Nunca me han convencido las definiciones tales como “guerras de cuarta generación”, “guerras posmodernas”, “guerras asimétricas”, y otras zarandajas similares. En primer lugar, porque teorías que tienen que abarcar mucho tienden a apretar poco. Léase la definición wikipédica anterior para entender que quiere decirlo todo y no dice nada. O léase el original en inglés (aquí) del mismo artículo. ¡Oh, sorpresa! “Las guerras de cuarta generación son la política por otros medios, solo que a diferencia de los tiempos del tío Fritz, conducidas por individuos o pequeños grupos de individuos”. Qué original. Oiga, para semejante viaje sobran alforjas. Por no mencionar que considerar la Tercera Guerra de Iraq de 2003 como una “blitzkrieg” fallida, omitiendo la maniobra clave de la Segunda (en 1992, no hace tanto de ello), o pensar que los ataques de Israel en el Líbano en 2006 puedan entrar en la misma categoría, es omitir mucho (pero mucho, mucho) del análisis histórico.
Hace poco tiempo, releyendo a los clásicos, me encontré, de repente, con la solución.
Primero, el planteamiento histórico. Que ni tiene que ver con “web 2.0″, ni nada que se le parezca:
The appearance of the hydrogen bomb has cast a shadow over the world – and the gloom is deepest in the “free world”. Those whom the weapon was designed to protect show a much more acute anxiety. Their increased sense of insecurity is an ironical reflection on the hasty and thoughless way in which their leaders agreed in 1945 to unloose the atomic “Frankenstein’s monster” in order to hasten Japan’s collapse.
(La aparición de la bomba de hidrógeno ha arrojado una sombre sobre el mundo, y la penumbra es más oscura en el “mundo libre”. Aquellos a quienes la bomba estaba destinada a proteger muestran una ansiedad más acusada. Su aumentada sensación de inseguridad es un reflejo irónico de la manera precipitada y poco meditada en que sus líderes acordaron en 1945 desatar el “monstruo de Frankenstein” atómico a fin de acelerar el colapso de Japón)
Por cierto, téngase en cuenta el efecto duradero incluso hoy de esa sensación de inseguridad. Si bien no es la única causa, los movimientos “no-a-la-guerra” que tanto han fastidiado desde 2003, y que pueden remontar sus orígenes a las protestas de los años 80 (el asunto del despliegue de los “Pershing” en Europa), son herederos de esa ansiedad, tanto más acusada cuanto más libre (y por tanto, más dueña de hablar a su antojo) es la gente que la padece.
Tras el planteamiento, el nudo:
Would any responsible government, when it came to the point, dare tu use the H-bomb as an answer to indirect aggression, or any aggression of a local limited kind? (…) So it may be assumed that the H-bomb would not be used against any menace less certainly and immediately fatal as itself.
(¿Se atrevería algún gobierno, llegado el caso, a usar la bomba H como respuesta a una agresión indirecta o a una agresión de carácter limitado? (…) Puede suponerse por tanto que la bomba H no se usaría contra ninguna amenaza que fuera menos evidente y devastadora que el uso de ella misma)
¿Fin de la estrategia? Por supuesto que no. De ahí nace lo que los gurúes llaman “cuarta generación”, y que no es sino una actualización de la maneras de guerrear de siempre, adaptadas a un entorno en el que nadie tendría valor para usar la parte más valiosa, costosa, y sofisticada, de su propio arsenal. Sabiendo que el gran elefante blanco, que previamente había consumido el forraje de los gatos, no se movería so pena de armar estropicio en la cacharrería, los ratones se dedicaban a mosdisquearle las patas.
The H-bomb is more handicap than help to the policy of “containment”. To the extent that it reduces the likelihood of all-out war, it increases the possibilities of “limited war” pursued by indirect and widespread local aggression. The aggressor can exploit a choice of techniques, differing in pattern but all designed to make headway while causing hesitancy – about employing counteraction with H-bombs or A-bombs.
For the “containment” of the menace we now become more dependent on “conventional weapons”. That conclusion, however, does not mean that we must fall back on conventional methods. It should be an incentive to the development of newer ones.
