ago 21 2012

Temporadas 2011/12 y 2012/13: voy de adonde vengo

Publicado por a las 21:09 en Athlétic Club,Fútbol es fútbol

Ya ha comenzado la Liga 2012/2013 y aún no he escrito el comentario que me merece la temporada pasada, y las perspectivas de futuro (presente ya) para que acaba de comenzar.

Y no he escrito semejante comentario porque aún me dura la aflicción del final de la temporada pasada.

Hay dos maneras de medir el éxito de un estado de la realidad. Una consiste en buscarse un ideal sobre ese estado, con el cual se coteja lo que en efecto tenemos a la vista. Otra consiste en estudiar el estado actual, y tras ello situar un nivel al que razonablemente puede evolucionar dicho estado.

El primer método me parece que en general es frustrante. Un ideal no es precisamente un estado al que se evoluciona con facilidad. Bien lo saben (aunque no sean conscientes de ello) los fumboleros que reclaman, domingo a domingo, que su equipo sea ideal: que todos jueguen como Di Stéfano, que se metan media docena de goles por partido, que se ganen todos los campeonatos con mucha diferencia… Como eso no es posible (no siempre al menos), andan todas las semanas con la frustración del de otro modo…

El segundo método tiene el inconveniente de fijar el nivel de referencia, que puede pecar de timorato o de excesivamente optimista. A cambio, una vez fijado, no es un imposible, sino un hipotético realizable.

Personalmente, me quedo con este segundo método. Prefiero estar decepcionado a estar frustrado.

Este soy yo mismo, en mi casa, viendo la final de Copa.

El nivel de juego del Athlétic Club en la UEFA Europa League (especialmente los partidos con el Manchester United; llevaba media vida esperándolos) permitía suponer razonadamente que la final contra el Atlético de Madrid (equipo no mejor que el United) podía terminar en victoria, después de una nueva demostración de juego. Y no fue así.

También era razonable pensar que la motivación extra y el ya indicado nivel de juego que demostradamente se había sostenido en competición oficial podían ser bazas a favor de una victoria en la final de Copa, aunque el F.C. Barcelona sea (de lejos) mucho mejor equipo que el Atlético.

No fue así en ninguno de los dos casos. El nivel de juego del equipo fue, en ambos partidos, parecido: defensa floja, control de la pelota demasiado precario, jugadas que no llevaban a ninguna parte, falta de remate, falta de gol… Es decir, una decepción tremenda. Y esa decepción aún me pesa como una losa.

No me ayuda en absoluto a superar esa decepción el nuevo aquelarre nacionalista que montaron los habituales de la fiesta en el Vicente Calderón. Yo estoy decepcionado por la poca educación y vergüenza demostrada. Ellos, los del aquelarre, por el contrario, están frustrados porque lo que debería ser una gran final internacional se quedó en una final más (y van 36) de la Copa del Rey con esos dos equipos.

Estoy decepcionado, pero… He visto con mis propios ojos lo que mis padres y abuelos vieron una sola vez, y que en tiempos relataban como un hito en la gloriosa historia del Athlétic Club: dos finales en un año. He visto también como el Athlétic Club demostraba ser uno de los mejores clubes de fútbol del continente, y cómo colocaban un jalón deportivo en Old Trafford, que, si San Mamés es la Catedral, aquello es el Vaticano. Estoy decepcionado, sí, pero… que me quiten lo bailao.

Eso sí, no estoy frustrado. Frustrado están los merengues y culés porque sus equipos, cada uno con un título nacional, no entraron en la final de la Champions League, única competición (afirman, los muy idealistas) a la altura de ellos mismos.

Luego de la decepción vino la Eurocopa. Buen sabor de boca por el juego realizado y por el resultado, si bien eso no es una sorpresa porque tanto uno como otro eran razonablemente esperables.

Y tras toda esta introducción viene el motivo por el que me he animado a escribir esta entrada, y es la situación en el club de Fernando Llorente y Javi Martínez.

