Ayer día 25 participé en una mesa redonda sonre la batalla de 1809, en el Centro Asociado de la UNED, junto a los demás compañeros de la Unidad Didáctica. Por la tarde fuimos al campo de batalla con los “alumnos” de la mesa redonda para explicarles in situ la batalla.
En la exposición de la mañana me desvié de la presentación que inicialmente tenía prevista, que es ésta que incluyo a continuación.
Buenos días.
Como consecuencia del formato de mesa redonda que tiene este acto, no voy a exponer los hechos militares del tema que vamos a debatir. Primero, porque entiendo que ustedes ya tienen unas nociones más que básicas. Segundo, porque me extendería demasiado, y supongo que ustedes no han venido sólo a escucharme a mí.
Sin embargo es preciso fijar las condiciones de contorno de la cuestión para saber de qué estamos hablando. Creo que los aspectos más destacados de la batalla y sus circunstancias son los que a continuación enumero.
1.- La dimensión de gran estrategia.
Por “gran estrategia” hay que entender la dirección de la guerra contra la Francia napoleónica hasta el fin de la misma. Cuando se habla de una “dirección de guerra” no debe pensarse, porque no existía, en un Estado Mayor internacional que discutiera las maniobras a realizar. Lo que sí existía era una cierta coordinación de esfuerzos, alentada, patrocinada, y a ratos financiada, por el Gobierno británico.
De este centro coordinador salió la propuesta de realizar un esfuerzo principal en el frente austriaco ayudado por dos diversiones británicas, una al norte (Walcheren) y otra al sur (Nápoles), más una tercera, combinada con los españoles, en la Península Ibérica. Pero, ojo, estas tres diversiones no tenían la misma prioridad. La prioridad estaba relacionada directamente con la proximidad al Reino Unido: primero Walcheren, luego la Península, y en tercer lugar Italia.
De este esquema de gran estrategia el Gobierno español no fue enterado ni antes ni durante la campaña del Tajo, con el consiguiente problema de descoordinación de objetivos.
2.- La dimensión de la estrategia local.
En contraposición (y a veces en oposición) a esta idea de “gran estrategia” la Junta Central tenía un concepto distinto del objetivo final en la guerra. Para la Junta el único escenario bélico realmente importante era la Península. De ahí que sus objetivos tuvieran un alcance más limitado que los de la “gran estrategia”. A eso hay que sumarle el desconocimiento de las instrucciones de Wellesley.
3.- La disposición estratégica sobre el terreno.
La situación de las tropas al comienzo de la campaña de verano limitaba las líneas de actuación de las fuerzas aliadas. Si se consideraba que el esfuerzo principal había de ser desarrollado por la fuerza principal (las tropas combinadas de Wellesley y Cuesta), no había mucho margen para maniobrar: la mejor opción parecía ser una aproximación directa a las fuerzas francesas en la dirección de Madrid.
Ahora bien, como ese movimiento le daba a los franceses la ventaja de operar sobre líneas de suministros internas por terreno conocido, se hacía preciso crear una diversión en La Mancha.
De no haber evaluado Wellesley como muy escasa la amenaza de las tropas de Soult y Ney, se hubiera hecho necesaria una segunda diversión al norte, para la cual la base hubieran sido las tropas angloportuguesas de Beresford, apoyadas en las fortalezas de Almeida y Ciudad Rodrigo, y tal vez en las fuerzas del Ejército de Galicia español.
Este esquema, aun siendo simple, implica una coordinación militar que no funcionó bien aunque se intentó hacer funcionar al situar al Ejército de La Mancha (Venegas) a las órdenes de Cuesta, y al dar poderes a Cuesta para negociar un plan con Wellesley.
4.- La logística.
La disposición de la fuerza principal de los aliados imponía las líneas de suministros de ambos ejércitos. Básicamente, en dirección a Badajoz por el Camino Real de Extremadura, con una pequeña alternativa en la comarca de Plasencia y otra pequeña alternativa en una ruta en mal estado de Trujillo a Puente del Arzobispo.
La primera alternativa quedó casi anulada en el momento en que se la despojó de sus medios a fin de acopiar víveres con los que alimentar durante cinco días a la fuerza británica. Y quedó definitivamente invalidada en el momento en que la comarca quedó bajo control francés.
La segunda alternativa nunca fue demasiado buena a causa del mal estado del camino, y de la carencia de medios de transporte de la Junta de Badajoz.
