas de una quinta columna que permitiera vencer, y, añado yo, reconstruir a posteriori. Justo la idea que, con 15 años de retraso, parece que empieza a abrirse camino como método para terminar la “insurgencia” en Iraq y Afganistán.

Al-Qaeda, Hamas… e incluso ETA, y hasta los web-terroristas que vemos en el cine y la tele (o hemos leído en las novelas de Tom Clancy), son hijos bastardos de las teorías del poder atómico, que es inútil para eliminar estas amenazas. Lo que no quiere decir que sean impsibles de vencer. Más bien al contrario: son tan vulnerables como lo han sido siempre las fuerzas inferiores en número y peor armadas. Otra cosa es que la política militar y la estrategia sea capaz de rediseñarse en consecuencia.

Releed los clásicos, idiotas gobernantes, y dejaos de las pajas mentales de consultores “fashion” y “2.0″ o, peor aún, “4.0″.

Y, por cierto, quienes se aferran a sus bombas atómicas para mantener su estatus en el concierto de las naciones (léase Rusia, y también, aunque en menor medida, China, India y Pakistán), lo llevan claro frente a sus propias amenazas.

Por cierto, la traducción de Lidell Hart al español es de mi autoría.

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oct 29 2008

Glorias de la nación castellanomanchega

Publicado por en Res publica

De la entrevista a José Manuel Barreda, presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, publicada en el diario “La Razón” el domingo 26 de octubre de 2008.

(…)

P: ¿Vd. También cree que la solución pasa por la socialdemocracia?

R: Ahora más que nunca se hace evidente conseguir el objetivo que siempre ha perseguido: asegurar la tranquilidad de todos los ciudadanos desde la cuna hasta la tumba. En los momentos de crisis, de zozobra y de desempleo, la socialdemocracia es todavía más necesaria.

Hace ahora año y medio vi y escuché (sí, lo escuché) el discurso de toma de posesión de Barreda como presidente de la Junta de Comunidades. Además de comprobar que construye las frases mal (como queda demostrado, además, en la entrevista), y de que el ritmo con que las pronuncia (o así) hace que, en comparación, Forrest Gump parezca un orador que se expresa con fluidez, habló de la pena que les daba a él y a su esposa (que es representante electa por la provincia de Ciudad Real), a finales de los 60 y principios de los 70, el abandono en que se encontraban los monumentos y lugares emblemáticos de Ciudad Real y Toledo. Y, como mejor medio para sacar a esos lugares de la postración y abandono en que se hallaban, apoyaron la restauración de la democracia y el establecimiento de la Comunidad Autónoma. Eso dijo. Ahora viene y nos cuenta que nada de cambio y mejora, nada de progreso. Lo mejor es la tranquilidad de la cuna a la tumba. Vaya cambio de criterio.

Y, por cierto, tranquilidad según y cómo. Hay precios que yo no estoy dispuesto a pagar.

P: ¿Dejaría de ser útil [el nuevo Estatuto de Autonomía, aún en fase de debate parlamentario] si se suprime la fecha de caducidad del trasvase Tajo-Segura?

R: Hay mucha fórmulas para respetar escrupulosamente la Constitución y tener en cuenta los intereses de otros territorios. Soy perfectamente consciente de que todo aquí se interrelaciona y no pretendo vivir en una ínsula aislada del resto de España. Pero hay fórmulas posibles, es de lo que se trata ahora: de que hagamos el trabajo para encontrarlas y podamos suscribir acuerdos que beneficien a todos, al conjunto de España, y también a Castilla-La Mancha.

P: El Gobierno parece dispuesto a rectificar su política antitrasvases. El secretario de Estado del Agua, el señor Puxeu, ha dicho que “gestionar el agua desde los dogmas manejados en los últimos años es un error”.

R: Decir que hay que gobernar sin dogmas es una evidencia. Yo suscribo eso, en esto y en todo lo demás: no se puede ser dogmático, pero si (sic) hay que ser coherente. No se trata de hacerlo allí donde hay más debilidad política, menos habitantes o menos diputados. Esa no es la coherencia hidrológica. Eso sería otra coherencia, pero si sacamos pecho para los trasvases ¿nos olvidamos definitivamente del Ebro? Esa pregunta retórica…

P: ¿Se lo ha preguntado Vd. al Presidente del Gobierno?