Cuando mi padre fue presidente de la Peña del Athlétic Club, en varias ocasiones se encontró ante la situación de tener en alguno de sus equipos a un jugador tan prometedor que estaba claro que no se le podía dejar allí, que había que dejarle volar hacia una categoría superior para que se desarrollara. Cuando escribo “categoría superior” no me refiero a ningún equipo de Talavera, de nuestra provincia o de nuestra región, sino a equipos de Primera División. Que yo recuerde, de eso jugadores ha habido al menos dos: Javier Casquero, y Miguel Ángel García Corona, jugadores ambos a los que mi padre les dio carta de libertad para que volaran de Talavera a Madrid. Al menos a uno de ellos pudo haberlo retenido legalmente, y pudo también haber especulado con su carta de libertad para hacer dinero. Pero eso no iba con el carácter de mi padre, y con lo que él entendía que debía ser la filosofía del fútbol base.

Partiendo de ese ejemplo, pensé, y sigo pensando, que en su día (a partir de 1998, para ser más exactos) hubo que haber dejado volar a Julen Guerrero para que adornara su palmarés con una Premier League o una Champions, incluso. Nada de traspasarle al F.C. Barcelona o al Real Madrid, rivales directos: que se marchara a Manchester, o a Turín, o a Munich… Justo lo mismo que ahora pienso de las dos perlas del Athlétic Club.

Lo de Javi Martínez supongo (y deseo) que se solucionará con el pago de la cláusula de rescisión. Que, para un jugador de sus características, es una ganga. 40 millones más impuestos por un campeón del mundo de 23 años, casi 24, es simplemente, una bagatela.

Javi Martínez en su mejor hora. Ya ha crecido; ya no es “ese chavalito”, como le despachó Javier Clemente hace un tiempo.

Lo de Fernando Llorente debería solucionarse de la misma manera. Y si no hay ningún equipo que pague la cláusula (36 millones, otra ganga, no obstante la diferencia de edad), lo suyo sería ofrecerle por una cantidad, aunque esté por debajo.

El Rey León. Otro que ha crecido, y que necesita nuevos terrenos de caza. Si encima le insultan, con mayor motivo.

Simplemente, a los dos se les ha quedado pequeño el Athlétic Club. Es hora de dejarlos volar para que sigan creciendo, y tienen margen para ello. Todo lo que no sea eso es gestionar de manera inadecuada el potencial de estos dos grandes jugadores. Y eso, en mi opinión, no va en la filosofía futbolística del Athlétic, tal como la entiendo yo. Aunque aquí quizá el idealista (y consiguiente frustrado) soy yo.

Lo que a estas alturas está claro es que la situación que afecta tanto a Llorente como a Martínez, dos de los mejores jugadores que han portado el escudo en los últimos treinta años, se ha gestionado (y se sigue gestionando) de manera inadecuada, de tal manera que se ha llegado a un punto de bloqueo que parece irreversible.

No sólo no se les deja volar, sino que tampoco se les permite jugar.

Peor aún: en esta doble condición se les ha colocado como blanco de ocasión para que la afición (los habituales de la fiesta que mencioné antes) los insulte a gusto, incluso con palabras que en Bilbao y otros sitios del País Vasco llevan décadas asociadas a derramamientos de sangre. A ellos, que tanto han sudado por el club, y que, que yo sepa, nunca han usado palabras similares. Ni las están usando, aunque quizá alguno, o los dos, se esté mordiendo la lengua.

Dicho sea de paso, (casi) me hace gracia pensar que del mismo modo que el lenguaje soez del nacionalismo esté actuando como disolvente de una plantilla (porque está claro que ni Fernando ni Javi volverán a jugar en San Mamés, como no sea de visitantes) que hasta hace poco era bien competitiva, la simbología nacionalista (esa segunda equipación remedo de una permanente selección de Euskadi en el Athlétic Club), carta que jugó Fernando García Macua para su relección, no llevó electoralmente a ninguna parte. Si ésa es la medida del éxito del nacionalismo vasco en el club, entonces es que es un camino a la nada.