Sería este elemento, la lgística, el que condicionaría más la campaña, al echar tierra a un engranaje que ya de por sí no funcionaba bien.
5.- Las fuerzas.
El ejército británico estaba compuesto por personal adiestrado que llevaba menos de seis meses en campaña, y que tras una breve campaña victoriosa en el norte de Portugal había descansado y se había reorganizado orgánicamente. Wellesley escribió pestes acerca del comportamiento de sus soldados, a los que consideraba indisciplinados, y dados a desmandarse y saquear si no se les controlaba de cerca. Por lo demás estaban listos.
El ejército español estaba formado por los restos de la derrota de Medellín alimentados por nuevas levas y refuerzos, bien equipados en cuanto a armamento, no tan bien en cuanto a medios (uniformes, etc.), escaso en transportes, mal respecto a los alimentos y con un adiestramiento insuficiente, aunque no en todas las unidades las necesidades eran las mismas.
Sospecho (pero no puedo ir más allá de la sospecha) que el encuadramiento de fuerzas nivel subunidad (batallón y niveles inferiores) no era óptimo, pero parece que a nivel unidad y gran unidad (regimientos y divisiones) el encuadramiento era el adecuado.
6.- Los altos mandos.
Este apartado quizá requeriría a un psicólogo para hacerlo inteligible. El caso es que nos encontramos al inglés frío (mas bien que flemático), de buena familia y buenos contactos, político a la vez que militar, joven, y con un futuro por delante. Por otro lado al castellano viejo zarandeado por la política (arrestado por la Junta Central hasta diciembre), sin muchos amigos y menos contactos políticos, militar veterano y de una pieza, sin mucha mano izquierda para torear problemas de retaguardia, pero popular entre el pueblo y la tropa.
La distinta personalidad de los dos altos mandos, y el choque de caracteres que se produciría al final de la campaña, no sólo echó por tierra los resultados de la batalla a partir del día 30 de julio, sino que además buena parte de la historiografía posterior de fuente británica quedó contaminada por esto. Por ello este punto es relevante. Sin embargo sus matices se escapan a lo que es el relato de los hechos militares, así que no insistiré más en ello.
7.- El hecho táctico.
Y llegamos por fin al apartado en el que hay tiros, humo de pólvora y brillo de sables.
Por no complicar las cosas voy a obviar los hechos militares del 22 y 26 de julio. Vamos a centrarnos en los del 27 y 28 de julio.
Por parte francesa se busca con total deliberación la aproximación directa, el choque con la fuerza principal del enemigo. Por “fuerza principal” ha de entenderse la que ocupa la posición más relevante en el campo de batalla, posición que era el cerro Medellín. Por parte británica esa aproximación directa no sólo era esperada sino hasta deseada. Una aproximación directa tiende a consolidar la resistencia del ejército defensor, que sólo corre serio riesgo de ser derrotado si a) el atacante tiene una amplia superioridad numérica (no era el caso), b) el defensor carece de moral de lucha (tampoco era el caso), o c) el defensor se ve además acosado por el flanco o la retaguardia (tampoco era el caso, aunque pudo serlo).
El concepto militar de “aproximación directa” no pertenece a esa época; lo definió un siglo y pico más tarde el teórico del arte de la guerra Liddell Hart. No obstante es un principio que al menos como intuición es dominado por militares de todas las épocas, y por eso puede usarse sin problemas (creo yo) para describir la batalla.
Tengo la sospecha de que el plan de batalla aliado (nunca escrito) preveía una aproximación directa de las fuerzas francesas por un punto del frente distinto al cerro Medellín. Por esta razón, visto que los franceses en realidad tenían como principal objetivo el cerro, los aliados se vieron obligados a redesplegar sus fuerzas para cubrir las zonas más amenazadas por los franceses.
