Prologo:
Antes de comenzar, advierto que esta revisión de la película “Avatar” contiene spoilers. Si no la ha visto y no quiere que le cuenten el argumento, no siga leyendo.

Antes de verla:
Mis expectativas antes de ver la película no eran astronómicas. Había leído cosas como que esta película revolucionaria el género de la ci-fi, y hasta el modo de rodar las películas. También que James Cameron había tardado varios años en comenzar el rodaje porque necesitaba unos efectos especiales que la técnica no podía ofrecerle en esos momentos. Bueno, más o menos lo mismo habían dicho de “A.I.”, la película definitiva de Kubrick, aunque terminada por Spielberg, y el producto final no me gustó demasiado.
Sinopsis:
Jake Sully es un marine retirado del servicio a causa de una herida de guerra que acepta un contrato para viajar a la luna Pandora, y allí realizar una misión de reconocimiento de la selva y de los nativos de Pandora, los Na’Vi.
Comentario:
Hubo una época en que el western era un género de películas en que se enfrentaban dos enemigos: el piel roja por un lado, y el hombre blanco por otro. El piel roja (el indio) defendía su territorio frente a la presión del hombre blanco, que poco a poco se iba asentando en sus tierras. El piel roja era un enemigo duro, feroz, incluso despiadado, pero era noble y honrado, a su manera, en tanto que no pocas veces el hombre blanco tenía lengua de serpiente.
En estas llegó la guerra de Vietnam. El nuevo piel roja resultó ser el hombre amarillo (el yellow man que cantaba Springsteen en Born in the USA), un guerrero que peleaba por su tierra y que conocía perfectamente el terreno en que se movía, tan duro y feroz, y más despiadado, que el piel roja de la película. El contacto de las primeras películas sobre la guerra de Vietnam en la que los vietnamitas eran un trasunto de pieles rojas luchando por sus Grandes Llanuras en el delta del Mekong, hizo que apareciera un nuevo tipo de piel roja en los westerns: el indio natural, fundido con el paisaje, tan integrado en el medio físico como los árboles de la pradera o los bisontes, ecológico, primitivo pero culto (a su manera), que vive en una especie de edén en el que si hay tentación es porque el hombre blanco ha introducido en él a la serpiente, con lo que de ser noble y honrado pasa a ser tortuoso y retorcido, muy a su pesar. Y terrible en su furia cuando defiende su tierra, sus costumbres y sus tradiciones, aunque esto último resulte poco fundamentado históricamente.
He leído varias críticas en la que se compara Avatar con un western. La comparación no es del todo errónea, pero para completarla hay que pensar que los Na’Vi son indios postmodernos, de los indios naturales que describía yo antes, y que Jake Sully es el John Dunbar de esta versión ci-fi de Bailando con lobos. Además, yo añadiría de mi propia cosecha que hay escenas enteras que me recuerdan un montón a El último mohicano; y no me refiero sólo a las escenas de combate en mitad de la selva.
Ahora bien, el argumento de Avatar es bastante más complejo que el de un western al uso. De hecho, la historia que nos relatan es muy densa, con muchas ramificaciones y muchos detalles que si bien recuerdan al western, son particulares de la película. El que esa historia fluya sin flojear (aunque hay un par de desmayos en el tercio final) es un mérito enorme, y yo creo que la base fundamental de la película.
Los efectos especiales son deslumbrantes, y valen hasta el último céntimo que se haya empleado en ellos, y seguro que han sido muchos millones. Más que los animales y los Na’Vi, me han gustado mucho las plantas: ésas sí que parecen reales. Afortunadamente, todos estos efectos especiales están al servicio de la película: son el marco necesario, incluso imprescindible, para que los Na’Vi sean creíbles y Pandora sea una luna que orbita un planeta lejano y no un set de un decorado. No dudo de que sean los mejores (no sólo los más caros) efectos de la historia del cine hasta la fecha. La única pega, por ponerle alguna, es que los Na’Vi siguen pareciendo recreaciones de ordenador, especialmente en los primeros planos. Pero eso, por cierto, no estropea la película ni los hace peores personajes en la pantalla.
Las interpretaciones están muy bien todas, empezando por Sam Worthington (Jake Sully), que pasa de ser la serpiente en el edén Na’Vi a que Pandora sea su propia tentación porque allí, gracias a su avatar, puede correr, saltar, cazar, volar… ser uno más en el pueblo Na’Vi en lugar de un exmarine lisiado en la Tierra. Sigourney Weaver (la dra. Augustine) está muy bien en su papel de exploradora con muchas millas de vuelo (genial la escena en la que sale de la cámara de hibernación, como en Alien… solo que esta vez pide a gritos un cigarrillo) sin caer en la ñoñería, y no era fácil teniendo en cuenta que ella es la primera misionera entre los Na’Vi. Stephen Lang hace de un coronel Quaritch malo malísimo (su estética y la puesta en escena me recuerdan mucho al mayor Lee interpretado por Malcolm McDowell en Luna 44) como líder de los cowboys del espacio, los marines que hay en Pandora, muy distintos a los marines de Aliens. De los demás protagonistas el papel más flojo, a mi juicio es el de Zoe Saldaña haciendo de Neytiri. Demasiado bidimensional para mi gusto, y la historia del adiestramiento a que comete a Jake Sully no la hace mejor. En cualquier caso tiene un pase su personaje, ya que no su interpretación.

