oct 30 2009
Sabino Fernández Campo, D.E.P.
El pasado día 26 falleció Sabino Fernández Campo, una de las personas más interesantes que hemos tenido en España los últimos 30 años, y en algunos de ellos, una de las personas más influyentes de nuestra nación. En un país como el nuestro, en el que a la gran mayoría nos gusta farolear, presumir y hacer alharaca, Sabino Fernández Campo era un hombre discreto que sabía callar y guardar confidencias. En tanto que otros, en la historia reciente como en la menos reciente, han trepado agarrados al trono, o han hecho negocios a su sombra, él, que hubiera podido hacerlos, prefirió servir y callar. En eso, por cierto, me recuerda mucho al también general Francisco Javier Castaños, el vencedor de Bailén, que, sin tener menos luces que muchos (quizá incluso al revés, siendo más espabilado que la mayoría) prefirió servir y callar antes que medrar.
Muchos otros halagos y muchas otras virtudes se le han señalado a Sabino Fernández campos, como es nuestra costumbre a la muerte de alguien que sobresalía por encima de la media, y posiblemente sean ciertas; una de estas virtudes es la de ser hombre de firmes convicciones, que (señalan muchos) fueron los pilares que sustentaron su vida y su comportamiento (su “compromiso”, dicen muchos). Entre estas convicciones, la más descollante es la de que era católico. Dadas las circunstancias políticas que atravesamos en España, con motivo de su muerte el diario La Razón republicó el día 27 una entrevista inicialmente publicada el día 1 de marzo de este año. Yo aquí me limito a copiar algunos párrafos de ella.
Con la reforma de la Ley del Aborto en marcha para convertirla en una ley de plazos que permita el aborto libre hasta la semana 14 sin tener que dar justificación alguna, con una Ley de Investigación Biomédica que permite la experimentación con embriones para fines terapéuticos y con el debate abierto sobre la eutanasia, caldeado por el proceso de muerte de Eluana Englaro [enlace añadido por mí, nota de Eborense], un nutrido grupo de académicos, de todas las Reales Academias de España, ha lanzado un manifiesto para advertir a la sociedad de las consecuencias de este proceso.
Don Sabino, usted que es uno de los firmantes de este manifiesto. ¿De dónde surge la idea y por qué se decide a firmarla?
A mí me contactaron cuando ya estaba redactado. Me lo mandaron, lo leí, y como estaba totalmente de acuerdo con lo que allí se decía, lo suscribí. Creo que era totalmente conveniente apoyar la defensa de los derechos que el texto plantea, que son el respeto de la vida humana.
Destaca el documento que, desde que en 1985 se despenalizó aborto, la situación no ha hecho más que empeorar. ¿Tan grave es?
Están enzarzadas las cosas, sí. Esta reforma de la Ley del Aborto que propone ahora el Gobierno, para hacerla más permisiva, es la constatación clara de que oficialmente se quiere ir cada vez más lejos. Eso es evidente, todos lo vemos. Y, como persona católica, y que a veces quisiera ser más católico de lo que soy, tengo claro que, para mí, la vida humana es muy importante, lo más relevante que tenemos y que está en manos de Dios, exclusivamente, no en manos del hombre.
Sin excepciones…
Por supuesto que veo que, a veces, y sólo a veces, en circunstancias excepcionales, el aborto puede llegar a ser justificable. Hay casos muy especiales, como cuando el niño viene con malformaciones tremendas que le impiden vivir. Pero lo que no puedo concebir es que el aborto se vea como algo natural, que se pueda hacer cada vez más allá, a semanas del embarazo. Tendrían que ser casos muy excepcionales en los que estuviera justificado. Pero incluso a mí me cuesta encontrar qué casos serían esos para llegar a tomar tal decisión (…)
Ahora que tanto se le recuerda, que no se echen estas palabras suyas en el olvido.
Por lo demás, descanse en paz Sabino Fernández Campo.


