ago 03 2009

Cartas a Carmen (IXª parte): 3 de agosto de 1809

Publicado por a las 11:00 en Cartas a Carmen

Campamento de Talavera de la Reyna, 3 de agosto de 1809

 

Querida Carmen:

 

En mi última carta terminé mi relato con las noticias del combate que tuvimos que librar, inesperadamente, en la noche del día 27. Era mi intención continuar el relato, pero luego caí en la cuenta de que ya te había contado que el día 28 también entramos en combate por lo que no merece la pena repetirme. El recuerdo de aquel combate y de la gloria de la victoria pesa mucho en el recuerdo. Y más ahora en que parece que las cañas se están tornando lanzas. Seguimos acampados en Talavera, descansados aunque no tan bien comidos como nos gustaría. No nos hemos puesto en movimiento hacia delante. Después de varios días de dimes y diretes acerca del porqué, ya lo sabemos: mientras nosotros avanzábamos hacia Madrid los gabachos habían reunido otra mase de maniobra, y estaba cayendo a nuestras espaldas para acometernos entre por la espalda.

 

Las intenciones de nuestros generales eran ordenar el avance el pasado lunes 31, pero ese mismo día temprano llegaron noticias de las partidas a caballo que operan entre Salamanca y las sierras al sur, para decir que la masa francesa estaba en marcha. Al día siguiente supieron que Plasencia había caído, y que la fuerza francesa seguía avanzando hacia el Camino Real. De alcanzarlo no podríamos usar en lo sucesivo esa ruta para nuestro aprovisionamiento. Al menos no sin luchar. No es que haya mucho: escasea todo tipo de alimentos, porque este país no lo tiene, y lo que nos llega desde Trujillo o Plasencia nunca llega a ser suficiente. Ahora ya ni tenemos la tierra de Plasencia para abastecernos.

 

Ayer por la noche marcharon de esta villa los británicos, dejando detrás a los heridos de su ejército que están más graves o imposibilitados de moverse. Nos dijeron nuestros oficiales que a fin de despejar los caminos, ellos enfrentarían a los franceses de Plasencia, con el apoyo de algunas de nuestras tropas. El número de unos y otros es parejo, y viendo a los británicos como pelean, no dudo de que ellos llevan la ventaja.

 

En cuanto a nosotros, seguimos montando guardia frente a los franceses de Victor disimulando la ausencia de nuestros aliados para evitar que esta maniobra se frustre.

 

Más tarde:

 

Así estaban las cosas cuando nuestros oficiales nos han reunido para decirnos que hay peores noticias: los franceses que caen sobre nosotros nos superan en número incluso sin necesidad de juntar sus fuerzas con los del Alberche. No queda sino marchar nosotros también para reforzar a nuestros aliados y enfrentarnos juntos a este nuevo ejército enemigo. Nos dicen también que una vez derrotados y alejados de los caminos principales, retornaremos la ofensiva hacia Madrid.

 

Querida Carmen, no me creo lo que me dicen, porque no me figuro de qué manera podríamos derrotar a un ejército enemigo de forma que no vuelvan nunca ni hayamos de dejar guardia en su dirección por si intentaran acometernos de nuevo. No creo que haya ocasión de regresar a esta villa si marchamos de ella.

 

Tampoco en la villa las cosas han cambiado mucho, salvo a peor. Los hospitales, los cuarteles, los conventos… están llenos de heridos, británicos en su mayoría. Y como incluso eso es poco, y han tenido que alojarlos en casas particulares. Parecería que por cada habitante de Talavera hay un herido de nuestro ejército. Peor aún es que además de padecer de sus heridas padecen igualmente de pocos alimentos. Los habitantes de la misma se dan cuenta de ello incluso con mas claridad que nosotros, y es para ellos una situación de mucha zozobra, porque temen la venganza y la rapiña de los franceses luego de habernos recibido como a libertadores, y también se desesperan por la situación de los muchos heridos que aquí quedan y que en esta coyuntura habrán de guardar durante meses, e incluso habrán de proteger de la violencia francesa.

 

Nos queda un sabor amargo porque después de una victoria tan sufrida como la que hemos logrado es triste marchar hacia atrás, y no hacia a delante. Y es más amargo aún porque pensar que dejamos atrás gente que queda otra vez en manos de la furia del invasor nos entristece a todos. Pese a ello cumpliremos con nuestro deber de soldados, sea donde sea. Porque si no lo hacemos sí que abandonaremos a esta pobre gente a su suerte.

 

No puedo extenderme más, querida Carmen, porque pronto vamos a formar para marchar hacia Oropesa, donde nuestros aliados nos esperan para unir fuerzas y seguir batallando contra nuestros comunes enemigos. Espero poder escribirte desde allí. Tuyo,

 

José

Granadero

1ª compañía del 1er batallón del regimiento de infantería de línea de Voluntarios Leales de Fernando 7º

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