Prólogo:
Antes de comenzar, advierto que esta revisión de la película contiene spoilers. Si no la ha visto y no quiere que le cuenten el argumento, no siga leyendo.

Antes de verla:
Los que me conocen saben que el cine con pretensiones históricas me repatea mucho por la cantidad de licencias que se permiten los directores y guionistas, razón por la que no voy a ver películas de este tipo casi nunca. Esta película era una más de las de la lista de no ir a ver, pero resulta que como María opina que Russell Crowe está buenísimo, para ella era, al contrario, un must see. Como tampoco me hacía grandes ilusiones, terminé por verla. No tenía expectativas de ningún tipo antes de visionarla, y efectivamente quedé satisfecho, porque la película no ofrece nada.
Sinopsis:
El arquero Robin Longstride deserta del ejército inglés poco después de la muerte del rey Ricardo Corazón de León. Al tratar de regresar a Inglaterra con tres compañeros (John Little, Hill Scarlet y Alan A´Dayle), su historia se ve envuelta en la historia de sir Robert Loxley (sic, según el IMdB) y con el destino final de la corona real del difunto Ricardo.

Robin Longstride, arquero inglés, antes de travestirse en sir Robin Loxley.
Comentario:
¿Historia? Ja. Vaya cantidad de patadas que le dan a los hechos de los reinados de Ricardo y Juan Sin Tierra. ¿Leyenda? Je. Vaya cantidad de morcillas que le meten a la leyenda de Robin Hood. Para muestra, basta decir que este nombre (que es el título de la película) no se pronuncia mas que una vez, casi al final. ¿Espectáculo? Ji. Mucho mejor la versión de Errol Flynn, por no mencionar la de Kevin Costner, que tampoco me disgustó. Sólo se salvan las escenas que Ridley Scott ha tomado prestadas de Salvar al soldado Ryan (por ejemplo, la del “desembarco de Normandía a la inversa”, y también la del asalto al castillo francés) y las ha metido con calzador en la trama de esta película. Claro que éstas desentonan tanto del resto del film que quedan como pegotes. ¿Interpretaciones? Jo. Crowe no se ha recuperado de Gladiator, papel que también clava en esta película. Pena que el guión aquí sea otro. Y Cate Blanchett si fuera sólo un poquitín más fría podría interpretar al iceberge del Titanic.
La leyenda del arquero de Sherwood (nombre que, por cierto, tampoco se menciona) resulta una falsa premisa, porque la acción no arranca con Robin Hood como “bandido bueno”, sino que se centra en el “proceso” (por llamarlo así) que transforma a Robin Longstride en un “luchador de la libertad”.
La subtrama de la lucha contra la Corona (contra Juan, mejor dicho) por la libertad queda sólo esbozada. Resulta que Robin es el hijo de un revolucionario, tan exitoso que incluso contó con la atención (nada más) de varios nobles. Pero al final resulta que esta lucha se empantana primero porque los nobles, acuciados por el peligro que corre Inglaterra, acceden a pactar con el rey la firma de la Carta Magna (que no se firma), y segundo, porque a la hora de la verdad son también unos corderos.

La subtrama romántica entre Robin y Marion no terminó de gustarme. Demasiado superficial. Demasiada nobleza la de Robin, y demasiado hielo esperando ser derretido por parte de Marion. Además (y son palabras de María), Russell Crowe está en esta película demasiado viejo y gordo. Yo añado que Cate Blanchett pierde mucho de su belleza teñida de morena.
Y, en fin, dejando aparte las excursiones hacia el cine bélico, hay poca acción. Uno podría esperar que Robin y sus amigos fueran un poco más activos y pelearan más a menudo. Pero no. Tampoco es que estén preocupados por deshacer entuertos a golpe de flecha.
Total, que no esperaba nada, y nada obtuve.
Frases para la historia:
Sir Robert Loxley: Vos sois inglés. Godfrey: Sólo cuando me interesa. Es la respuesta de un inglés perfecto.
Objeto destacado:
El casco de Ricardo, con la corona real encajada en él. La de vueltas que da el objeto. Juega un papel importante en la trama. No hablo sobre su historicidad porque la Edad Media no es mi fuerte.

Escena de “Salvar al soldado Ryan” en las playas de Dover con “rangers franceses. Para morirse de risa.
Escenario destacado:
La llegada a Londres, remontando el estuario del Támesis, del barco en que regresan a casa Robin y compañía. Bonita fotografía, bonito montaje de los elementos de la escena, incluyendo la reconstrucción digital del puerto fluvial de Londres y de la propia ciudad.
Calificación global:
Ni quiero volver a verla ni pienso gastarme en esta película un céntimo más de lo que ya me he gastado. Prescindible.