No creo que Josu Urrutia haya expuesto deliberadamente a estos dos jugadores a esta situación. Creo, eso sí, que la política de hacer del perro del hortelano, que ni los deja jugar ni los deja fichar por un tercero, lleva a un callejón sin salida tanto al club como a los jugadores.

Tanto me da, a estas alturas, que éstos quieran irse para crecer, que quieran irse porque no soportan a Bielsa (rumores hay), porque les ofrecen mucha pasta (como si eso fuera un delito), o por una combinación de todo ello.

Dando por descontado que ni Llorente ni Martínez jugarán esta temporada en el Athlétic, ¿qué perspectivas razonables tiene el club?

Bueno, hay una aterradora: el Villareal se fue a Segunda División tras perder a dos de sus estrellas, Capdevila y Cazorla, después de haber estado en la élite del fútbol europeo. Estar en puestos de descenso, o cerca, no es nuevo para nosotros. ¿Hay plantilla para salvar ese escollo? Yo creo que sí, aunque hay que estar atentos al hecho de que pase factura jugar en tres competiciones distintas. Ésta fue, sin duda, una de las razones para el bajo rendimiento del final de la temporada pasada.

En el otro extremo ¿se puede repetir una temporada como la pasada? Sobre el papel es posible, si bien se antoja complicado. La plantilla, con las dos bajas mencionadas, no es más fuerte, aunque tenga todavía joyas como Íker Muniain, Óscar de Marcos o Ander Herrera, por dar sólo tres nombres. Los demás equipos son al menos tan fuertes como el año pasado, por lo que la brecha entre unos y otros se ha ampliado. Lo que no creo que le falte al club es coraje, como lo demostró el pasado partido contra el Real Betis. Es lo mínimo que se le supone a todo aquel que viste la camiseta rojiblanca. En ese sentido, espero que nadie quedará decepcionado.

De león a león. Una escena que me temo que no volverá a repetirse. No con esa camiseta, al menos.

Entre una opción y otra, hay varios escenarios posibles, unos mejores, otros peores. Ninguno pasa porque el Athlétic sea el club estrella de la Liga (o de la Copa, ay), o la revelación de la temporada. Demasiado poco para mi paladar, la verdad, pero no hay más cera que la que arde.

Hoy hace cinco años que falleció mi padre. Me hubiera gustado escribir una entrada con tonos más alegres sobre el equipo al que tanto amó y por el que tanto hizo, siempre gratis. Voy a dejarlo aquí. Seguiré en otro momento, espero que con mejor ánimo.

3 comentarios

3 comentarios en “Temporadas 2011/12 y 2012/13: voy de adonde vengo”

  1. Israel López Antónel 22 ago 2012 a las 11:04

    José Manuel, símplemente ENHORABUENA.

    No es habitual, en los tiempos que corren, encontrarse con ejercicios de redacción (y opinión) tan acertados (y constructivos) como el que acabo de leer en esta entrada tuya.

    Más allá de estar en acuerdo o desacuerdo en alguna o todas las cuestiones que planteas (esta es una cuestión personal), hay que celebrar el elegante estilo de redacción, que se nota pensado, trabajado, meditado, lejos de la dictadura de la inmediatez con la que las mal llamadas (a mi entender) redes sociales nos castigan desde hace un tiempo a los amantes de la buena lectura, entiéndase por buena lectura aquélla en la que, por una parte, sus construcciones gramaticales y su léxico no se reducen a expresiones poligoneras o a machacados mantras 2.0 (el 99 % de las entradas de Facebook ó Twitter pertenecen a uno de estos dos tipos citados).

    Pero no es sólo la cuestión formal del lenguaje (que no es poco, repito, dado el maltrato que está sufriendo la lengua castellana desde que existen los “smartphones”, por cierto, qué desafortunado nombre para algo que está convirtiendo en auténticos peleles a muchos que hasta la aparición del cacharrito eran solamente peleles en potencia) la que me lleva a felicitarte. Es también el contenido (repito, más allá de estar en acuerdo o desacuerdo en parte o en totalidad) o más bien la objetividad con la que logras contarlo. Más aún, es la perfecta combinación entre la subjetividad del aficionado (tus emociones y sentimientos son tuyos, por mucho que los defensores de lo políticamente correcto se empeñen en objetivizarlo todo) y la objetividad del analista con opinión formada e independiente.