R: Hombre claro, y al señor Pruxeu, y a la ministra, y a otros que dicen que no hay que gobernar con dogmas… Estoy muy de acuerdo. ¿Hay que revisar la política antitrasvasista? Es posible, pero hagámoslo coherentemente. Y, sobre todo, se pongan como se pongan, intelectualmente resulta repugnante aceptar un trasvase desde la cabecera y negar uno desde la desembocadura. Yo todavía no he encontrado a nadie que me hay podido justificar uno sí y otro no. Desde la lógica de la planificación hidrológica, no; desde otros, a lo mejor. Pero, entonces, hablemos con claridad.

Hace años que sostengo que el tema del agua (esto es, la política hidrológica de nuestra nación) se ha usado para exarcerbar la envidia (nuestro mayor defecto y condena) de unos españoles hacia otros, para llevar hasta el paroxismo la ya de por sí compleja relación de las Administraciones del Estado unas con otras, y para que hasta el más zote pueda hablar de hidráulica como si fuera un ingeniero.

O dicho con palabras de maestro:

Pujitos era español, y como es fácil comprender, tenía su poco de imaginación, pues alguno de los granos de sal pródigamente esparcidos por mano divina sobre esta tierra había de caer en su cerebro. No sabía leer, y tenía ese don particular, también español neto, que consiste en asimilarse fácilmente lo que se oye; pero exagerando o trastornando de tal manera las ideas, que las repudiaría el mismo que por primera vez las echó al mundo. Pujitos era además bullanguero; era de esos que en todas épocas se distinguen por creer que los gritos públicos sirven de alguna cosa; gustaba de hablar cuando le oían más de cuatro personas, y tenía todos los instintos del personaje de club (…) hubiera hablado quizá del derecho al trabajo y del colectivismo, y en vez de empezar sus discursos así: “Jeñores: denque los güenos españoles…”, los comenzaría de este otro modo: “Ciudadanos: a raíz de la revolución…”

Pero entonces no se había hablado de los derechos del hombre, y lo poco que de la soberanía nacional dijeron algunos, no llegó a las tapiadas orejas de aquel personaje (…) por cuyas razones Pujitos no era mas que Pujitos.

(Benito Pérez Galdós, “El 19 de marzo y el 2 de mayo”)

La escasa inteligibilidad de las frases del señor Barreda (si alguien es capaz de traducírmelas al español, por favor, que use los comentarios para ello), y no sólo por su defectuosa construcción, no ayuda en absoluto a expresar siquiera el planteamiento del asunto. La política hidráulica es de las pocas políticas nacionales dignas de tal nombre que aún nos quedan a los españoles. Si aun eso es terreno para que los Pujitos de turno demuestren que sólo son Pujitos, y nada más, mal vamos, y poco puede esperarse de ello, si no es discordia, división, y orates a lo Pujitos. Como ha venido siendo hasta la fecha. ¿Tranquilidad? Para estar tranquilos, ya te digo yo que sí.

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oct 28 2008

Hoy le envidio, señor Rajoy

Publicado por en Athlétic Club

La foto es del ABC, edición de Toledo, del 25 de octubre de 2008. Si la vista no me falla, lo que tiene en sus manos Rajoy es una camiseta autografiada. Ay, lo mucho que me gustaría tener una así… A la izquierda de la foto, el sr. García Macua, presidente del Athlétic Club. A la derecha, el sr. Basagoiti, presidente del Partido Popular en el País Vasco.

Ah, para los que no conocen San Mamés, la galería de fotos que se ve al fondo es la de los jugadores del Athlétic Club que han jugado con la selección nacional española de fútbol.

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oct 27 2008

Música de lunes (II)

Publicado por en Música

Mal día este lunes. El ordenador no arranca, la mitad del personal está fuera de la oficina (poca ayuda, por tanto, para las tareas de hoy), y me entero por correo electrónico de que hay una asociación que pretende usar dinero de una subvención pública para otorgarse premios a sí misma y a sus asociados.

