Archivo de enero, 2015

ene 26 2015

Música de lunes (CLV)

Publicado por en General

Vamos con un clásico.

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ene 25 2015

Dos aniversarios: Winston Churchill y Gregorio Ordóñez

Publicado por en Gente ilustre

Ayer día 24 de enero se cumplió medio siglo del fallecimiento de Winston Leonard Spencer Churchill, el último héroe homérico de la Humanidad hasta la fecha.

El legado de Chuchill, su mejor hora, llegó cuando se echó a sus espaldas al Gobierno que presidía, a su nación entera, y hasta a las naciones aliadas a la suya, y se negó a plegarse a la amenaza nazi. Resistió la embestida de los bárbaros, administró lo mejor que pudo sus recursos para sostener a su país y sus aliados en guerra en más de un frente, y, como pocas veces en la historia, fue el líder de su pueblo en armas. Hasta la victoria. Como los héroes de Homero, nada más y nada menos.

Hace un par de años escribí una biografía suya para un proyecto editorial histórico que finalmente abortó. No llegó a publicarse nada, pero yo completé el artículo. No me centré especialmente en esa época de su vida, sino en los elementos personales que le llevaron a ser el líder del Reino Unido justo en ese momento. Repasando su experiencia personal construí un argumento sencillo: era la persona adecuada en el momento idóneo. Es por esto que cuando yo pienso en Churchill no me vienen a la mente las fotografías de bulldog tan comunes de 1940 en adelante. A mí el que viene a la mente es el joven Churchill. Ése que muestra la foto que ilustra este artículo.

Hace unos días, cuando supe de los atentados en París, recordé las palabras de su magna obra La Segunda Guerra Mundial, y las escribí en Facebook como lema:

In War: Resolution. In Defeat: Defiance. In Victory: Magnanimity. In Peace: Good Will

Es difícil no pensar que en efecto estamos en guerra contra el terrorismo. Y que no nos vendría mal aunque fuera un solo líder de la talla de Churchill para liderar la guerra actual. Por ello su recuerdo es pertinente, y su ejemplo, oportuno.

El viernes, día 23, se cumplieron veinte años desde el asesinato por ETA de Gregorio Ordóñez en San Sebastián. Le asesinaron porque estaba cerca de convertirse en alcalde de San Sebastián, y porque estaba investigando posibles infiltraciones de ETA en la Policía Municipal de la ciudad. Le asesinaron, también, porque uno de los objetos del terror es eliminar de la vida pública a aquellos que se oponen a él. Podría haberse plegado al miedo, como tantos otros hicieron, o a la cobardía, como los que han mirado al cielo para no ver la sangre o como los que periódicamente patean su tumba; prefirió formar parte de la vida política de su ciudad aun a riesgo de su vida.

En España llevamos ya algunos años hablando de nuevas formas de hacer política, y de nuevos y emergentes partidos políticos. En este escenario de nueva política tampoco viene mal recordar el ejemplo que fue la vida, y la muerte, de Gregorio Ordóñez.

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ene 12 2015

Música de lunes (CLIV)

Publicado por en Música

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ene 06 2015

¡Feliz día de Reyes! (2015)

Publicado por en Fe

Todavía nos duran las fiestas de Navidad. Bueno, de hecho, como dice un amigo, Navidad es cualquier días, porque todos los días Jesús nace en el altar durante la consagración. Eso aparte, hoy terminan las fiestas de la Natividad. ¡Feliz día de Reyes a todos!

En estas vacaciones María y yo asistimos a un concierto de música gregoriana en la Iglesia Colegial. Para los que conocimos a la Colegial llena de humedad y con las cubiertas en mal estado, verla como muestra esta imagen es una maravilla. Y ser testigos en su interior de un concierto como el que vimos, todo un lujo.

Iglesia Colegial de Talavera de la Reina

La primera canción que interpretaron es la versión en la que se inspira el Adeste Fideles. La versión interpretada por Enya es el último villancico de estas fiestas de Navidad del 2014 al 2015. Disfruten.

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ene 03 2015

Lectura del día (LXXIV): “Talavera 1809″ de Osprey

Sirva esta primera entrada del año 2015 para saldar la promesa que hice hace meses acerca de repasar el libro “Talavera 1809″ de René Chartrand, publicado por la Editorial Osprey. Como dije, me lo llevé a la playa en mis vacaciones, y lo leí con atención. Incluso he tomado notas mientras leía. Y aquí viene mi comentario sobre esta obra.

