sep 30 2009
Malditos bastardos
Prólogo:
Antes de comenzar, advierto que esta entrada contiene spoilers de la película. Si no la ha visto y no quiere que se la cuenten, no siga leyendo.

Antes de verla:
A mí el cine de Tarantino no me da ni frío ni calor, y no esperaba que esta película fuera la película de la Segunda Guerra Mundial. Pero había leído críticas que no la ponían mal, que decían que era interesante, y el pasado domingo, cuando nos acercamos al cine, era la mejor opción de todas. Por otro lado a María le apetecía ver a Brad Pitt. Y quién soy yo para decirle que no…
Sinopsis:
En 1941 el teniente Aldo Raine, del Ejército de los EE.UU., organiza un comando de soldados judíos para infiltrarse detrás de las líneas alemanas, en la Francia ocupada, y organizar una campaña de terror contra los soldados alemanes que forman las tropas de ocupación. Ese mismo año, el coronel Hans Landa, de las SS, persigue a unos judíos ocultos en alguna granja lechera de la Francia ocupada.
Comentario:
Tarantino ha cogido las historias de la guerra que cuenta el abuelo Simpson, le ha colocado algo de folk popero (la banda sonora, fuera de época, hecha con guitarras eléctricas, y algunos bocadillos, como el de la presentación del asesino Hugo Stiglitz) y le ha salido esta película. La sinopsis no sirve para nada: ni dice lo que sucede en la película, ni permite hacerse una idea de cuáles son las líneas argumentales. La manía de Tarantino de dividir las películas en capítulos autocontenidos lo impide. Por tanto, no voy a insistir en la historia. Contarla llevaría demasiado tiempo, y no merece la pena.
Cada uno de los episodios, tomados aisladamente, llega a ser entretenido, aunque hay algunos que se hacen muy largos. El primero, la escena en que el coronel de las SS investiga en la granja, y ese otro en que llega el agente británico disfrazado de oficial de las SS a la cantina en la que se están agarrando una trompa unos soldados. Ahora, si los pones todos juntos, el entretenimiento pierde. No sólo porque cuesta seguir la historia, sino porque se ven los remiendos entre retal y retal.
A eso podemos añadirle las patadas a los libros de historia que forman el final de la película, y que hasta las escenas graciosas no lo son. Por ejemplo, la escena en que Aldo Raine (Brad Pitt) y dos de sus “bastardos” tienen que hacerse pasar por italianos, y se encuentran con que el coronel Landa habla italiano perfectamente. Por favor. John Candy rodó esa escena, pero con un policía militar que sabía sueco en lugar del coronel de las SS que sabía italiano, y estaba hasta gracioso. Brad Pitt no lo está.
En cambio Chistoph Waltz (el coronel Landa) está muy bien en su papel. Ni sobreactúa ni se hace el gracioso, mucho menos el listo. Y además él es el hilo conductor de la película.

El coronel de las SS Hans Landa, investigando en la granja LaPadite.
En fin. Ni tan siquiera es entretenida. Al menos para mí no lo fue. Ahora, como tiene las cosas habituales en Tarantino (especialmente mucho palique antes de que empiecen los tiros, mucha sangre durante los tiros, y más palique después de la sangre), a los incondicionales les puede gustar, y no poco. Que la disfruten con salud.
Frases para la historia:
El coronel Landa, explicándose ante el granjero LaPadite: Yo soy capaz de pensar como un judío. ¿Porqué cree que Hitler se molestó en sacarme de mis montañas? Más adelante Landa se define a sí mismo como un detective, un buscador de personas, y además uno muy bueno. Lo que le diferencia de un policía es que él está en las SS.
Tecnología destacada:
La sala de proyección del cine. Muy bonita y muy bien ambientada. Y la acción que sucede en ella, interesante (lástima de plano en cámara lenta, que no sirve para nada).
Objetos destacados:
Los uniformes. Han tratado de reconstruirlos con todo detalle, y aunque el esfuerzo es muy meritorio, se han dejado detalles como las pepitas en los cuellos de las SS, y el color de los uniformes de campaña. Aun así, una reconstrucción vistosa. Ah, y el uniforme de gala de granadero del cabo Zoller, una preciosidad.

El crítico de cine de preguerra Archie Hicox, reconvertido en comando. Bonito uniforme. Al fondo se supone que está Winston Churchill, en una reconstrucción innecesaria, y además de puro cartón piedra, porque no es mas que fachada, detrás no hay nada.
Mi escena favorita:
Cuando llegó el “Fin”. Estaba ya empachado de película.
Calificación global:
Tarantiniana, para a quien eso le sirva, sea bueno o malo. No volveré a verla de un tirón, pero si me compro el DVD (y es posible) alguna escena aislada sí que merecerá una segunda vista.


