jul 25 2009

Cartas a Carmen (Vª parte): 25 de julio de 1809

Publicado por a las 10:30 en Cartas a Carmen

Campamento de Alcabón, 25 de julio de 1809

 

Querida Carmen:

 

Después de haber pasado dos días acampados en Talavera de la Reyna, frente por frente a las posiciones francesas situadas al otro lado del río Alberche, ayer por la mañana cruzamos al fin el mencionado río. ¡De nuevo estamos en campaña, y de nuevo en dirección a Madrid! No te puedes hacer cabal idea de lo satisfechos que marchamos todos. Nuestra alegría sería mayor si nuestros aliados hubieran actuado a la vez que nosotros, y marcháramos unidos. Pero sus tropas, en estos momentos, marchan a retaguardia de las nuestras, y eso es un problema.

 

Supongo que estas palabras mías te resultarán un poco confusas. Para mí, hace unos meses, también habría sido un misterio entender lo que sucede. Sólo después de haber pasado por la experiencia de ser instruido en el arte de la guerra, y pese a ser sólo un granadero más, puedo comprender la preocupación de nuestros oficiales. Tal como lo interpreto te lo cuento para que tú también lo entiendas.

 

Cuando cruzamos el río el día 24, pensando que al otro lado estarían nuestros enemigos dispuestos a darnos batalla, resultó que allí no había nadie. Se habían retirado. Y lo malo es que no sabíamos si lo habían hecho hacia Toledo por vía de Cebolla y La Puebla de Montalbán o hacia Madrid por vía de Maqueda y Navalcarnero. Nuestros jefes nos urgieron a avanzar tan deprisa como fuéramos capaces en pos del enemigo, a fin de localizar su retaguardia, pero no pudimos hacerlo. Llegamos ayer al mediodía a un pequeño pueblo llamado El Bravo, como a cuatro leguas de Talavera, pero no nos detuvimos, y seguimos marchando por el Camino Real hasta llegar a Maqueda, otras tres leguas más allá, que es un cruce de dos importantes caminos. No llovía, y el calor era muy molesto.

 

Estando en Maqueda nos dijeron que habían llegado noticias ciertas de que la tropa francesa, los soldados a las órdenes del mariscal Victor, se había retirado a Toledo y no a Madrid. De inmediato, y sin apenas descanso, cambiamos el Camino Real por la carretera que lleva a Toledo desde Maqueda. Una o dos leguas más adelante encontramos otro pueblo llamado Torrijos, en el que no llegamos a entrar porque antes de llegar a dicho pueblo por fin encontramos la retaguardia de los gabachos, tras la cual llevábamos toda la jornada. Hubo algunos tiros entre nosotros y sus patrullas, pero fue poca cosa, casi decepcionante. Nuestro general, Zayas, que es una de las mejores cabezas de este ejército nuestro, nos ordenó retirarnos al cobijo de otro pueblo llamado Alcabón, donde nos hallamos. Por su parte, los gabachos se retiraron al amparo de las casas de Torrijos, y allí siguen. Entre un pueblo y otro sólo se mueve nuestra caballería, gastando el terreno y reconociendo las posiciones de los franceses, y alguna patrulla de nuestra división, con la simple misión de molestar a los franceses en tanto se reúne aquí nuestra tropa. El grueso de nuestro ejército nos dio alcance esta misma mañana, con lo que estamos acampados casi al completo de nuestra fuerza entre Alcabón y Santa Olalla, en el Camino Real.

 

Y volviendo a los británicos: ellos se quedaron en el cruce de Cazalegas, apenas una legua delante de Talavera, prevenidos de que los franceses no se lanzaran con su caballería contra nuestra retaguardia en tanto no se supiera de su paradero. Ésa es la razón militar de este movimiento extraño de separarse nuestras tropas de las suyas. Si bien no te oculto que entre nuestros jefes se habla solapadamente de que los británicos no vienen porque su jefe les ha dicho que no vengan, y que el avance a Madrid, si había que hacerlo, lo haríamos solos nosotros. No quiero creer esto que dicen. Todos los soldados británicos con los que he hablado arden en deseos de batirse con los soldados enemigos, a los que no reputan ni por asomo mejores que ellos. Y también porque he visto personalmente a su comandante en jefe, sir Arhur Wellesley. Su rostro es el de un hombre de honor, en el que brillan por igual la inteligencia y la nobleza. ¿Dejaría un hombre así abandonado a nuestro general, el bravo Cuesta, y a nosotros, sus aliados? Es imposible de creer.

 

Hoy 25 nos lo han dado como jornada de reposo, y no ha llovido apenas en todo el día. Gracias a este descanso nos ha dado alcance un convoy de pertrechos. Y por si eso fuera poco los pueblos que te he mencionado están en bastante mejor situación que Calera o Talavera de la Reyna, por lo que hoy estamos comiendo algo mejor que ayer. También hemos recibido correspondencia de casa, y algunos envíos, y eso hace igualmente que estemos de mejor humor.

 

Hemos leído en la compañía, con gran alegría y hasta con lágrimas en los ojos por los recuerdos de casa que ello nos ha traído, la carta de don Javier, nuestro párroco. Hemos igualmente recibido la ropa que nos habéis enviado, y que nos viene como aire fresco en día de calor. Ayer nos llovió algo, como te dije, y con esta ropa nos hemos podido secar y mudar de prendas, para mayor comodidad de todos. Yo visto en estos momentos, mientras te escribo, la camisa que me has hecho, y me emociono cuando pienso en el amor con el que me la has preparado. También me ha llegado el tabaco que me envías, si bien de este envío poco voy a disfrutar después de haber repartido entre los camaradas que no tienen.

 

Comidos y descansados, o al menos tanto como ha sido posible, y con moral alta, mañana sería un día adecuado para acometer de nuevo a nuestros enemigos. Parece que no va a ser así. Según ha ido avanzando el día nuestras patrullas nos dicen que la actividad y osadía de los franceses va a más. Si estuvieran aquí nuestros aliados, no se atreverían a tanto. Pero, si han sido reforzados desde Toledo y Madrid, se encuentran con más número de soldados que nosotros, y ello mucho me temo que les llevará a atacarnos. Aunque la suerte de nuestras armas no tienen porqué sernos desfavorable, y mis camaradas, por lo que les oigo, está prontos a batirse, parece que nuestros generales prefieren elegir ellos el momento y el sitio, sin dejar a los franceses que ellos sean los que escojan. Sea como sea lo que suceda mañana, estamos prontos a cumplir nuestro deber.

 

Mis camaradas están, igual que yo ahora, escribiendo de vuelta a nuestras casas para dar noticias de nuestra situación y también para agradecer este inesperado regalo que hemos recibido. Querida Carmen: agradecemos de corazón las manos que nos han escrito y nos han vestido hoy. Beso tus manos, que han encontrado tiempo para hacerme ropa y enviarme para mis necesidades. Agradece igualmente a don Javier la bondad que ha tenido al escribirnos y reconfortarnos. Pídele que rece por nosotros, porque aunque mañana no luchemos, lo haremos, con seguridad, en otro día no a tardar mucho. Tuyo,

 

José

Granadero

1ª compañía del 1er batallón del regimiento de infantería de línea de Voluntarios Leales de Fernando 7º

No hay comentarios

Trackback URI | Comentarios RSS

Escribe un comentario