El autor, en la Bibliografía del libro, ya deja claro su enfoque: sigue el trabajo de Oman, con ocasionales excursiones a Fortescue. Ése es el hilo conductor. Y no hay más. Insisto: no hay más. En cuanto a las referencias bibliográficas españolas, éstas se limitan a Gómez de Arteche y a nuestro ya conocido Juan José Sañudo. Pero, ojo, de este último sólo se cita su trabajo para la extinta Researching & Dragona, trabajo que es de 2002-03. Ignora el trabajo posterior de Sañudo, y también la obra conjunta de Sañudo y Stampa. Con lo cual, sencillamente, las fuentes españolas, una vez más, son completamente ignoradas. La única bibliografía española que se cita es una historia de Talavera la Nueva (¿?). En fin, con estas mimbres lo que podemos esperar es un libro ya visto con argumentos ya vistos. Y justo eso es lo que tenemos.

El desprecio por las fuentes españolas se acompaña por el descuido a la hora de escribir los nombres en español. “Albreche” en vez de Alberche y “Portola” en lugar de Portiña como errores más destacados. Yo porque ya estoy acostumbrado a estos titubeos en los nombres. Pero me puedo imaginar la cara de algún lector anglosajón que además quiera situar sobre el terreno los movimientos usando Google Maps o una herramienta parecida.

Para seguir con este capítulo, he de añadir que la información que aporta Chartrand sobre el campo de batalla es muy esquemática y además, anticuada. Las fotos que ilustran el terreno del cerro Medellín no sólo tienen ya sus años, sino que además las vistas que aporta son poco interesantes. Basta con decir que afirma que en la cumbre del cerro hay construida una piscina. Lo que no es cierto. Ha debido confundir una pequeña alberca en la finca de los Martínez de Medinilla Moro con una piscina. Por otro lado, las vistas que aporta son de la parte oeste y noroeste del cerro, con lo cual el lector no es capaz de percibir ni el desnivel hacia el arroyo Portiña ni la doble cumbre del cerro. Estos dos elementos son importantes cuando, siguiendo la estela de Oman, el relato se centra en el combate de las tropas británicas.

Ya he explicado en otra ocasión que el actual recorrido de la ruta que rodea el pantano de la Portiña permite ver desde varios puntos de vista el cerro Medellín. Una de estas perspectivas es desde el norte. Desde ésta es posible ver tanto la forma de V del espacio entre el Cascajal y el Medellín (el cauce del arroyo Portiña, que aún es visible) como la forma de este último cerro. Visto así el Medellín muestra la pendiente hacia el cauce del arroyo, la meseta posterior a la pendiente, la cima del cerro, y la pequeña meseta posterior a la cima. Con esta vista puede entender uno porqué el mariscal Victor pudo ver vacía la “cumbre” del cerro (de hecho, la meseta delantera), porqué el 9º ligero pudo llegar a la “cumbre” la noche del 27 para a continuación ser rodeado y rechazado, y porqué el 24º de línea se encontró la mañana del 28 con los disparos de los británicos en desenfilada.

Sin consultar las fuentes españolas y sin conocer el campo de batalla, poco original se puede relatar sobre la batalla. Así es este libro: nada nuevo. Y por ello, aburrido. Uninspiring fue la palabra que usé para describir a un amigo británico este libro. Con ello quise decir que no hay nada que no hayamos leído en otros trabajos.

Además de estos aspectos, de enorme importancia, hay otra serie de asuntos que no están bien tratados en la obra de Chartrand. Voy a enumerarlos porque no merece la pena entrar en detalle; algunos son ya viejos conocidos de mis lectores.

1.- Para no perder la costumbre, cuando se habla del Ejército de Extremadura se hace de modo genérico y no específico. La fuente del orden de batalla español es Oman (a estas alturas…), con unos pequeños detalles tomados de Sañudo (al que cita como J.J.S. Bayón). Por consiguiente, una vez más falta un estudio real de la situación real del auténtico Ejército de Extremadura, no la habitual colección de generalidades acerca de los Reales Exércitos en 1808. Claro que sin tener acceso al archivo de José Luis Reneo (APJLR), esto es misión imposible. Por las mismas, el número de bajas españolas es errónea.

2.- La cronología desde el 24 al 27 de julio es mala: no se cita el fin del avance británico, el avance aislado de Cuesta a partir del 25 ni tampoco el ataque sobre Alcabón la mañana del 27. Es curioso (por decirlo fino) que la campaña de Talavera se arranque en el Dos de Mayo como antecedente relevante, y no se cite el combate previo a la batalla en grande.

3.- De la misma manera hay otro hueco en las actividades del ejército aliado desde el 29 de julio hasta el 3 de agosto, que es la fecha de la llegada de los despachos capturados a Talavera. Con ello el episodio de la retirada queda oscurecido. Es decir ¿qué motivos hay para que los aliados primero se detengan una semana en Talavera tras la victoria y luego se retiren al sur del Tajo? Silencio. No se cuenta. Y, en la misma onda, se omite el parte firmado por Wellesley el 30 de julio informando de sus intenciones de avanzar en cuanto las tropas hubieran descansado lo suficiente.

