Introducción (I) : el porqué, el qué y el cómo

En los años que llevo estudiando el período de la Guerra de la Independencia, muchas veces ha surgido la duda acerca de las tropas españolas: cómo se uniformaban, armaban, formaban, peleaban y vivían. Buena parte de los datos que he usado en este tiempo en mis artículos y publicaciones no van encaminados a exponer o resolver estas dudas. O de otro modo: he relatado batallas y analizado situaciones, pero nunca, salvo como disgresión o nota al margen, he tenido especial preocupación por hablar de los soldados españoles, los soldados del Rey, que eran los protagonistas. Resulta, sin embargo, que estos detalles se han puesto un tanto de moda en esta época de bicentenarios que vivimos; y posiblemente sigan de moda cuando nuestros bicentenarios comiencen a solaparse con los de las naciones hispanoamericanas... si es que el bolivarianismo intelectual (una de cuyas señas es la impostura de la historia) no lo impide. Entonces uno pasa revista a su biblioteca y se encuentra con algunos trabajos al respecto, de José Mª Bueno (el pionero, aunque no han envejecido bien sus trabajos), de Dionisio A. Cueto... pero echa un vistazo a la red y no ve nada de nada. Nada, repito, porque no hay monografías en la red que permitan a los aficionados tener siquiera unas primeras nociones del aspecto de aquellos soldados, ni tampoco descripciones exhaustivas de uniformes y prendas. Se hace cada día más imprescindible (me llevo diciendo hace años) realizar un trabajo que cubra esta carencia, usando para ello las fuentes bibliográficas disponibles, que alguna hay. Éste es el porqué de este capítulo de mi web.

En este capítulo de mi web voy a intentar la sistematización de los datos que sobre este aspecto tengo a mi disposición a través tanto de fuentes primarias como secundarias. Se trata, por tanto, de un trabajo ambicioso porque abarca mucho; y de trata también de un trabajo personal, porque es fruto de mi tiempo y mi esfuerzo. Creo, sin embargo, que esta recopilación me será de ayuda para mis próximos trabajos, y creo también que aquellos que se sientan atraídos por este trabajo pueden obtener ventaja de él, y ayudarme a pulirlo y a mejorarlo. Razones suficientes para esforzarse en hacer un trabajo digno.

Ignoro a qué ritmo podré ir dando forma a esta parte de mi web. Buena parte de mi tiempo (la mayor y mejor, de hecho) he de dedicarlo a la ingeniería, que no sólo es mi profesión, con todo lo vocacional que eso conlleva, sino que también es lo que me paga las facturas, si sólo he de mirar por el lado práctico. Inicialmente a esto le he dedicado el tiempo libre de mi tiempo libre, y sospecho que así seguirá siendo. Otra cosa no puedo hacer.

Eso sí, a cambio de la lentitud en ir redactando este capítulo, voy a procurar mantenerlo al día y ampliarlo tanto como pueda. Supongo, si he de juzgar por mi experiencia, que no faltarán aportaciones externas que me echen una mano; es más, hay amigos (gracias a todos) que en los últimos meses me han animado a proseguir. Trataré de explicar las cosas tal como yo las entiendo, procurando no caer en tecnicismos (uno de mis defectos a la hora de explicar las cosas) ni tampoco en vulgarizar las descripciones. Espero, insisto, que los lectores me ayudarán a mejorar también este aspecto.

Conforme a los planes que tengo en mente, habrá una sección de uniformidad, otra de equipamiento (ésta posiblemente sea la última en completarse), otra de vexilología, y una cuarta de formaciones tácticas. A su vez cada una de estas secciones estará dividida en capítulos. Prácticamente en todos estos capítulos habrá información gráfica suficiente como para entender el contenido del mismo, y también como apoyo de las explicaciones del texto. Intentaré que además de tener un número suficiente de imágenes estos capítulos no sean demasiado largos, para no asustar presentando bloques de texto grandes. Tengo material de sobra para darle contenido a todos estos apartados; la cuestión es que este material irá saliendo poco a poco. Una buena cantidad de mis propios dibujos está incluida entre este material. Las críticas en cuanto a la calidad de mi arte no me preocupan: me preocupa mucho más la calidad histórica de mis dibujos.

Ofrezco (gratis) lo que tengo, y ojalá tuviera más (y mejor) que ofrecer; de momento, esto es lo que puedo, y espero que sea del agrado del lector.

Introducción (II) : terminología

Es preciso establecer una serie de convenciones antes de seguir adelante. La primera hace referencia a los nombres de las prendas de uniformidad y a las partes que constituyen estas prendas. Para mayor sencillez, y para evitarme definiciones farragosas, he credo los dos dibujos que siguen, en los cuales he marcado los nombres correspondientes.


La primera imagen corresponde a dos oficiales, uno de la caballería de línea (izquierda) y otro de los cazadores a caballo (derecha). La segunda imagen corresponde a un grupo de soldados de infantería de línea. Pese a ser de cuerpos diferentes, puede verse que en elíneas generales visten de manera similar, y por eso estas dos imágenes son suficientes, creo yo, para hacerse una idea de la uniformidad española de la época.

Llegados a este punto es preciso hacer una advertencia importante. Los uniformes estudiados en los capítulos que siguen son los reglamentados para las tropas regulares de los Reales Exércitos. No incluyo, por tanto y por ahora, a los regimientos levantados tras el estallido de la guerra. La razón fundamental para ello es que la documentación existente es poca, dispersa, y contradictoria para la mayor parte de los regimientos. No voy a embarcarme en una revisión de estas uniformidades, al menos por el momento.

Introducción (III) : los colores

Este apartado me ha supuesto muchos ratos de discusión. Los colores de los uniformes suponen un problema en tanto no haya restos auténticos de los uniformes de la época. Incluso algunos ya me han dicho que dudarían de restos así sin antes haber analizado sus fibras, puesto que la sudoración y los rayos ultravioleta pueden degradar el teñido de los tejidos. Si este asunto es complicado de por sí, prefiero no hablar de la complicación de añadir tonos, como el "azul celeste" frente al simple "azul", o el "anteado" frente al "pajizo".

Por todo ello, y a riesgo de inexactitud, pero para beneficio de la inteligibilidad de esta web, he tenido que establecer un criterio de colores para los esquemas de uniformidad. Este criterio es el que se indica a continuación.

Blanco
Negro
Verde
Azul turquí
Azul celeste
Amarillo
Pajizo
Anteado
Morado
Rojo encarnado
Rojo carmesí
Pardo

En la definición de este criterio de colores he usado la información contenida en las imágenes que he manejado para este capítulo (y cuya relación está en la Bibliografía de estas parte), y asimismo la definición de colores que se usa modernamente para la impresión y edición.

Queda señalar por último la diferencia entre el color blanco y el color crudo de la lana natural. La mayor parte de los uniformes de la época estaban hechos de lana, aunque la finura y la calidad de la lana, así como de su tejido, podía variar de un tipo de paño a otro. El color de la lana no es blanco. Para conseguir que un tejido de lana sea blanco, con el tono que se indica arriba, es preciso teñirlo. El proceso de teñido le da a la prenda un tono distintivo que se aleja del color original de la lana. En todos los casos en que las Reales Órdenes, reglamentos u ordenanzas hablan de color blanco, he supuesto que se refieren a un color distinto al de la lana, y por tanto estamos hablando de prendas teñidas.

Blanco Lana

En algunos de los esquemas de uniformidad de mi propia cosecha estoy jugando con los dos tonos para ver la diferencia entre uno y otro. No obstante, me pareció conveniente incluir (arriba) la comparación entre ambos colores.

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