Jake Sully y su avatar (su cuerpo) Na’Vi
Y al que le gusten los clichés cinematográficos políticamente progres, los tiene casi todos: el hombre blanco (¡ni un negro ni tampoco ningún oriental en el reparto!) saqueando por codicia (de mineral, en este caso) la naturaleza virgen y pisoteando los derechos de los indígenas, la gran corporación ávida de beneficios con un desalmado al frente, el militar dispuesto a jugar a ser el coronel Custer, unos nativos ecológicos, y hasta un dios ecológicamente sostenible.
Todo esto, por cierto, no estorba el desarrollo de la historia, ni perjudica a la trama de la película. Y es que en definitiva tampoco son elementos nuevos en este tipo de películas, así que no resultan sorprendentes ni emocionantes. Quizá sea ésa otra de las críticas que se le pueden hacer a esta película: no tiene muchos elementos originales; casi ninguno, si se le quitan los magníficos efectos especiales.
Un espectáculo visual excelente, una historia entretenida, buenas actuaciones… Una gran película de ci-fi para disfrute de cualquiera, en definitiva.
Ya pare terminar, aprovechando que cada tonto tiene su tema, y yo tengo el mío. Gene Roddenberry, que era un tipo muy listo para las grandes tramas, seguro que pensó en un espectáculo como el del árbol (el poblado) bombardeado cuando se inventó para el universo de Star Trek la Primera Directiva. También esa pieza encaja.
Frases para la historia:
Moat (la madre de Neytiri) al avatar de Jake Sully: Es difícil llenar una taza cuando ésta ya está llena.

Neytiri
Tecnología destacada:
La del avatar mismo, por supuesto. La idea de usar una “máquina biológica” para explorar la superficie de planetas hostiles no es tan rara en la ci-fi, pero creo que es la primera vez en que dicha máquina no es un contenedor del explorador, sino un alter ego que le permite moverse como si fuera su propio yo. De hecho, es otro “propio yo” ya que cada avatar está “programado” para una determinada combinación genética, por lo que cada “jinete” de avatar ha de ser único.
Y es de hecho ese aspecto uno de los elementos relevantes de la trama de la película: Jake Sully siente al avatar con más alegría y viveza que a su propio cuerpo mutilado.
Ah, bueno, y la tecnología de los tres móviles (tres) que sonaron durante la proyección. Los dueños respondieron a los tres. Al menos uno tuvo el detalle de salirse la sala para hablar. Los otros dos, ni eso.

Los marines de Quaritch al ataque. ¿No les parece oír de fondo música de Wagner?
Objeto destacado:
La nave espacial que lleva a Jake Sully y a sus compañeros hasta Pandora. Qué bonita es, y cómo han cuidado con mucho detalle su estructura para que en lugar de parecer una amalgama de pegotes, se vea la funcionalidad de cada una de sus partes.
La lanzadera Valquiria con la que los viajeros del espacio bajan a tierra también me pareció muy bonita.
Mi escena favorita:
Al principio, cuando se ve la llegada de la nave espacial a Pandora. El fondo de estrellas es excesivo, pero la nave es una maravilla, y el decorado en que se ve el planeta alrededor del que orbita Pandora, y la propia luna, es muy bonito. La bajada a tierra usando la nave Valquiria también es una preciosidad.
Calificación global:
Muy bien hecha, muy bien contada, y enormemente divertida. No sé si llegará a clásico, o si marcará un antes y un después, ni falta que hace saberlo para darse cuenta de que es una gran película. Volvería a verla, y me compraré el DVD, seguro. Aunque me temo que en DVD no será lo mismo que en la pantalla del cine.
Nota final:
No dejen tampoco de leer el comentario que ha escrito Juan Carrasco de las Heras para HispaLibertas.
Actualización del 7 de enero:
María insistió en que viéramos esta película en 3D, puesto que la habíamos visto en 2D. Y el día 5 la vimos de nuevo. Desde luego, mereció la pena el esfuerzo. Si alguien aún no la ha visto, y le interesa mi consejo, mejor en 3D que de otra manera.
Creo que en otra entrada contaré la conversación que tuve la ocasión de escuchar, tras la proyección, en los lavabos del cine.