Nada mejor para descansar la vista y el oído que un ángel: Olivia Newton-John canta uno de los temas de la banda sonora de “Xanadú”. El vídeo, por desgracia, no es de buena calidad, pero merece la pena por ver y escuchar a Olivia.

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oct 26 2008

HispaLibertas (II): ciencia

Publicado por en HispaLibertas

Un nuevo artículo para la sección de Ciencia de HispaLibertas: Extender la vida útil del “Hubble”. En él hablo de las últimas novedades acerca del telescopio espacial “Hubble” y de sus perspectivas de funcionamiento.

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oct 26 2008

Real como la vida misma

Publicado por en Televisión

El vicio solitario que más practico (tras la lectura) es el visionado de programas “del corazón” y subderivados. Incluso, a veces, de los programas “reality” que nos muestran la “vida-real-de-verdad-de-la-buena” de unos cuantos individuos seleccionados (supuestamente) por su cualquierismo, esto es, porque son como cualquier otro españolito. Si estos programas me hacen sentir una gran vergüenza ajena, los soporto (lo poco que los soporto) sólo porque de ahí nace la carnaza que en no poca medida alimenta a los programas “del corazón”. Leo que no soy el único al que le pasa:

(…) cuando empezó Gran Hermano me dispuse a seguirlo con fidelidad y devoción. Cada día intentaba convencerme a mí misma que era sólo cuestión de esperar un poco, de dejarme seducir. Pero es imposible ser seducida por personas sin capacidad de seducción alguna. Sinceramente, ver a individuos anónimos luchando desesperadamente por dejar de ser anónimos mientras se lavan los dientes, tienen la casa revuelta, se sientan como sacos desvencijados y lavan la ropa de pascuas a ramos, no es plato de gusto. Para eso tuvimos el injustamente denostado ejercicio de granhermanismo con famosos que fue Hotel Glam, con aquel casting divino, impagable, que nos engachó desde el primer día.

Creo que apenas he visto Gran Hermano en su horario habitual, pero como se dedican a ponértelo a todas horas del día en todos los programas de la cadena, ha sido imposible abstraerme del todo. Lo he intentado todo, decirme a mí misma que Pepe estaba bueno y me gustaba, interesarme por las trifulcas y aprenderme las frases denigrantes que se han dedicado las concursantes en sus peleas de gatas… nada, que no hay manera. El momento más cercano al verdadero interés se produjo con la irrupción en la casa de Inma, con su maquillaje, sus oros y sus estilismos. Pero siempre nos pasa lo mismo, hay personajes que nos encantan, nos encanta que existan, pero no querríamos toparnos con ellos bajo ningún concepto. Son muy totales para verlos por la tele, pero son de un chunguerío que asusta.

Ciertamente es complicado sentir interés por gente cuyo único mérito (y encima presumen de ello) es hacerse la cama todos los días, como si fuera algo maravilloso que ofrecen al mundo. Por el contrario, y aquí disiento de Alaska, a mí sí me interesan (cuando logro superar el alipori) las peleas de gatos entre esta gente. Porque cuando veo un programa de “debate” (en los que están los habituales maestros Liendre -que de todo saben y de nada entienden-), son esas mismas “habilidades” diálecticas las que, con pocas excepciones, se usan para “argumentar” y/o “convencer”. Y porque si algún día tengo la mala suerte de discutir en la cola de la frutería o de carnicería, ésas “habilidades” dialécticas se desplegarán contra mí. Nunca es malo conocer el arsenal del enemigo.

Sin embargo, el “cualquierismo” de los jugadores, o concursantes, o lo que sean, no es el núcleo de la cuestión de estos programas “de-la-realidad-real-de-verdad” sino que quien entra sin mérito permanece (o se marcha) sin más ni menos mérito que el que tenía a la entrada. Y por ello Alaska llega a unas conclusiones que además de divertidas tienen su miga. ¿Quieren experimento social? Venga, experimentemos:

Sus reflexiones me han inspirado un nuevo modelo para Gran Hermano. Nos lo venden como la vida en directo, como que el comportamiento de esos seres observados es natural y espontáneo, cuando todos sabemos que el objetivo transforma hasta el lenguaje corporal del observado. Puestos a hacer experimentos, hagamos uno de verdad. ¿Por qué no varias casas, cada una con unas reglas que las conviertan en distintos modelos de aplicación de sistemas económicos?

