jul 27 2010

Lectura del día (XXXIV)

Publicado por admin a las 19:16 en Historia Militar

Del Manual del soldado español en Alemania (editado por la Fundación del Instituto de Empresa). Capítulo VII: Breve instrucción para la conservación de la Salud de los Soldados.

Como la fuerza de los Exercitos dependen principalmente de la conservación de la Salud de los Soldados, todo lo relativo á este obgeto es de la mayor importancia.

(…)

La sobriedad y la limpieza son dos requisitos esenciales para la Salud. Aunque el exéso (sic) en la Comida, no sea por lo comun, un vicio á que esten expuestos los Soldados, debe no obstante recomendarseles la Sobriedad; porque pueden faltar á ella, ya sea con el Vino donde abunda, ya con el aguardiente ó con el uso de otros Licores fermentados. Los excessos de este genero, no solo son perjudiciales á la Salud, sino que ocasionan faltas graves, y las mas contrarias á a la disciplina militar.

La limpieza, ó el aseo del cuerpo, de los vestidos, y del alojamiento, es un obgeto igualmente indispensable para la conservación de la Salud, y el qual no puede recomendarse demasiado á las Tropas.

La piel del hombre, y de los animales está cribada de pequeños orificios inperceptibles llamados Poros, por los quales se exhalan humores superfluos del cuerpo, que se llaman transpiracion, y sudor. Por falta de limpieza en el cuerpo, los referidos Poros se obstruien, la transpiración no se ejecuta como es menester, y se originan varias enfermedades cutaneas. (…)

Lo que contradice grandemente la imagen habitualmente puerca que se tiene, por ignorancia, de las tropas de la época. Reminiscencias de los westerns de Hollywood, supongo, puesto que en esas películas todos los soldados mexicanos o en general hispanos llevan el uniforme sucio, sudan como puercos, y tienen aspecto de no haberse mojado por fuera en un mes.

¿Y si no se pueden seguir esos consejos, como le sucedió a Rafael de Llanzá y de Valls en Rusia? Pues sucede lo siguiente:

Yo me desnudé un día, después de 5 ó 6 meses que no lo había hecho, y me espanté de verme los muslos; podían empuñarse por cualquier parte; cubierto el cuerpo de un cutis denegrido con una cierta escama. A esta espantosa flaqueza se unía una infinidad de pequeños animales que se llaman (ilegible), que nos consumían y devoraban.

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