    La secuencia de la redacción es perfecta, no sólo porque vas hilvanando perfectamente todas las ideas que quieres exponer sin recurrir a saltos de mata o que se haga pesada la lectura, sino porque te mueves hábilmente, como un felino, siseando, entrando y saliendo entre la subjetividad y la objetividad antes mencionadas, cosa que es muy de agradecer, pues para los que no somos forofos del Athletic, y más para aquellos que como yo pecamos de una objetividad analítica extrema, a veces es necesaria esa componente de emoción personal, de sentimiento propio, en definitiva, esa componente alterna que mueve al lector en torno a una perfecta componente continua marcada por la acertada dosis de objetividad.

    Con ello logras dos cosas: una, gracias a tu componente subjetiva, que el lector tenga interés en todo momento por aquello que quieres contar, y, dos, gracias a la componente objetiva, evitar el tan abundante y absurdo forofismo que en este mundo del fútbol hace que algunas lecturas se abandonen a la cuarta palabra ante la imposición de pensamiento único con la que el aspirante a redactor quiere obsequiar a su parroquia de correligionarios (y de paso castigar y exorcizar a los herejes). En este caso, la componente continua de la objetividad es 0 y la componente alterna está rectificada, y, por tanto, manipulada.

    En este comentario sólo quería felicitarte por este fenomenal ejercicio de redacción, muy distinto al que actualmente prolifera en manos de estos “periodistas 2.0″ que, armados de un smartphone, con sus fotos de baja calidad y tweets que gracias a su limitación de 140 caracteres les permite no exponerse demasiado a su propia ignorancia lingüística, creen que colocar 2450 posts en las redes sociales es el “nuevo periodismo”. Y puede ser. Puede que tenan razón en eso, pero tu post demuestra que existe una insalvable diferencia entre cacarear y contar cosas. Quizás el periodismo ha quedado relegado a lo primero, y esta puede ser la causa por la que los profetas del 2.0. reclaman con insistencia su “tierra prometida” en forma de “nuevo peridoismo”. Por suerte, aún nos queda gente como tú para lo segundo.

    Un abrazo,
    Israel

    P.D: en un comentario separado entraré en los detalles sobre el contenido…

  2. Israel López Antónel 22 ago 2012 a las 11:59

    Entrando ya en los contenidos… decirte que en líneas generales estoy bastante de acuerdo con tus exposiciones, si bien, algunas matizaciones:

    “Hay dos maneras de medir el éxito de un estado de la realidad…” De entrada, el planteamiento con el que quieres enmarcar la exposición, es brillante. Te hace pensar, y, te lo está diciendo alguien que tiene el pensamiento muy rápido y no suele necesitar de segundas lecturas, en tu caso aún necesito meditar esta parte de tu exposición. Pocas veces me suele pasar esto, y cuando pasa, es que me encuentro ante algo que sin duda aportará riqueza a mi persona. Por tanto, sobre el marco general que planteas, aún no estoy en posición de analizarlo como merece. Sigamos, por tanto, hacia cuestiones más terrenales…

    “Prefiero estar decepcionado a estar frustrado.” Si bien a esta conclusión sólo se puede llegar tras el correcto análisis del marco que planteas (y que como dije, aún debo meditar), indicar aquí sólo que esta postura plantea un potencial problema: Un frustrado es aquel que tiene continuas decepciones…