En la casa capitalista, los concursantes tendrían que trabajar para pagar su alimentación, su alojamiento. Dependerían de sus capacidades y el equipo de producción se mantendría al margen, sin suministrarles más que una serie de infraestructuras básicas, que, por supuesto, tendrían que compensar con el pago de impuestos. Bueno, había una banca donde podrán endeudarse según su criterio, no siempre juicioso. Habría habitaciones de lujo, que conseguirían los emprendedores. Pronto empezarían las quejas, pero siempre habrá algún aguerrido autónomo que sabrá salir adelante y superarse.

En la casa comunista, el Estado (bueno, la producción del programa) facilitará infraestructura, comida, todo (en el fondo así es el Gran Hermano oficial), sin lujos, por supuesto, que todos somos iguales. Todos tendrán que trabajar, pero dará lo mismo que haya uno vago y otro diligente. Se pelearán entre ellos cuando descubran la injusticia de proveer al cara dura y todos vayan perdiendo el estímulo.

En la comuna libertaria la producción tendrá que desaparecer del mapa, los concursantes se arreglarán entre ellos con la distribución de bienes, tareas, espacios. Enseguida veremos salir a la superficie las personalidades fuertes que se quieren imponer y las que de verdad quisieran que este sistema funcionara para todos.

Así esa vida en directo pondría ante nuestros ojos cada semana las contradicciones del sistema, las falacias en las que nos escudamos cuando no queremos ver la realidad, cuando firmamos felices créditos que nos meten por los ojos, cuando exigimos al Estado que sea paternalista y nos saque de todos los atolladeros en los que nos metemos solitos.

Eso sería, además de divertido, motivo para la reflexión. Televisión educativa, al fin.

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oct 24 2008

Un ojo en la plata y otro en el Plata

Publicado por en Economía,Historia

Llevo unos días particularmente interesado por lo que está sucediendo en Argentina. Me refiero al robo (pues no vale otra palabra para la “apropiación”) de los fondos de pensiones de los argentinos que los tenían. Quizá más adelante este asunto se lleve una entrada monográfica, pero por ahora no tengo tiempo para ello.

Este asunto me ha vuelto a lanzar hacia uno de los temas que menos estudiado tengo y que ahora mismo es de los que más me interesa acerca de la Guerra de la Independencia: el dinero y la economía. Por no saber, ni tan siquiera tengo claro cómo funcionaba el sistema monetario, más allá de la doble unidad monetaria escudo de oro-real de plata. Aprovecho para lanzar una botella al océano bítico: si hay alguien que me pueda ilustrar al respecto, por ejemplo, proporcionándome bibliografía, se lo agradeceré.

Y, sí, soy malo haciendo juegos de palabras. Muchas virtudes me adornan (modestia aparte, claro), pero la del sentido del humor no es una de ellas.

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oct 20 2008

Música de lunes (I)

Publicado por en Música,Star Trek

Un fin de semana ajetreado, con cumpleaños incluido. En otro momento contaré algo de la celebración. Como casi todos los allí presentes somos frikis en mayor o menor medida, para este lunes el corte musical es sencillo. Se trata de la música de los títulos introductorios de la serie “Enterprise” (o “Star Trek Enterprise”, como la rebautizaron sobre la marcha):

La misma versión de esta canción, en directo, por su intérprete, Russell Watson:

Me encanta la letra de la canción. La primera vez que la escuché, un sábado a las tres y pico de la madrugada (primera repetición de fin de semana del episodio piloto de Enterprise), me tuvo clavado en el sillón escuchando con la boca abierta. ¡Qué gran presentación de la serie! ¡Y qué canción tan apropiada para unos pioneros! Ésta es la letra:

It’s been a long road,
Getting from there to here.
It’s been a long time,
But my time is finally near.
And I will see my dream come alive at last,
I will touch the sky.
And they’re not gonna hold me down no more,
No they’re not gonna change my mind,

Cause I’ve got faith of the heart,
Going where my heart will take me.
I’ve got faith to believe,
I can do anything.
I’ve got strength of the soul,
No one’s gonna bend or break me.
I can reach any star.
I’ve got faith,
I’ve got faith,
Faith of the heart.