Por parte francesa, la batalla se preparó el día 28 para una nueva aproximación directa sobre el objetivo principal elegido: cerro Medellín. Esta aproximación directa era ya de por sí poco imaginativa, pero si encima se realizaba sobre una posición ya alertada, las complicaciones eran mayores. No obstante, hay que pensar que desde la campaña de invierno de 1807 las tácticas napoleónicas descansaban cada vez más en aproximaciones directas de masas de infantería apoyadas por masas de artillería, junto con caballería haciendo de soporte y cubriendo los flancos de la aproximación directa. Estas tácticas funcionaron bien (aunque con mucha sangre de por medio) en dicha campaña, e incluso en el verano de 1809, en Austria, volverían a lograr victorias. No es de extrañar que los mariscales de Napoleón lo copiaran y lo adoptaran a sus necesidades conforme a sus propias habilidades. Es preciso señalar que el mariscal Victor estuvo presente al lado de Napoleón en la batalla de Friedland, quizá el mejor ejemplo de esta táctica. Y a la vista de sus tácticas en España, la idea le gustó. No obstante, Victor no era Napoleón, ni los británicos prusianos o austriacos.
Los primeros combates del día 28 fueron una reproducción de los del 27, solo que con bastantes más medios (sobre todo artillería). El resultado fue otra derrota francesa, y por las mismas razones que las del día anterior: su aproximación directa consolidó (no sin bajas) la posición británica porque ésta carecía de la fuerza numérica como para resultar decisiva.
El tercer intento francés del día 28 se planeó como una nueva aproximación directa, aunque a mayor escala y con algún refinamiento. El nuevo intentó francés se concentró en los dos flancos del cerro Medellín. Pero en ambos flancos la maniobra se desarrolló como una nueva aproximación directa, esto es, como un choque frontal entre masas de infantería apoyadas por artillería y caballería. Esto arruinó las posibles ventajas de la maniobra de ataque por los flancos al cerro. Además los dos intentos previos habían durado lo suficiente como para permitir que Wellesley redesplegara la fuerza que sospecho era la reserva convenida del ejército aliado, de manera que la posición atacada (cerro Medellín) tuviera sus dos flancos cubiertos y también para el apoyo cercano si fuera necesario. Este redespliegue anuló por completo la ventaja (no tan grande) del flanqueo francés, con lo que el intento de acercamiento indirecto se convirtió de nuevo en acercamiento directo, y de nuevo fracasó por las razones ya expresadas.
Como apoyo a esta maniobra, y también al objeto de distraer fuerzas del objetivo principal, los franceses planearon un ataque al Pajar de Vergara, en el nuevo centro (tras el redespliegue) de la línea aliada. Una vez más se trató de una aproximación directa, y encima chapuceramente hecha, sin casi apoyo para la fuerza atacante, que se vio contenido al frente y atacada en sus flancos hasta que se vio rechazada y perseguida.
Dicho sea de paso, en este mismo sector los franceses realizaron una diversión la noche del 27, simultáneamente al ataque del cerro Medellín.
Como consecuencia de esta serie de aproximaciones directas fallidas, y el consiguiente desgaste en la fuerza numérica y en la moral de los franceses, el mando francés prefirió no seguir arriesgando bajas en un escenario crecientemente complicado. Como en el plano táctico no había ya más que pudieran hacer (ni flancos que desbordar, ni masa de reserva con entidad suficiente para poder lograr una ruptura, ni signos de que los aliados flaquearan) el mando francés volvió al plano estratégico.
La aproximación indirecta planeada por los aliados para desbordar el flanco de Madrid por el sureste (La Mancha) seguía siendo una amenaza que no podía ignorar. Y a su vez la aproximación indirecta que los franceses estaban desarrollando a la espalda de las tropas de Wellesley y Cuesta prometía ser mucho más efectiva para arrinconar y derrotar a estos dos ejércitos.
Con esto la batalla fue dada por concluida por los franceses, sin ninguna intención de reanudarla, porque sin un cambio notable en las circunstancias, la repetición hubiera sido idéntica a la primera vez. Por parte aliada, la reanudación de la campaña tenía más elementos favorables: su moral era de victoria, sus bajas habían sido menores, aún tenían fuerzas frescas para maniobrar y combatir, e incluso dos bazas que jugar, la presencia de las fuerzas de Wilson y Venegas en el flanco o retaguardia enemiga. Pero hubiera sido de todos modos una continuación de la aproximación directa que ya se había realizado entre el 22 y 26 de julio. Hay pruebas que permiten suponer que ésa era la intención original de ambos mandos a partir del 30 o 31 de julio. Sin embargo, las desavenencias de Wellesley con la Junta Central, y la amenaza cierta contra su retaguardia, obligaron a cambiar los planes, finalizando así la campaña.
Con esto finalizo mi intervención. Gracias a todos por su atención y paciencia.