4.- Una vez más se señala la leyenda de la desbandada de tropas tras la descarga española, posterior al “tiroteo” con los jinetes franceses. Que hubo una cierta desbandada es cierto, a tenor de los documentos del APJLR. Que la interpretación que se hace de la misma sea la que hacen Oman (y todos los demás después) es otra cosa.

5.- Se señalan las alarmas nocturnas causadas intencionadamente por los franceses. Pero sólo en el sector español, y sin orden ni concierto. Sumado a lo anterior da la impresión de un ejército que se movía a tontas y a locas. En el colmo del despropósito de citan ciertos disparos de cañón españoles a causa de ¡una vaca! y a las ¡¡01:00!! Es decir, que los artilleros españoles abrían fuego con la noche cerrada y tirando al bulto. Si esto no es insultante para las tropas españolas, no sé qué puede serlo.

6.- La posición de la división Albuquerque se cita de manera incorrecta. La importancia de esta posición es la siguiente. Si esta división estaba ya en la tarde-noche del 27 de julio en las cercanías del cerro Medellín, significa que estas tropas estaban ya en posición para apoyar a las tropas británicas desde el comienzo de la batalla. Lo que implica un grado de colaboración entre ambos ejércitos superior al que siempre se nos ha tratado de vender desde las fuentes británicas.

Como no hay rosa sin espinas, o favor español que no sea estropeado por una grosería igualmente española, Chartrand no deja de citar la anécdota del edecán enviado por Albuquerque a Wellesley para decirle que no le iba a ayudar (¿?). Wellesley no recuerda la anécdota; la cuenta el general Donkin en sus memorias. Tampoco encuentro la anécdota en ninguna fuente española.

7.- Chartrand habla poéticamente de la luz de la luna iluminando las masas francesas que avanzaban hacia las posiciones aliadas. No se habla del frío que pasaron muchos aquella noche, lo que está atestiguado por varios testimonios, a diferencia de la luz de la luna, que, si no me falla la memoria, ni tan siquiera se cita en las memorias de Vigo-Rousillon (oficial del 9º ligero). Chartrand habla (de manera separada) de los uniformes mojados por haber cruzado el Portiña o el Alberche. Pero no habla de las condiciones climáticas de los días previos a la batalla, con lluvias intensas que incluso hicieron desbordan al Tajo a su paso por Almaraz.

8.- El ataque al Pajar de Vergara se despacha sólo como un movimiento británico. En consecuencia, el ataque del regimiento del Rey es un comentario a pie de página. No me resulta nada complicado imaginar las loas y florilegios que se hubieran derrochado de haberse tratado de un regimiento británico. Pero como en la misma batalla hay una carga de caballería británica que termina en desastre, no como la del Rey, la comparación es odiosa y hay que pasar de puntillas por el episodio.

Acerca de este episodio hay un detalle que me sorprende. Habla de dos ataques de la división Leval. Es en el segundo en el que se produce la carga del regimiento del Rey y el contraataque español. La verdad, no me cuadra esto en la cronología de la batalla. Pero tampoco me voy a parar más en ello. No me resulta relevante.

9.- El movimiento de Wilson tras la retirada de Escalona no encaja con lo que el mismo Wilson escribió años más tarde: según Chartrand se retiraron directamente hacia el puerto de Baños, pero sin indicación de fecha alguna.

10.- Por alguna razón que no llego a entender hay un “after” de la batalla de Talavera que incluye a la batalla de Almonacid. El problema es que está tremendamente mal contado este combate. La cronología está mal, y los movimientos de tropas parecen no existir. La verdad, no me extraña. Hay que tener en cuenta que en esta batalla sólo hay tropas españolas, lo que quiere decir que no hay bibliografía británica especializada. Como ya he descrito antes, la bibliografía española es inexistente en la obra de Chartrand (obviamente no conocerá este trabajo de Leopoldo Stampa). La resultante de ambos elementos es un relato con un montón de agujeros.

He de añadir que tras leer el libro me dirigí al autor a través de la editorial, y recibí una muy amable respuesta de Chartrand. Le expliqué que el grupo de investigación del que tuve la fortuna de formar parte había investigado nuevas fuentes documentales, parte de las cuales se habían reflejado en nuestro libro Talavera 1809. La batalla, la ciudad, sus gentes. Estas nuevas fuentes invalidaban parte del trabajo anterior, incluso trabajo tan reciente como el del coronel Sañudo. Me ofrecí a ayudarle en el manejo de dicho material si su intención era seguir escribiendo sobre la batalla. Me dio las gracias y me vino a decir que de acuerdo, si bien no era su intención reescribir su libro tan seguido de publicarse. Cosa muy normal y que no requiere más explicación. Por lo menos no podrá decir que desconoce las novedades acerca de este asunto.

Para terminar esta extensa entrada finalizo con una frase de un amigo. Para escribir un libro sobre Talavera en 1809 hacen falta tres meses de escritura, y treinta años de documentación. Chartrand ha tenido sólo los tres meses.

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