We have moved into a new era of strategy that is very different to that was assumed by the advocates of air-atomic power – the “revolutionaries” of the past era. The strategy now being developed by our opponents is inspired by the dual idea of evading and hamstringing superior air-power. Ironically, the further we have developed the “massive” effect of the bombing weapon, the more we have helped the progress of this new guerrilla-type strategy.
Our own strategy should be based on a clear grasp of this concept, and our military policy needs re-orientation. There is scope, and we might effectively develop it, for a counter-strategy of corresponding kind. Here one may remark, in parenthesis, that wipe out cities with H-bombs would be to destroy our potential “Fifht Column” assets.
(La bomba H es más una rémora que una ayuda en la política de “contención”. Hasta el punto de que reduciendo las probabilidades de una guerra total, aumenta las probabilidades de una “guerra limitada” realizada mediante agresiones locales y dispersas. El agresor puede escoger entre un conjunto de técnicas, diferentes en sus métodos pero todas diseñadas para hacer progresos en tanto hacen vacilar sobre si usar la bomba H o la bomba A.
Para contener la amenaza nos vemos más dependientes de los “métodos convencionales”. Lo que no queire decir que volvamos a los métodos ya conocidos. Debe ser un estímulo para desarrollar otros nuevos.
Nos encontramos en una era en la que la estrategia es muy diferente a lo que asumían los defensores del poder atómico-aéreo, que eran los “revolucionarios” [gurúes] del pasado. La estrategia actualmente en desarrollo por nuestros oponentes está inspirada en la idea dual de evadir y mantener la propia ligazón frente a un poder aéreo superior. Irónicamanente, cuanto más hemos desarrollado el efecto “masivo” del armamento atómico, más hemos ayudado a desarrollar este tipo de estrategia de guerrillas.
Nuestra propia estrategia debería basarse en una clara percepción de este concepto, y [por ello] nuestra política militar debería ser revisada. Hay terreno para poder desarrollar una contraestrategia similar. Aquí podría decirse, entre paréntesis, que barrer ciudad con bombas H destruiría nuestras bazas potenciales de contar con una “Quinta Columna” propia)
Quien esto escribía era B. H. Lidell Hart, en su preámbulo a la edición de su “Strategy: The Indirect Approach” ¡en 1953! Cuando en Corea no se había asentado el polvo de la guerra (y su escasa resolutividad puede apuntarse como ejemplo de la argumentación de Lidell Hart), cuando lo de Vietnam era cosa del futuro, cuando a nadie se le había ocurrido lo de “corazones y mentes”, y es más, cuando los movimientos que alimentarían con sus primeras papillas de sangre a Al-Qaeda y a los “frentes islámicos” estaban todavía eclosionando.
Incluso Lidell Hart nos da una pista: en lugar de bombardear poblaciones, habría que jugar con esas gentes nuestras bazas de una quinta columna que permitiera vencer, y, añado yo, reconstruir a posteriori. Justo la idea que, con 15 años de retraso, parece que empieza a abrirse camino como método para terminar la “insurgencia” en Iraq y Afganistán.
Al-Qaeda, Hamas… e incluso ETA, y hasta los web-terroristas que vemos en el cine y la tele (o hemos leído en las novelas de Tom Clancy), son hijos bastardos de las teorías del poder atómico, que es inútil para eliminar estas amenazas. Lo que no quiere decir que sean impsibles de vencer. Más bien al contrario: son tan vulnerables como lo han sido siempre las fuerzas inferiores en número y peor armadas. Otra cosa es que la política militar y la estrategia sea capaz de rediseñarse en consecuencia.
Releed los clásicos, idiotas gobernantes, y dejaos de las pajas mentales de consultores “fashion” y “2.0″ o, peor aún, “4.0″.
Y, por cierto, quienes se aferran a sus bombas atómicas para mantener su estatus en el concierto de las naciones (léase Rusia, y también, aunque en menor medida, China, India y Pakistán), lo llevan claro frente a sus propias amenazas.
Por cierto, la traducción de Lidell Hart al español es de mi autoría.