Archivo de octubre, 2016

oct 28 2016

Música de viernes (XXIII)

Publicado por en Música

Con diez cañones por banda

Viento en popa a toda vela

No corta el mar, sino vuela

Un velero bergantín…

La célebre Canción del Pirata, escrito por José de Espronceda, y que tantas generaciones de escolares aprendimos de memoria, aquí convertido de veras en canción por el grupo Tierra Santa.

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oct 25 2016

Cenizas a las cenizas

Publicado por en Fe

Ya no hay información religiosa en los medios de masas, como tampoco la hay en materias de defensa e internacional, casi nada en deportes, y solo algo más en ciencia. La razón para ello es que no hay expertos en estas materias, gente con estudios filosóficos o religiosos y en historia de las religiones, en sistema de defensa y estrategia, que se haya leído los reglamentos de los deportes que comenta, o con una mínima cultura científica y de la historia de la ciencia. Los expertos que había en los medios se han ido jubilando, o muriendo, y detrás de sí no han dejado escuela. Solo queda el forofo, el supporter, el hincha. Como consecuencia, en la era en la que el saber humano se comprime en 140 caracteres, ya se ha renunciado a la información, no digamos a la formación; lo único que cuenta es el impacto, el titular forofo, aunque sea ignorante; es más, precisamente por ser ignorante hace de mayor reclamo.

Recuerdo allá por el verano del 92 o del 93 titulares ignorantes acerca del nuevo catecismo de la Iglesia. Entre otras cosas se hacía burla de que el catecismo indicaba que era pecado conducir con exceso de velocidad. Aún estarán buscando el canon en el que está escrito esto, porque nunca supieron señalarlo. Era inútil entrar en argumentaciones tanto más complejas acerca de la proyección del No matarás en los comportamientos que pudieran poner en riesgo innecesario la propia vida, o la ajena. La crítica no pasaba de los titulares, porque titulares era lo que se buscaba, y nada más. Esto fue años antes de ver doce meses doce causas y ateos comecuras (foto de abajo a la derecha) concienciados contra los accidentes de automóvil.

En víspera del Día de los Difuntos se ha hecho pública la instrucción Ad resurgendum cum Christo (aquí la versión en inglés en la web oficial del Vaticano y aquí la versión en español) relativa a la sepultura de los cuerpos y la conservación de las cenizas de los difuntos. Nada que destacar, la verdad. La tradición cristiana lleva años, e incluso siglos, diciendo lo mismo. Que los cadáveres han de sepultarse en un cementerio. Que no se les puede arrojar a un río, o tirar por un barranco. Que no se le puede desmembrar para enterrarlo a trozos o en varios sitios. Que no se puede usar el cadáver o partes de él para hacer vudú, o para hacerse un collar con los dientes, o fabricarse un llavero con un dedo. Lo que dice esta instrucción es que con las cenizas de los difuntos ha de hacerse lo mismo.

Por supuesto, ya tenemos amplios titulares comentando esta instrucción al mismo estilo forofo de otras veces. Los más que he leído se resumen en El Papa (o la Iglesia) prohíbe tener las cenizas de los difuntos en casa. Ya está: en algunos medios ni tan siquiera el cuerpo del artículo tiene el entrecomillado con el texto de la Instrucción. Menos aún el enlace, y eso que en inglés estaba disponible desde primera hora. El titular, solo el titular, y a su alrededor la sapiencia humana en comentarios de 140 caracteres concentrada hasta ser casi un agujero negro. De todos estos artículos el que más me ha gustado es el del diario El Mundo, que termina así:

En definitiva, la única opción viable es conservar las cenizas en los cementerios. Y pagar un canon por ello, claro está.

Sí, al Ayuntamiento, que es el dueño del cementerio. Por lo demás, igual que con los cuerpos de los difuntos. Qué escándalo.

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