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oct 18 2008

Lecciones te da la vida: “Qué bello es vivir” y el mercado de valores (act.)

Publicado por en Cine,Economía

Se ha enfadado don Juan Carlos Escudier con los economistas liberales, y con los liberales, en fin, todos. Lean, lean entero:

A nuestros liberales de toda la vida el dios del libre mercado se les ha caído de la hornacina y se ha hecho pedacitos porque era de escayola, pero eso no les ha hecho perder la fe y andan buscando una cola de contacto apañada para restaurar la estatuilla. De momento, lo que ya han encontrado es al culpable de este caos que ha puesto en solfa el orden económico mundial. No son los banqueros, ni los especuladores (se siente la reiteración), ni siquiera la quiebra de valores del sistema. El responsable de la crisis más importante desde el crack del 29 es, según nos dicen, el Estado. Pásmense porque, al parecer, estos señores no beben.

El análisis que realizan es teóricamente impecable. El mercado ha funcionado porque ha mandado al carajo a las entidades ineficientes y está obligando al saneamiento del resto, y lo hubiera hecho antes si el intervensionismo de los bancos centrales no hubiera llenado todo de dinero barato para retrasar una crisis inevitable. En definitiva, han sido las autoridades las que han echado gasolina a un fuego que se hubiera extinguido por sí mismo y con menos coste, y esta actuación es la que ha dejado la beatífica mano invisible del mercado a punto de carbonilla en la hoguera de las vanidades.

(…) En resumidas cuentas, el Estado puede ser culpable por retirar dinero del circuito como en 1929 o por poner demasiado como ahora. Jamás se libra. ¿Quién decide cuál es el flujo adecuado? Pues los liberales, aunque siempre a posteriori que para eso estos señores son insignes analistas.

Total, que si los Estados retiran dinero en 1929, se les critica. Y si lo ponen en 2008, también se les critica. Acabáramos. La cuestión es criticar siempre a los Estados, hagan lo que hagan. Porque si una vez hicieron una cosa y no funcionó, ahora hacen la contraria, y funcionará ¿No? Pues no. Porque se ignora el punto fundamental, y es que las intervenciones de los bancos centrales en 1929 y en 2007-08 han sido idénticas: erróneas. Eso es lo criticable.

En “Qué bello es vivir” el protagonista, George Bailey (James Stewart), pequeño banquero de Bedford Falls, tras el crack de la bolsa de 1929 se enfrenta a la pesadilla de toda entidad bancaria: los clientes hacen cola para retirar sus fondos a la vez. Si eso sucede, no sólo el banco quebrará, sino que ni tan siquiera podrá devolver todos los fondos, por la sencilla razón de que no los tiene. “The money is not here” (3′ 59″) le dice a Charlie. Y le insiste: crees que el dinero que trajiste está todavía en la caja fuerte, en forma de billetes. Pero no es así. El dinero depositado está en circulación: en préstamos para la casa de los Kennedy, y en cien sitios más, incluyendo (supongo yo) en la bolsa, para obtener la rentabilidad que permita pagar los intereses de los depósitos.

El bueno de Goerge Bailey resuelve la crisis de liquidez apelando al buen sentido y buena voluntad de sus conciudadanos: no necesitas sacar ahora mismo todo tu dinero, sólo lo que necesites inmediatamente. Al final su reciente mujer Mary (Donna Reed) aporta del bolsillo familiar de los Bailey una suma de dinero con la que poder devolver parte del dinero depositado a los que lo piden. Pero ya las palabras de George han logrado calmar la histeria, y el volumen de reclamaciones ha descendido. Cuando “Bailey Bros.” cierra las puertas, ya han cesado las reclamaciones y aún les quedan un par de dólares. La entidad no está en quiebra.