    “El nivel de juego del Athlétic Club en la UEFA Europa League (…) permitía suponer razonadamente que …” Aquí hay, en mi opinión, un error de base, y es el hecho de utilizar la lógica (que no es más que el hecho de suponer razonadamente algo) en una materia no sujeta a lógica. Bien sabes que “el fútbol es así, 11 contra 11, no hay rival pequeño…” y no entiende ni de fórmulas, ni de lógicas. Aquí 2+2 no son necesariamente 4. Es por ello que, si bien es cierto que el nivel de juego mostrado hasta ese momento había sido consistente, no se puede inferir de ello que a un rival “menor” al Manchester se le vaya a ganar más fácilmente. Igual reflexión para el caso del Barcelona (aunque en este caso, la lógica suele imponerse…). Hasta aquí, lo referente a la superficie, es decir, a la suposición razonada. Ahora vayamos con el fondo de la cuestión: el juego mostrado hasta ese momento fue consistente… y hasta insistente. Me explico: Bielsa ahoga a sus equipos. Y no sólo porque su estilo de juego sea asfixiante. Una vez encuentra el 11 tipo, lo exprime hasta más allá de lo humanamente exprimible. Consecuencia: el equipo, inmerso en 3 competiciones, llegó asfixiado a las finales. En el caso de la UEFA, se enfrentaba ante un equipo, el Atlético, que llegaba en pico de forma (es lo que tiene haber acertado con el cambio de entrenador a mitad de temporada). En el caso del Barcelona, se enfrentaba… al Barcelona. No soy amigo de las exageradas rotaciones del fútbol actual, pero Bielsa, sin llegar a esos extremos, debió haber sabido dar oxígeno a su equipo.

    “Lo de Javi Martínez (…) para un jugador de sus características, es una ganga.” Personalmente, no estoy de acuerdo. Primero de todo, no suelo estar de acuerdo cuando se habla de “un campeón del mundo” acerca de alguien que no ha jugado un minuto (o muy pocos) en fase final. No ahondaré en ello, pues es, ante todo, una opinión muy personal. Siguiendo con el tema bagatela, Javi Martínez es, sin duda, uno de los valores más firmes del fútbol español (y digo español porque, contrariamente a la opinión de aquellos del aquelarre nacionalista que mencionas, su pasaporte es español). Talentoso, polivalente, joven, físico portentoso y muy buena técnica hacen de él un jugador total. Sin embargo, es su juventud la que hace que su “valor de mercado” esté aún por debajo de esos 40 millones (y en Munich lo saben… ¿por qué crees que aún no está finalizada la operación?). Javi Martínez ha demostrado ser un portento… en el Athletic. ¿Podrá este jugador adaptarse a otros entornos, sobre todo una liga tan diferente como la Alemana? Sin ir más lejos, tenemos el ejemplo de uno de los jugadores más virtuosos que en mi opinión ha dado el fútbol español: Gaizka Mendieta. Se adaptó perfectamente a lo que el Valencia pedía de él, pero no supo adaptarse al Barcelona ni posteriormente al fútbol inglés. Este caso, como muchos otros, prueban que el valor de mercado de un jugador está más en su capacidad de adaptación que en sus capacidades técnicas. En el caso de Javi Martínez, esta capacidad de adaptación está aún por ver… 25 millones sería un precio más realista a día de hoy, pero el Athletic no le dejará marchar por menos de 40, y hace bien, para algo se firman las cláusulas, digo yo.

    En el caso de Llorente, si bien 36 millones me parecen tambien una cifra elevada (tal vez 30 millones estaría más ajustado a la realidad), creo que sin embargo no es nada descabellado pensar en pagar tal cifra. Su edad es indicativo de mayor madurez y potencialmente mejor adaptación. No sólo eso, la probabilidad de “fiasco” es menor en el caso de Llorente, pues en su calidad de delantero, basta con tener una cifra de goles decente para justificar el desembolso. En el caso de Javi, su posción es más difícil: los errores se magnifican y necesitas muchos partidos para recobrar la confianza perdida por el técnico tras una mala actuación puntual. Por tanto, el valor de Javi Martínez lo considero elevado, no tanto porque no atesore el valor que se le supone, sino porque existe un razonable riesgo de que no pueda aportarlo.

