Hoy es día 20. Para hoy se ha convocado una manifestación en Talavera, en defensa de los ríos Tajo y Alberche, según reza la convocatoria. De cómo piensan defenderlo, la única propuesta real que he leído es la oposición al trasvase desde la cuenca alta del Tajo (no desde Talavera) hasta la cuenca del Segura. El argumento básico se resume en la frase-fuerza agua para todos, pero no para todo. Por lo que creo haber entendido, el no para todo significa no usar agua del Tajo para regar huertas en Murcia o Almería. En cuanto al para todos, la bondad de la frase queda anulada por el ambiente que venteo en mi ciudad: que en realidad todos somos nosotros y nadie más. Valgan dos ejemplos. El domingo pasado, en la contraportada de La Tribuna de Talavera leí, con todas las letras, el artículo firmado por uno de estos “sacerdotes de lo social” que hemos padecido los católicos en los últimos cuarenta años. Decía que estaba bien dar cuando sobra, pero éste no es el caso. Curiosa interpretación de la caridad fraterna, en la que no coincido. En la misma línea, hace meses, quedó zanjada para mí la decisión de no ir ni interesarme por esta manifestación, cuando leí al alcalde de Toledo (portada de La Tribuna de Talavera, fecha 1 de abril: “Page acusa a los diputados del PP de estar vendidos a los intereses de Murcia”; en la página 6, entrecomillado y supongo que cita textual: ”vendidos por completo a los intereses de Murcia y Valencia”) poner en duda el “patriotismo” de ciertos políticos por su tibieza en contra del trasvase, y en consecuencia, los tachaba de lo que se puede leer arriba.
A todo esto, se olvida la mayor. ¿Qué es Murcia? ¿Una potencia extranjera? ¿Un enemigo secular? ¿Una amenaza para los toledanos? ¿Quiénes son los habitantes de Murcia? ¿Extranjeros? ¿Invasores? Hace ya tiempo que llegué a la conclusión de que el cainismo de nuestro Estado de las Autonomías nos hace ver como adversarios, casi como enemigos y extraños, a los que son nuestros paisanos, nuestros compatriotas, nuestra misma gente, sean de Murcia, Alicante o Almería. Y por ese camino creo que España, que es una nación por la que merece la pena trabajar y esforzarse, va a su disolución. Sí, es cierto, y lo repito: pienso que antes de que algún orate nacionalista proponga la “descolonización” de alguna parte de España, o la secesión de la misma basándose en vaya usted a saber qué derechos administrados por el mismo Dios (o por el Diablo), los no nacionalistas se la habrán cargado con la aplicación de lo que ellos llaman “solidaridad”, tan curiosa que tiene límites a capricho, y que en el fondo tal capricho no es sino el berrinche del crío que si no se juega a lo que él quiere, llora y patalea.
Me hubiera resultado atractivo, además, y no ha sido el caso, que los convocantes de la manifestación en Talavera hubieran propuesto (además del fin del trasvase) algo más para salvaguardar las aguas del Tajo, algo que esté en nuestras manos aquí y ahora. Por ejemplo, procurar que el crecimiento urbano de Talavera no estorbe los cauces subterráneos que alimentan el Tajo escurriendo desde las sierras situadas al Norte. Así, además de conservar un aporte de agua al Tajo justo en nuestra tierra, la destrucción de estos acuíferos no causaría problemas tales como la inundación de garajes en la calle Bruselas (gracias a que la urbanización de las casas pares obstruyó un cauce; y empeoró el problema al construir en los impares un colegio), o de sótanos en la calle General Moscardó (trazada sobre un antiguo arroyo, como siempre repetía mi padre, poco antes o poco después de recordar cómo al construir el Puente Nuevo pincharon en el punto en el que el Papacochinos desaguaba en el Tajo, y así tuvieron géiser en la Ronda del Cañillo dos días), o las dificultades para la construcción de cimientos en la calle Carnicerías. Pero no he visto nada de esto. Y eso que se trata de algo que no depende de gobiernos situados en provincias remotas como Toledo, Madrid o Murcia, sino de administraciones que tenemos algo más cerca del embalse de la Portiña.
Me hubiera resultado interesante también que los convocantes de esta manifestación estuvieran más atentos a las consecuencias a largo plazo de su solidaridad interregional homeopática. Pondré un ejemplo. Hace dos meses, estando en Cartagena (ya que tengo por costumbre viajar donde me place), me señalaron el punto cercano a Escombreras donde se está construyendo una planta de energía, alimentada por el gas argelino. Una planta que además está previsto que tenga una capacidad de generación bastante notable, un porcentaje nada despreciable del total de la electricidad que se produce en España, un 25%, creo. ¿Qué impide que el que quiera energía, especialmente si está preocupado por el medio ambiente, el agua, los peces…, tenga que pagar una ecotasa para repartir (solidariamente, como es obvio) el coste del posible impacto ambiental? Y si a esas alturas alguien piensa que dicha ecotasa se parece mucho a un arancel aduanero, como si de Escombreras a Albacete no hubiera Unión Europea, quizá sea demasiado tarde. ¿O qué impide que se cobre a quien tanto se preocupa por el agua un arancel en las playas y hoteles por el uso de la ducha?
En fin. No hace tanto en España compartíamos cosas porque teníamos un proyecto nacional. Ahora cada vez compartimos menos, si bien se habla más que nunca de ser solidarios. Palabra hueca que no significa nada ni vale más que el aire que se usa para soplarla. No creo equivocarme si digo que en el fondo la culpa de esta situación no es de nuestros gobiernos regionales ni de un Gobierno que ya no es nacional sino “estatal”; no tenemos sino a los gobiernos o gobiernitos, así como a los políticos, que nosotros mismos hemos votado. Igualmente tenemos a los “representantes de la sociedad”, hoy 20 de junio, o en cualquier otra fecha, que queremos tener. Ni más ni menos.
Estrambote: Dice doña Isabel Rodríguez (ningún parentesco con ella, que yo sepa), portavoz de la Junta de Comunidades, que …aquel que no esté dispuesto a mojarse en materia de agua en la región, yo creo que no tiene cabida en esta tierra. ¿Me doy por aludido? ¿Voy preparando las maletas para emigrar definitivamente a la vecina nación madrileña?