jul 27 2009

Cartas a Carmen (VIª parte): 27 de julio de 1809

Publicado por a las 10:30 en Cartas a Carmen

Campamento de Talavera de la Reyna, 27 de julio de 1809

 

Querida Carmen:

 

Estamos de vuelta en nuestras antiguas posiciones de la villa de Talavera, como puedes leer. Y te preguntarás porqué. La explicación es bien sencilla. Te escribí desde el pueblo de Alcabón con la sospecha de que los franceses tras los que llevamos una semana habían recibido refuerzos. Por desgracia, así fue, y con estos refuerzos nos superaban en número.

 

Enardecidos por ello, la mañana de ayer fueron ellos los que nos atacaron a nosotros, como algunos temían desde la noche anterior. Precisamente gracias a esa prevención estábamos alerta. Así pues, cuando nuestros generales vieron salir del pueblo de Torrijos las líneas de soldados franceses, bien formadas y listas para acometernos, tenían claro en sus mentes que no era el momento de sacrificar este ejército formado a tan alto precio en una estéril resistencia. Ni las posiciones que ocupábamos lo merecían, ni tampoco eran las más adecuadas para resistir el empuje de una fuerza superior como la que se nos venía encima. Y ya hemos demostrado nuestro valor en los días pasados, por lo que no hay miedo a que tachen este movimiento de simple apocamiento.

 

Pero como el movimiento del ejército ha de hacerse de manera concertada, sin prisas y sin desorden, nos correspondió a la división de Vanguardia y a la caballería del Duque de Alburquerque salir en defensa de esta maniobra cubriendo la retaguardia de nuestras tropas.

 

Formamos de la misma manera que el día 22 frente a Talavera: nuestra compañía tenía como misión asegurar una línea sólida en el centro de nuestro despliegue, entre dos compañías más bisoñas. A nuestros flancos formaban las demás fuerzas de nuestra División, en tanto que nuestra caballería se mantenía delante de nosotros, en contacto con los franceses, apoyadas sus fuerzas por una batería a caballo.

 

Como la presión sobre ellos iba en aumento, se retiraron, después de haber frenado el ímpetu del empuje francés. Nos tocaba a nosotros seguir con su tarea. Como ya estábamos prevenidos, nuestras primeras descargas hicieron daño a los gabachos, y vimos cómo se detenían sus fuerzas de vanguardia para replicar a nuestro fuego. En tanto ellos dudaban, nosotros replegamos nuestras posiciones en la misma dirección por la que nuestros compañeros marchaban a Talavera. Avanzaron de nuevo, y por segunda vez les frenamos gracias a las descargas de nuestros mosquetes. Era evidente que de seguir así, los gabachos nunca obtendrían ventaja, y entonces su comandante, el mariscal Victor, del que nunca hemos sospechado que fuera tonto, trató de aprovechar su ventaja en número haciendo salir de Torrijos a su caballería para que se desplegara a izquierda y derecha de nuestra posición. El terreno entre los dos pueblos de Torrijos y Alcabón es completamente llano, como una mesa, sin ninguna eminencia del terreno. Aquí y allá los campos están partidos por cercas de piedra en los que se apoyan altas y espesas masas de espinosas cambroneras. Pero esto no es un obstáculo serio para la caballería, que tiene espacio más que de sobra para desplegarse y avanzar. De haberle salido bien la maniobra, rodeada por ambos flancos y contenidos al frente, nuestra División se hubiera visto muy comprometida.

 

Gracias a Dios nuestro general es uno de los más duchos y avispados de los Reales Exércitos. Apenas se dio cuenta del intento de los franceses, ordenó a la caballería de nuestra división que aliviara la presión que nos hacían. De inmediato los valientes jinetes de los regimientos de Calatrava y dragones de Villaviciosa se desplegaron y embistieron contra los franceses, frenando su avance. No fue para ellos un combate de broma. Tengo entendido que fue baja uno de sus coroneles.

 

Pero su trabajo consiguió el efecto deseado. Momentáneamente detenidos de nuevo los franceses, nuestras fuerzas dejaron atrás el pueblo de Alcabón, marchando hacia Santa Olalla. Ya no tenían ellos la posibilidad de atraparnos.

 

Las órdenes que recibimos apenas formamos líneas a distancia de los franceses fueron de dirigirnos tan rápido como se pudiera hacia Talavera. Como nuestra disposición era buena gracias al descanso y a haber comido algo mejor que en días anteriores, tuvimos el río Alberche a la vista al caer la tarde de ayer. Pensamos que íbamos a cruzarlo de inmediato, pero no fue así. En cualquier caso, nos sentimos enormemente reconfortados cuando vimos aparecer las filas de soldados con casacas rojas, ya cerca de Cazalegas, porque con la unión de los dos ejércitos ya no era tanto de temer una acometida francesa.

 

Acampamos en la orilla izquierda del río Alberche. Allí, en nuestros vivaques, nuestro coronel, don Juan Chacón, nos dio la noticia de que para la batalla inminente (así se expresó) mi compañía vuelve a reunirse con las demás tropas del regimiento. Mañana ya marcharemos con ellos.

 

Esta mañana, apenas ha habido luz para ello, hemos cruzado el río Alberche para ocupar las posiciones que nuestros oficiales dicen que son de batalla. Todos damos por cierto que estamos en vísperas de un gran combate entre el grueso de nuestros dos ejércitos.

 

Nuestra posición se encuentra situada en la izquierda de la línea de nuestro ejército, detrás de un arroyo llamado Portiña. Formamos la segunda línea de nuestro ejército, detrás de otra de nuestras divisiones de infantería. Más a la izquierda de nuestra división no hay ya tropas nuestras sino un reducto fortificado que los ingenieros ingleses han preparado con artillería. Detrás de nosotros está la reserva de nuestro ejército, y a nuestra derecha, hasta las murallas de la villa de Talavera, se escalonan las demás divisiones de nuestro ejército.

 

Todos estamos listos para la batalla. La persecución de los franceses es muy lenta, así que todos damos por cierto que será mañana. Mañana, querida Carmen, estaré muy ocupado para escribirte. Por lo menos no te olvides tú de mí. Tuyo,

 

José

Granadero

1ª compañía del 1er batallón del regimiento de infantería de línea de Voluntarios Leales de Fernando 7º

 

Más tarde, desde el mismo campamento:

 

Todo lo anterior lo he escrito por la mañana, después de instalarnos en nuestros vivaques. Ya es casi de noche, y se oyen disparos por nuestra izquierda. Me dicen que los franceses han cruzado el río Alberche y que se están tiroteando con las patrullas británicas. Mañana, querida Carmen, habrá una gran batalla en este mismo terreno en el que estoy ahora. No temo por mi suerte: soy un soldado y cumpliré con mi deber. Reza por nosotros, y muy especialmente por los que mañana van a caer en el combate.

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