mar 05 2010
Novedades en “eborense.es”, fecha 5 de marzo: biografías
Estos días pasados he estado leyendo acerca de la campaña de 1814 en el este de Francia. Realmente me está impresionando el altísimo nivel demostrado por Napoleón en esta campaña, muy superior al que mostró en la invasión de Rusia, e incluso en la campaña de Leipzig. Qué hubiera sido de Europa de haber podido disponer de un ejército en mejores condiciones que el que realmente tuvo, es un “what-if” que me apunto para lo sucesivo.
Pero esto no es mas que una divagación. A lo que voy es que he leído algo de las andanzas durante esta campaña de dos de los protagonistas de la batalla: José Bonaparte y el mariscal Victor. En consecuencia, he variado un tanto los textos de sus biografías. No he salvado la versión anterior ni he destacado el texto nuevo, dejando el texto viejo suprimido en modo tachado, así que en este caso el palimpsesto que es mi web no muestra rascaduras, aunque quizá sí la caché de Google.
Estas pequeñas diferencias son, para Victor, favorables a él, porque a mi juicio, y salvando su primera actuación abandonando Alsacia, su actuación militar es aceptable. Bien es cierto que demuestra una vez más que un mando independiente es algo que le iba grande, y que bien sujeto (con un comandante superior que le tuviera bien controlado) su rendimiento mejoraba. Esto viene al caso del trabajo sobre Talavera, porque durante la batalla Victor actuó al margen de cualquier otro mando, asumiendo la jefatura táctica del choque como si fuera el comandante del ejército reunido (es decir, como si fuera un mando propio e independiente de otro), con las malas consecuencias que ya conocemos.
En cambio, para José las diferencias son desfavorables. La culpa de ello no la tiene que me caiga mal el personaje, sino el hecho de que hizo lo que hizo. Si salió de najas de París dejando la defensa de la ciudad tirada en el barro, la culpa no es mía por escribirlo. La nueva redacción de su biografía con este hecho apunta en la misma dirección que dos de sus puntos más débiles, bien mostrados durante los años en que gobernó parte de España: sus nulas dotes militares y su nula eficacia si era sometido a presión. Si lo primero podía resolverse con subordinados militares eficaces (aunque ello supusiera depender de ellos más de la cuenta), lo segundo le descalificaba para estar en la cima de la montaña en medio de una guerra como la que le tocó vivir. Quizá, simplemente, es que yo tengo de mi tocayo Bonaparte tan mala imagen como la que tenía su hermano pequeño Napoleón, y por motivos muy parecidos. Solo que en mi caso nadie puede acusarme de celoso, afortunadamente.
Por cierto, y ya termino: en esta campaña de 1814 también aparece nuestro amigo Sebastiani, pero como nunca llegó a ser mariscal, su actuación tuvo menos relevancia, y en consecuencia, de momento no veo motivos para retocar su biografía en este punto. Pero, ojo, porque a cambio tengo más información sobre Sebastiani cuando estuvo por Rusia, así que a lo mejor junto las dos cosas y modifico algo más a fondo la biografía de este general.