nov 30 2008
El gobernante de la nave del Rey
Con este título comienza Roy Jenkins uno de los capítulos de su gran y magnífica biografía de Winston Leonard Spencer Churchill. El título se refiere a la posición que Churchill ocupó como Primer Lord del Almirantazgo (Ministro de Marina) antes de la Primera Guerra Mundial. Pero, a mucha mayor escala y en otro sentido, la frase también puede referirse igual de bien a la manera en que condujo al Reino Unido en la resaca de una derrota tremenda (la campaña de Francia en 1940) hasta el triunfo final (ya presentido por el mismo Churchill el día 7 de diciembre de 1941) contra la tiranía nazi. Porque, a fin de cuentas, Churchill fue toda su vida un servidor público; según la no escrita constitución británica, eso le convierte en un servidor del Rey (o de la Reina), tal como en Estados Unidos le hubiera convertido en un servidor del gobierno “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, y aquí en España en un constitucionalista leal. De esos de los que tenemos tan pocos.
El primer libro de estrategia que leí fue su “The Second World War”, primero en español y más adelante en inglés. Quizá también fuera el primer libro de memorias bélicas que leí. Hace tanto tiempo de la primera vez que ya no lo recuerdo. Mis primeras lecciones sobre estrategia me las dio él. La primera vez que vi escrito por un militar de carrera las ventajas de una aproximación indirecta, fue en el relato de la campaña de África que hizo Churchill.
Por si eso fuera poco para atraer mi atención sobre su figura, cuando además estudié su vida como estadista, me encontré con grandes y fértiles ejemplos de quien dijo de sí mismo que era “liberal en todo menos en el nombre”, cosa que me hace gracia en estos tiempos en que hay tantos mendrugos repartiendo carnets de liberal, y tantos otros atontados haciendo cola delante de ellos. Churchill, que se cambió de partido no una sino dos veces, no dejó escrito mucho acerca de lo que él entendía que era ser liberal, pero a cambio escribió cosas como ésta:
Me opongo completamente a cualquier cosa que altere al carácter librecambista de este país; y considero este tema de superior importancia a cualquier otro que tengamos en este momento ante nosotros. Los aranceles preferenciales, incluso con respecto a los artículos que vamos a gravar con impuestos con fines fiscales, son peligrosos y objetables. Pero, por supuesto, es imposible pararse aquí y estoy convencido de que, en cuanto la política haya comenzado, conducirá a la creación de un sistema proteccionista completo, lo que implicará un desastre comercial y la americanización [se refiere a la existencia de lobbyes organizados en la política de EE.UU., nota de Eborense] de la política inglesa.
Si en lugar de “aranceles preferenciales” ponemos “planes de rescate” y en lugar de “los artículos que vamos a gravar con impuestos con fines fiscales” ponemos “los sectores en los que no queremos que aumente el paro” (aunque la frase original vale perfectamente sin enmienda), ya tenemos un argumento churchilliano, y liberal, sin prestarse a definiciones, que podemos aplicar a la España de hoy.
Hoy es su aniversario. No quería dejar de recordarle en este huequecito web que tengo. Feliz cumpleaños, Winston.