La escena, por si alguien quiere recordarla entera, puede verla en inglés:

Si la Reserva Federal le hubiera adelantado al bueno de George (y a otros como él) una cantidad de dinero procedente de sus reservas, a bajo interés y largo plazo, con la garantía del Estado, ni los clientes hubieran tenido miedo a quedarse sin sus ahorros (porque los tenían garantizados), con lo que el pobre George se hubiera podido ir de luna de miel, ni tampoco hubiera tenido George que jugarse la supervivencia de su negocio a cara de perro. Hubiera podido, incluso, abrir la mano y permitir la retirada de depósitos a mayor escala. A cambio, claro, los vecinos de Bedford Falls se hubieran perdido esa estupenda y sencilla explicación de cómo funciona una entidad de depósito. Pongamos, equivalente a una de nuestras cajas de ahorros.

Si el bueno de George Bailey hubiera seguido al frente de “Bailey Bros.” entre 2000 y 2005, la escena hubiera sido muy diferente.

Por esos años “Bailey Bros.” hubiera concedido préstamos para la casa de los Kennedy, y también para las vacaciones de Charlie en Cancún, y para que el Mary se comprara un nuevo y enorme coche. Como George podía pedir prestado dinero a bajo tipo de interés (gracias, Reserva Federal), el estudio del riesgo de estos préstamos podía dejarlo tranquilamente en manos del tío Billy. Todo iría como la seda: “Bailey Bros.” se iba endeudando, sus clientes también, pero el dinero fluía porque la gente consumía. No invertía, mucho menos ahorraba: consumía.

Si la Reserva Federal hubiera atajado la escalada subiendo los tipos de interés, o lanzando avisos acerca de los riesgos de las operaciones que estaban emprendiendo, George hubiera tenido que mirar con más detalle cada operación. Alguna de ellas le hubiera parecido ruinosa e innecesaria. ¿Para qué irte a Cancún? ¿Tienes que gastarte en el coche nuevo todos tus ahorros? ¿Hasta el punto de comprometer tus ingresos futuros en el pago del coche? Por ello tal vez le hubiera dicho a su amigo el taxista: “¿No crees que antes de pensar en el coche de tu hijo deberías pensar en los gastos fijos de tu taxi? Recuerda cuando estuviste enfermo y no pudiste trabajar. Pero las letras del coche siguieron llegándote puntualmente.”

Pero la Reserva Federal no lo hizo, y cuando llegó 2007, George Bailey se encontró con que ya no podía devolver el dinero que había pedido prestado, porque sus clientes no podían ya pagarle los préstamos que había concedido “Bailey Bros.” Y así, George hubiera tenido que ir puerta por puerta para convencer a sus vecinos de que renegociaran sus deudas con el banco, o que pagaran algo, aunque sólo fuera una fracción de la deuda pendiente. Porque, de lo contrario, él tendría que echar el cierre. O peor, venderle el banco al señor Potter, que sí podía asumir las deudas porque tenía líquido suficiente para ello. ¿Quién quiere al señor Potter como dueño de todo el sistema financiero de Bedford Falls?

Y, de haber hecho el bueno de George su tarea puerta a puerta se hubiera dado cuenta, hablando con sus vecinos, de que en el fondo de todo la crisis se debe más a lo mal que sus clientes han jugado con sus propios riesgos que a cualquier otro factor. Que se han comportado como nuevos ricos, que se han dado caprichos como niños, que se han gastado lo que no tenían en lo que no les hacía falta, que han ofuscado su inteligencia prestando atención a cosas secundarias, que han invertido mal, y que se han negado a reconocerse responsables de las consecuencias de sus actos. Porque todos ellos, y ésta es la diferencia respecto a sus padres y abuelos, aquellos clientes de “Bailey Bros.” de 1929, han sido educados en el “Just do it”. Hazlo. No lo pienses. Sólo hazlo. Lo han hecho. Y bien que lo han hecho. Ahora, por supuesto, se niegan a reconocerlo y quieren que papá pague la cuenta. O, si a eso vamos, el señor Potter. No es de sorprender que, llegados a este punto, al pobre George le dé un mareo, y antes que ponerse a criticar a sus clientes y vecinos, eche pestes del “liberalismo salvaje”. Es fácil, y, como se lee en el primer enlace, está de moda.

Actualizado 20 de octubre de 2008:

Con un ligero retoque, esta entrada se ha convertido en artículo de opinión en HispaLibertas.

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