jul 22 2009

Cartas a Carmen (IIIª parte): 22 de julio de 1809

Publicado por a las 10:30 en Cartas a Carmen

Campamento de Talavera de la Reyna, 22 de julio de 1809

 

Querida Carmen:

 

Te escribí mi última carta delante de la villa de Talavera, con noticias ciertas de que al día siguiente entraríamos en combate. Comienzo ésta diciéndote que en efecto entramos en combate. Estoy bien; no sufrí herida ni daño alguno. Tampoco ninguno de los amigos y conocidos de los que tengo noticia segura ha sufrido herida como fruto de este combate.

 

Me alegra decirte que en el combate que libramos no sólo salimos intactos sino también victoriosos, de tal manera que hemos forzado al enemigo no sólo a abandonar la villa, sino también a retirarse por el Camino Real hasta detrás del río Alberche, donde en estos momentos aún se encuentran, vigilando el cruce de dicho río por nuestras tropas.

 

Aclarado esto para tu tranquilidad, te contaré ahora con más detalle lo que ha sucedido desde mi última carta, y muy especialmente el combate de ayer, día 22.

 

Nos levantamos y formamos antes del alba, y justo en esos momentos escuchamos a nuestra izquierda disparos. Los franceses, dañinos y malos como son, son también de lo más taimado en el arte de la guerra, y saben ejecutar con buen tino sus maniobras. Resulta que habían atacado a las tropas nuestras que formaban nuestra ala izquierda desde sus puestos tras el pueblo de Gamonal al objeto de reconocer nuestra fuerza, y, supongo, también de amilanarnos en nuestro avance. Llevados por el ímpetu de este ataque, habían avanzado sobre nuestros compañeros dando la impresión de que querían envolvernos por la izquierda. Tarea imposible dado su número y el nuestro, pero la maniobra no era mala en su concepto. Pasada la primera sorpresa, nuestros compañeros se rehicieron y mantuvieron el terreno.

 

Entonces parte la caballería de nuestra división, los dragones de Villaviciosa y los cazadores de España, que desplegaban a vanguardia, anunciaron que también por el Camino Real había movimiento del enemigo para acometernos. Formamos rápidamente la línea de batalla, con mi compañía haciendo de enlace entre los Cazadores de Extremadura a la derecha y los Voluntarios de Valencia y Alburquerque a la izquierda. Como nuestra tropa era más experta que estas dos unidades, se esperaba de nosotros que mantuviéramos el empeño y la unión entre las dos alas de nuestra fuerza, aunque los otros flaquearan.

 

Avanzamos en línea de batalla, ya con luz en el cielo, para acometer a los franceses tras la población de El Casar. No tardamos mucho en tomar contacto con ellos, y de inmediato comenzamos a tirotearnos. Nos habían dicho los oficiales que no era tarea nuestra romper a los gabachos, sino entretenerles mientras la caballería del Duque de Alburquerque, a un lado, y la británica, al otro, los envolvían. Por tanto sostuvimos nuestras líneas mientras paso a paso, y tiro a tiro, empujábamos a los gabachos hasta el lecho de un arroyo, que marca el límite oriental de la villa de Talavera.

 

Al cabo fueron incapaces de aguantar la presión de nuestras fuerzas, y comenzaron a ceder, momento en que la caballería británica los acometió con furia, sellando su retirada.

 

Entramos sin oposición en la villa de Talavera, con las armas al hombro y con nuestros generales a la cabeza. La gente del lugar salió a nuestro paso para vitorearnos y celebrar con gran alegría que al fin habían sido liberados del yugo del invasor. Vi al general Zayas saludar con gran afabilidad incluso a los chiquillos que se acercaban a tocar los arreos de su montura.

 

No obstante, no paramos allí. Seguimos adelante hasta traspasar la localidad, e incluso dejamos atrás una iglesia extramuros que se encuentra a una legua de los muros de Talavera, puesto que era más urgente saber de las posiciones francesas, y ver si se les podía acometer a este lado del río Alberche.

 

Entre la propia villa y el río hay un espacio amplio que está cortado por cercas y por multitud de árboles. Allí se concentró el ejército aliado, fila tras fila de soldados, dando cara al río Alberche tras el cual los franceses se habían refugiado. Aun quedaban muchas horas de luz porque el combate frente a Talavera no duró mucho. Estábamos persuadidos de que nuestros generales aprovecharían el ímpetu del combate de la mañana para lanzarnos de nuevo contra los franceses. Pero parece que la prudencia recomienda otra cosa: no sabemos a ciencia cierta la posición de los cañones franceses; si, como es de sospechar, están cubriendo tanto el puente del Camino Real como los vados, maniobrar contra ellos no será fácil. Además los británicos llevan en marcha desde casi la medianoche, puesto que acamparon cerca de Oropesa, tras una marcha de varias horas combatieron frente a Talavera, y ahora están a nuestra izquierda.

 

Parece que esta noche vamos a acampar a la vista del río hasta tanto nuestros jefes nos digan por dónde y cuándo pasarlo para seguir a los franceses. Es muy posible que mañana veamos otro combate, como el de hoy. Una vez más te digo que la posibilidad de entrar en combate no me asusta ni preocupa, y tampoco la de quedar herido o morir. Espero, de todos modos, que Dios me proteja y la próxima carta te la pueda escribir desde la otra orilla, en el camino a Madrid. Adiós, Carmen. Reza por todos nosotros. Tuyo,

 

José

Granadero

1ª compañía del 1er batallón del regimiento de infantería de línea de Voluntarios Leales de Fernando 7º

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