feb 09 2010
La carretera (The road)
Prólogo:
Antes de comenzar, advierto que esta revisión de la película contiene spoilers. Si no la ha visto y no quiere que le cuenten el argumento, no siga leyendo.

Antes de comentar:
Me compré el libro “La Carretera” hace unos meses. Lo vi en una estación de servicio, cerca de Soria, cuando iba camino de visitar con unos amigos las ruinas de Numancia. Me lancé a por él de cabeza, y me lo traje al regreso de la excursión. Lo devoré en un par de días, y me pareció la mejor novela post-apocalíptica que había leído en mi vida.
A diferencia de otros relatos que había leído antes, esta novela mete miedo y crea tensión por lo sobrio y descarnado de sus descripciones, no por lo descriptivo del relato.
Cuando supe que ya se había proyectado esta película en el festival de cine de Sitges y que había recibido buenas críticas, me puse a contar los días que faltaban para poder verla.
Viggo Mortensen no es precisamente mi actor favorito. Pero la caracterización que vi para esta película me gustó: era más o menos el tipo de personaje que McCarthy te obliga a imaginarte cuando lees su novela. Sí logró desinflar un poco mis expectativas el tráiler en español, que me pareció demasiado al uso para una historia como ésta. No obstante, quería verla, y ya la he visto.
Sinopsis:
La vida en la Tierra está al borde de la extinción. Los pocos humanos que aún sobreviven lo hacen depredando los restos de una civilización que ya no existe. En este mundo que agoniza, en el que ya no se puede ver el Sol, y en el que las temperaturas medias están bien por debajo de cero, un padre y su hijo se ponen en marcha, siguiendo una vieja carretera, hacia el sur, hacia el mar, con la esperanza de encontrar un clima más suave.

Viggo Mortensen y su hijo (interpretado por Kodi Smit-McPhee) camino del sur, con la pistola siempre lista
Comentario:
Un resumen en dos palabras: sin chispa. Así es la película. Una lástima.
No es que la película adapte mal la novela, no. Es que la novela te engancha y no te suelta, aunque haya escenas en que se repite la rutina (hambre-buscar comida-mal rollo en la búsqueda-discutir con el chico-vuelta a la carretera) porque el lenguaje de McCarthy te deja esperando a la siguiente vuelta del camino. ¿Qué pasará entonces? Y si la escena es similar a la anterior, otra vez te quedas esperando algo nuevo, algo distinto. En la película no pasa esto.
Y, después de darle vueltas, tengo a un culpable: los flashbacks de Viggo Mortensen con su mujer, la madre del chico, interpretada por Charlize Theron. Hay más flashbacks que en la novela, pero, peor aún, en tanto que en la novela, muy al principio cesan y no aparecen, en la película se alargan hasta las escenas finales. Y así, gracias a ellos, en la película el padre es un hombre atormentado por el pasado y por la melancolía hacia su mujer, en tanto que ese mismo personaje, en la novela, es un superviviente que ha dejado atrás todo eso. Y además rompen el ritmo del relato, que es donde debería residir la fuerza de la película.
Ejemplo de melancolía y ritmo salteado, la escena en la que encuentra un piano y se acuerda de su mujer hasta provocarle el llanto. El padre no llora por su mujer en toda la novela. Por poner otro ejemplo, la escena en la que el padre se deshace de la cartera y de la alianza matrimonial. En la novela del anillo no sabemos nada, y de la cartera se acuerda porque un día, del roce, le rompe el bolsillo del pantalón. Dos detalles, pero que cambian el personaje que Mortensen ha de interpretar, y cambian también el relato de uno de supervivencia post-apocalíptica en un dramón situado en los confines del fin del mundo.

El padre leyéndole un cuento a su hijo, aun en mitad del fin del mundo, porque no ha renunciado (ni renunciará, de hecho) a que su hijo se convierta en hombre
Las interpretaciones (excepto la de Charlize Theron, que se podrían haber ahorrado por ser inútiles sus intervenciones, por mucha calidad de actriz que ella tenga) son buenas. La fotografía es excelente, crea el ambiente tristón necesario para esta historia. Los decorados, también. Aunque yo echo de menos la omnipresente ceniza negra. Los disfraces y maquillajes no están tan bien. Las famosas máscaras de la novela (para protegerse de la ceniza) brillan por su ausencia, y eso le quita dramatismo a la situación de los supervivientes. Que además parecen mendigos de ciudad, no supervivientes del Apocalipsis. En este aspecto los peores son el negro (en demasiado buena forma para el hambre que dice tener) que les roba el carro y el superviviente que recoge al chico (¡que va hasta afeitado!), por no hablar del perro que le acompaña. ¿Y con qué lo alimentan, si se están muriendo de hambre? Detalles que le quitan (a mi juicio) tanto realismo como animación a la historia. El relato está copiado de la novela (diálogos incluidos) casi al pie de la letra, y funciona, pero cuando se apartan de él (por ejemplo, para meter la voz en off del padre, o en los diálogos del padre con la madre, en los flashbacks), la lían. Otro ejemplo: la “conversación” entre el padre y el viejo de la carretera (Robert Duvall, también muy bien en su papel). El viejo no es un alucinado ido por la soledad, no: resulta que es un intelectual capaz de ordenar sus pensamientos en un diálogo razonable. Pero ¿es que acaso se detienen con él para que les dé conversación?

No es entretenida, pero es una película de género que a los que les guste el mismo, les agradará, si son capaces de verla de principio a fin.
Esta es mi opinión. María, a la que este género no le atrae especialmente, y que no ha leído la novela, me dijo al salir del cine que era un aburrimiento de lo peor, pese a las buenas interpretaciones. Avisado queda el lector.
Frases para la historia:
El superviviente padre de familia al chico, con total tranquilidad: No quiero tu pistola, quiero que no me apuntes con ella. Una frase que a los que defienden la no tenencia de armas podría darles algo que pensar.
Objeto destacado:
La pistola del padre, un revólver vulgar y corriente, que es un argumento dramático importantísimo en la historia. Aparte de eso, el filtro de agua que improvisa con un trapo y media botella de plástico, para poder beber agua hervida y filtrada. Herencia de la ceniza negra que sí aparece en la novela, y que en la película no, lo que hace un tanto incomprensible la actuación del padre.
Tecnología destacada:
En un mundo en el que ya no existe civilización, hablar de tecnología es ridículo. Lo más avanzado que se ve en la película es el refugio (hasta con electricidad) que padre e hijo se encuentran en una granja abandonada.
Calificación global:
Falta de fuerza, falta de ritmo. Volvería a verla, dentro de un tiempo, sin María (para no aburrirla más de lo imprescindible), y seguramente me compraré el DVD cuando salga, a ser posible con las escenas eliminadas y las entrevistas al director y actores, a ver si me entero de qué era lo que pretendían.