    Sobre la intromisión de nacionalismos y demás en una cuestión meramente deportiva, símplemente decir que es algo surrealista, y son cosas como esa las que envían a equipos no sólo a segunda, sino a desaparecer. Además está el hecho de que el nacionalismo mal entendido (algo muy habitual en las personas que mencionas) se torna en dictadura: ¿qué derecho tienen estas personas en cortar la libertad a la que un profesional del fútbol tiene derecho para mejorar o reconducir su carrera según lo crea conveniente? Las fichas, en fútbol, son, ni más ni menos, que meros contratos mercantiles. Y en dichos contratos, los jugadores no firman “luchar por la causa vasca”, no al menos directamente (lo hacen indirectamente al aceptar unas cláusulas desorbitadas que impiden sus traspasos, como estamos viendo con estos dos ejemplos). Por tanto, llegado el momento en que alguien venga con el dinero, hay que cumplir lo firmado, sin tener que recurrir al falso nacionalismo para llorar como mujer lo que no se supo mantener como club (y en esto último, la componente Bielsa tiene un peso muy importante).

    Lo que no se puede permitir es que se repita, y por partida doble, el tristísimo caso de Julen Guerrero, probablemente el jugador más talentoso que haya salido jamás de Lezama. Sus inicios en el Athletic fueron brillantísimos. Su final, triste, oscuro, inmerecido. Cuando los grandes se acercaron a él, se debió haberle dejado marchar… aunque por otra parte, en el caso de Julen, él nunca declaró abiertamente que se quisiera marchar, y le fue fácil al Athletic retenerle: bastaba con ofrecerle algo que nadie lo ofrecía: ¡un contrato por 10 años! El chaval, que se conocía muy bien, temedor de sus problemas de adaptación, prefirió lo conocido… y se convirtió en funcionario. No tanto por él mismo, sino porque los entrenadores que tuvo a continuación no tuvieron en él la confianza necesaria, quizás por ser un jugador demasiado exquisito en una institución que hasta la llegada de Bielsa valoraba lo físico por encima de todo.

    En definitiva, la situación ha abierto una brecha en canal importante, y costará tiempo (y dolor) detener la hemorragia. Ni Javi ni Llorente pueden ya jugar en este equipo. Si finalmente se materializan los traspasos, el club tendrá unas finanzas saneadas a costa de una incierta temporada en lo deportivo y errática en lo político. Pero si no se materializan… el club perderá la opción de hacer caja y tendrá dos espectadores de lujo viendo los partidos del Athletic… por la tele.

    La temporada ha empezado, para el Athletic, como predije: 2 fijo en la quiniela. No me sorprenden los 5 goles del Betis (ni los 4 que probablemente le meta el Atlético el lunes). Sí me sorprendió la reacción del equipo y su remontada, muestra de que aún hay garra y quizás la herida, que sin duda dejará cicatriz, puede que no acabe en amputación. Por ello mismo, tampoco deberían sorprenderme los 3 goles que el Athletic marque en el Calderón.

  3. José Manuel Rodríguez (a) Eborenseel 23 ago 2012 a las 19:55

    Muchas gracias por tus palabras, Israel. Sabes de sobra que cuido mucho lo que escribo, tanto en el fondo como en la forma. También pienso (bien lo sabes) que quien escribe al descuido, con errores, con faltas… es que sencillamente no tiene interés en lo que hace. Para que luego hablen de profesionalidad.

    El tema del forofismo me tiene cada vez más asqueado. Gracias a los forofos hay prensa no se puede ni tocar porque es radioactiva. Gracias a los forofos hay campos de fútbol donde mi presencia, como aficionado de mi equipo, no es bienvenida. Gracias a los forofos no se puede hablar de fútbol, sino que se discute sobre dogmas. Y yo no estoy dispuesto a nada de eso, que ya soy mayor para que me digan ciertas cosas.

    Del tema del nacionalismo ya hablaremos otro rato. Como te puedes imaginar, me tiene también muy asqueado ese asunto. Baste escribir aquí que el nacionalismo en el Athlétic Club, hasta donde yo sé, es mucho más sutil que el de clubes como el F.C. Barcelona, por ejemplo, pero no por ello resulta menos presión para la plantilla.

    Por lo demás, de acuerdo contigo en lo que dices. No vamos a discutir si Javi Martínez vale 40 millones o 15. Tu argumento es correcto, y eso es con lo que me quedo.

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